Un petrolero llama la atención hacia un puesto de espionaje del Kremlin en Cuba

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Moscú podría estar desafiando los esfuerzos del presidente Trump por asfixiar la economía de Cuba. China también tendría puestos de escucha en la isla.

Un buque petrolero ruso que posiblemente va hacia Cuba está poniendo de relieve una preocupación clave para la seguridad estadounidense: los vínculos de la isla comunista con adversarios extranjeros que utilizan Cuba para espiar a Estados Unidos.

En una orden ejecutiva de enero, el presidente Donald Trump declaró una emergencia nacional en la que enumeraba varias razones por las que estaba tomando medidas para cortar las importaciones de petróleo de Cuba. En primer lugar, se quejaba de que el país permite "descaradamente" que Rusia y China "establezcan allí sofisticadas capacidades militares y de inteligencia" que amenazan la seguridad nacional estadounidense.

Concretamente, la orden señalaba, Cuba "alberga la mayor instalación rusa de inteligencia de señales en el extranjero, que intenta robar información sensible de seguridad nacional de Estados Unidos".

Se trata de una referencia a una instalación rusa cercana a La Habana, establecida durante la Guerra Fría, que vigiló a Estados Unidos durante décadas hasta que cerró hace casi 25 años, en un momento relativamente cálido de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia. Pero cuando las tensiones entre Washington y Moscú volvieron a agravarse, en 2014 Rusia reabrió el lugar, conocido como Lourdes.

Antiguos funcionarios estadounidenses y expertos dicen que la base, repleta de antenas y otros equipos de escucha, es menos sofisticada que las instalaciones de China en Cuba. Pero igual ubica oídos rusos a unos 320 kilómetros de la costa de Florida, que alberga varias instalaciones militares estadounidenses clave, como el Comando Central, que supervisa Medio Oriente; las plataformas de lanzamiento de satélites de Cabo Cañaveral; y el club Mar-a-Lago y la residencia de Trump en Palm Beach.

"Qué lugar tan increíblemente rico", dijo Glenn Gerstell, ex asesor jurídico general de la Agencia de Seguridad Nacional de EE. UU. "¿Quién pensaría que sentado en Cuba podrías enterarte de lo que estamos haciendo en Medio Oriente?".

Rusia, China y Cuba han negado la presencia de bases de espionaje extranjeras en la isla.

Preservar Lourdes puede ser una de las razones por las que el presidente Vladimir Putin de Rusia podría arriesgarse a enfadar a Trump enviando petróleo a Cuba, cuyo gobierno comunista lucha por sostener la frágil economía de la isla después de que Trump obligó a sus dos principales proveedores de petróleo, Venezuela y México, a interrumpir sus envíos a principios de este año.

El Kremlin se ha mostrado evasivo al responder a las preguntas sobre si un petrolero ruso que transporta 730.000 barriles de crudo a través del Atlántico Norte se dirige a Cuba. Los analistas afirman que el cargamento del barco, cuya llegada está prevista para finales de mes, podría suministrar energía a la isla durante semanas.

Trump ha hablado de utilizar su influencia económica para organizar una "toma amistosa" de Cuba y está presionando para la destitución de su presidente, Miguel Díaz-Canel. Aunque los funcionarios de Trump no han dicho si están exigiendo que el gobierno cubano expulse a los agentes rusos y chinos, la orden ejecutiva de Trump indica que las bases extranjeras son una gran prioridad.

Y el secretario de Estado, Marco Rubio, quien encabeza la política de Trump hacia Cuba, lleva tiempo calificando las bases de inaceptables. Cuando se le pidió en un debate de las primarias presidenciales republicanas de 2016 que describiera un "buen" acuerdo de Estados Unidos con Cuba, Rubio dijo que este implicaría en parte que La Habana "eche a los rusos de Lourdes y eche a la estación de escucha china de Bejucal".

Bejucal es una localidad situada en la ladera de una colina, a unos 32 kilómetros al sur de La Habana, desde la que se pueden ver antenas parabólicas que sobresalen de la selva tropical. Las fotografías aéreas publicadas y analizadas por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington muestran un complejo en expansión que presenta grandes claros salpicados de antenas como velas en una torta de cumpleaños, varias entradas a instalaciones subterráneas y un radomo, una cubierta impermeable que protege los equipos sensibles.

La base de Bejucal, uno de los cuatro presuntos puestos de escucha chinos en Cuba, se construyó hace más de una década, pero ha sido objeto de mejoras recientes. Tras las revelaciones de The Wall Street Journal en 2023, el entonces secretario de Estado, Antony Blinken, confirmó que Pekín había mejorado el lugar en 2019, y añadió que, en respuesta, el gobierno de Joe Biden había adoptado un enfoque diplomático "más directo" sobre el asunto.

