
En los casi dos días transcurridos desde la colisión de dos trenes de alta velocidad en el sur de España, los investigadores se han concentrado en determinar si un fallo en la vía podría haber sido el culpable del descarrilamiento de un ferrocarril en dirección norte que se desvió para invadir el camino de un tren que iba rumbo al sur, causando un choque devastador en el que han muerto al menos 42 personas.
Sin embargo, el martes, la aparición de un bogie, una parte del chasis inferior de un tren, del que no se había informado antes --sumergido parcialmente en un arroyo que fluye por una zanja empinada a unos 270 metros de la vía-- ha dado una posible nueva pista a los expertos sobre la causa de la tragedia.
La gruesa estructura, que un fotógrafo de The New York Times captó el martes por la tarde, no había sido marcada ni acordonada por los investigadores del gobierno y tampoco había sido dada a conocer anteriormente por las autoridades. Cuando el martes se les mostraron imágenes y mapas en los que se localizaba dicho bogie, agentes de la Guardia Civil que colaboraban en la investigación en Adamuz, localidad del sur de España cercana a Córdoba, dijeron primero que lo habían estado buscando, y más tarde que sabían de su existencia, pero que no podían hacer comentarios sobre una investigación en curso.
ADIF, la autoridad estatal que gestiona gran parte de la infraestructura ferroviaria española, anunció el martes por la noche que el bogie había sido localizado por los investigadores, pero no respondió a una pregunta sobre cuándo se había hallado. El Times no pudo confirmar de qué tren procedía, si había aterrizado allí el domingo o cómo había llegado hasta ahí.
El martes, los expertos dijeron que el hallazgo del bogie, también conocido como carrillón --si efectivamente pertenecía a uno de los dos trenes implicados en el siniestro-- podría ofrecer una pista decisiva sobre lo que falló, y sobre si piezas del propio tren contribuyeron al desastre.
"Esto va a ser muy importante si resulta ser la causa principal del accidente", dijo David B. Clarke, profesor asociado y experto en vías férreas del Centro de Investigación del Transporte en Knoxville, Tennessee.
Una persona informada sobre la investigación oficial en curso, que habló bajo condición de anonimato porque no estaba autorizada a hablar públicamente sobre el caso, dijo que la fotografía del bogie parecía mostrar unas ruedas que podrían arrojar luz sobre la causa de la colisión.
La distancia que parece haber recorrido el bogie desde las vías también podría ser un dato importante, según Andrew Maloney, abogado especializado en demandas civiles relacionadas con accidentes de transporte en Nueva York.
"La ubicación donde se encuentran piezas puede ser de vital importancia para reconstruir la secuencia del desastre", dijo Maloney.
Si una pieza se encuentra lejos del lugar del siniestro, "podría significar que fue la causa del descarrilamiento", dijo Maloney. "Si se encuentra junto con los otros restos o cerca, puede significar que se desprendió tras el descarrilamiento y la colisión".
El grupo ferroviario italiano Ferrovie dello Stato, controlado por el Estado y propietario mayoritario de Iryo, que operaba el tren que se descarriló, declinó a comentar si el bogie pertenecía a su tren. Iryo no respondió a una solicitud de comentarios. Renfe, la empresa estatal que operaba el segundo tren, dijo que las preguntas sobre el bogie debían dirigirse a los investigadores.
El nuevo hallazgo se produjo en un momento en el que las autoridades españolas se esforzaban por identificar a las personas fallecidas y se valían de maquinaria pesada para buscar más cuerpos. El martes por la noche, los datos facilitados por el Ministerio del Interior de España indicaban que aún no se habían identificado 25 cuerpos. La policía española dijo que había recibido informes de desaparición correspondientes a 40 personas.
La tragedia, la peor catástrofe ferroviaria de España desde 2013, ha conmocionado profundamente a un país que confía y se precia de su sistema ferroviario de alta velocidad, el mayor de Europa y el segundo del mundo, detrás del de China. El martes por la noche, un tren regional se descarriló en Gelida, en Barcelona, en un accidente en el que unas 15 personas resultaron heridas, según funcionarios regionales.
El martes, más temprano, muchos informativos españoles se centraron en otra fotografía, difundida por la policía española, de investigadores examinando un tramo específico de la vía cerca del lugar de la catástrofe. La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios había dicho que estaba examinando el estado general de la vía como posible causa del accidente.
Óscar Puente, ministro de Transportes y Movilidad Sostenible de España, dijo el martes en una entrevista radiofónica que se había producido "una rotura inicial" en la vía, pero añadió que "ningún técnico es capaz de asegurarlo ni de afirmarlo siquiera. Hay que asegurar que esa rotura es causa o es consecuencia" del descarrilamiento. "Si fuera primero la rotura de carril, también habría que averiguar por qué, por qué rompe un carril de acero macizo", dijo.
Las autoridades dijeron que el siniestro interrumpiría el servicio de la línea entre Madrid y la ciudad de Córdoba durante semanas, causando preocupación por la economía de una zona clave del sur de España.
"Es una línea que conecta y hace que tengamos entrada de mucho flujo económico y turístico. En primer lugar, va a ser un plazo largo hasta que se pueda reparar la vía. En segundo lugar, hay una sensación de inseguridad que se puede trasladar", dijo José María Bellido, alcalde de Córdoba.
A lo largo del día fueron apareciendo nuevos y sobrecogedores detalles de los supervivientes del choque.
Los pasajeros del tren en dirección norte relataron que, durante el descarrilamiento inicial, los vagones vibraban de forma extraña: los vagones se tambaleaban, las maletas caían y los vasos se deslizaban de las mesas en el descarrilamiento inicial. Unos 20 segundos después, hacia las 7:45 p. m., el tren en dirección sur, operado por Renfe, la compañía nacional de transporte ferroviario, se estrelló contra los vagones descarrilados. Sus dos primeros vagones cayeron por un terraplén de 3,6 metros, según un informe preliminar.
El tren en dirección norte, en el que viajaban unas 300 personas, siguió avanzando cientos de metros antes de detenerse. Los pasajeros que sobrevivieron han descrito cómo deambularon entre la oscuridad y el frío en un escenario repleto de cuerpos, mientras los vecinos de la localidad se apresuraban a ayudarles.
Jason Horowitz es el jefe de la oficina del Times en Madrid, que cubre España, Portugal y la forma de vida de la gente en toda Europa.
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