Sin embargo, hay pocos indicios de que China haya dado marcha atrás. En una audiencia del subcomité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes celebrada el año pasado, el presidente, el congresista republicano Carlos Giménez, de Florida, calificó los emplazamientos chinos de "una de las operaciones de inteligencia más descaradas jamás intentadas cerca del territorio continental estadounidense".

Giménez añadió que un campo de entrenamiento militar estadounidense en Florida, que no nombró, era "el único campo de entrenamiento que realmente puede simular una batalla en el estrecho de Taiwán" y, por tanto, un objetivo primordial del interés chino.

Ryan Berg, coautor del informe del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, señaló en la audiencia que China --que intenta ponerse al nivel de la ventaja estadounidense en tecnología de cohetes espaciales-- también tendría un gran interés en dar seguimiento a los lanzamientos de satélites desde Cabo Cañaveral.

Otros sitios estadounidenses que probablemente sean objetivo de los chinos desde Cuba, según las conversaciones de la audiencia, incluyen la sede del Comando Sur de EE. UU., que está cerca de Miami y supervisa las operaciones militares en Sudamérica.

No es la primera vez que Bejucal ha sido una fijación para los funcionarios de seguridad estadounidenses. En octubre de 1962, aviones espía estadounidenses sobrevolaron la zona tras identificar sus búnkeres subterráneos de hormigón como un posible lugar de almacenamiento de cabezas nucleares soviéticas, lo que desencadenó la crisis de los misiles de Cuba.

Pero algunos analistas restaron importancia a la amenaza de las bases extranjeras en Cuba, especialmente la de Lourdes. Un ex funcionario de carrera de los servicios de inteligencia estadounidenses dijo que no fueron una prioridad máxima durante su mandato. También señaló que, aunque Trump consiguiera obligar el cierre de las bases rusas y chinas, esos países seguirían gestionando instalaciones diplomáticas en la isla, que muy probablemente estarían repletas de equipos de escucha encubiertos.

William LeoGrande, especialista en América Latina de la American University, quien se ha mostrado crítico con el enfoque de confrontación de Trump hacia Cuba, expresó escepticismo sobre la amenaza de los servicios de inteligencia extranjeros con base en la isla. LeoGrande dijo que le han dicho que la base rusa de Lourdes está "obsoleta", y puso en duda que los puestos avanzados de China sean tan amenazadores como se anuncia. "Es un pretexto para decir que Cuba es una amenaza", dijo. "Es una excusa perfecta".

Gerstell señaló que los equipos de espionaje no necesitan ser de última generación para ser eficaces. Incluso en la era de la fibra óptica y los satélites ultrapotentes, "las antenas locales siguen siendo sorprendentemente relevantes", dijo, y añadió que a menudo pueden captar señales como las de los walkie-talkie y otras charlas por radio con mayor claridad que otros métodos más avanzados pero más distantes.

A lo largo de los años, Cuba se ha beneficiado económicamente de acoger a China y Rusia, que a cambio han pagado a La Habana o condonado sus deudas por valor de decenas de miles de millones de dólares.

Los tres países están unidos por su historia de comunismo --aunque Rusia haya abandonado ese modelo político de la era soviética--, y por una rivalidad común con Estados Unidos. Después de que Fidel Castro derrocó la dictadura cubana en 1959, Moscú se convirtió en el principal mecenas de la isla.

La base de Lourdes se convertiría en un gran irritante para los funcionarios estadounidenses. Durante un discurso pronunciado en el Despacho Oval en 1983 sobre la amenaza soviética, el presidente Ronald Reagan señaló la base, mostrando fotos aéreas desclasificadas de la instalación y calificándola de "la mayor de su clase en el mundo", con un contingente de 1500 técnicos soviéticos.

Tras el final de la Guerra Fría, las relaciones entre Washington y Moscú mejoraron, y el Kremlin, con problemas de liquidez, redujo su alcance global. En octubre de 2001, Putin anunció que Rusia cerraría la base de Lourdes.

"Esta decisión es otro indicio de que la Guerra Fría ha terminado", dijo entonces el presidente George W. Bush en un comunicado. "El presidente Putin comprende que Rusia y Estados Unidos ya no son adversarios".

Michael Crowley cubre el Departamento de Estado de EE. UU. y política exterior para el Times. Ha reportado desde una treintena de países y con frecuencia viaja con el secretario de Estado.