
El sacrificio de la princesa Margaret, al renunciar al amor de su vida por las exigencias de la monarquía británica, representó uno de los episodios más conmovedores y polémicos de la historia reciente de la realeza.
La relación entre Margaret y Peter Townsend, un oficial distinguido y cercano a la familia real, se transformó en el centro de un escándalo que sacudió a la sociedad británica y puso en evidencia el peso de las normas institucionales sobre la felicidad personal.
Según relató Paris Match, la princesa enfrentó una decisión entre su deber y sus sentimientos, una encrucijada que aún es símbolo del sacrificio real.
El vínculo entre ellos surgió a partir de su primer encuentro en febrero de 1944, cuando él fue presentado como el nuevo ayuda de campo del rey George VI. Townsend, héroe de la Royal Air Force con un historial de 11 aviones enemigos derribados, acompañó a la familia real en numerosas ocasiones.
En 1947, durante el primer viaje oficial de Margaret a África del Sur, la complicidad entre ambos creció con largas cabalgatas por la sabana.
Margaret tenía apenas 17 años cuando conoció a Peter Townsend, de 32. Lo que empezó como una amistad se transformó en romance tras el divorcio de él en 1951. Un año después, con la muerte del rey Jorge VI, la princesa quedó devastada, y fue entonces cuando Townsend pasó de ser un confidente cercano a convertirse en su mayor sostén emocional.

Escándalo en la corte: normas, leyes y presión pública
El amor entre la princesa y el oficial, conocido en los círculos del palacio, permaneció oculto al público hasta el 2 de junio de 1953. Durante la coronación de Elizabeth II en la Abadía de Westminster, Margaret realizó un gesto de ternura hacia Townsend que la prensa captó. El hecho de que la joven princesa se relacionara con un hombre divorciado, 14 años mayor, provocó un escándalo mediático.
La Iglesia anglicana, de la que la familia real es cabeza, prohibía el matrimonio de divorciados y la ley de matrimonios reales de 1772 exigía la aprobación de la reina para cualquier unión de miembros menores de 25 años.
La situación escaló hasta una crisis constitucional, con la participación de ministros y parlamentarios del Reino Unido y del Commonwealth en el debate.
Para evitar el conflicto, se sugirió que Margaret esperara hasta cumplir 25 años en 1955, momento en que podría casarse sin el consentimiento real si renunciaba a sus títulos y derechos sucesorios. Mientras tanto, para calmar a la opinión pública, Townsend fue enviado a Bruselas durante dos años. Su regreso al Reino Unido en octubre de 1955 devolvió la esperanza de un desenlace feliz.
La prensa consideró el cumpleaños de Margaret como el inicio de su “libertad del corazón” y la opinión pública, conmovida por su sufrimiento, mostró mayor comprensión. Paris Match obtuvo la única fotografía de ambos juntos tras el reencuentro, lo que alimentó las expectativas de compromiso.

La renuncia, la leyenda y el mito del sacrificio real
El 31 de octubre de 1955, Margaret sorprendió con un comunicado: “He decidido no casarme con Peter Townsend”, anunció, aludiendo a sus deberes con la Iglesia y el reino, según recogió Paris Match. La noticia desilusionó a quienes veían en la princesa una figura trágica, forzada a sacrificar su felicidad por la razón de Estado.
Durante años, se especuló que Elizabeth II había prohibido el matrimonio. La apertura de archivos gubernamentales en 2004 desmintió esa versión. El primer ministro Anthony Eden, él mismo divorciado, escribió a sus colegas del Commonwealth: “Su Majestad no desearía en ningún caso obstaculizar la felicidad de su hermana”, según documentos citados por Paris Match.

Eden y la reina buscaron una solución, e incluso Elizabeth II consideró modificar la ley de 1772 para que Margaret pudiera conservar sus títulos y derechos.
A pesar de estos esfuerzos, la decisión final fue de la princesa, quien solicitó pasar unos días con Townsend antes de pronunciarse. Las razones de su renuncia —el tiempo de separación, el temor a perder su posición o la presión social— nunca fueron aclaradas por Margaret.
El desenlace consolidó el mito del amor imposible entre una princesa y un oficial, una historia que Margaret nunca desmintió ni aclaró, lo que permitió que la leyenda persistiera en la memoria colectiva y en la cultura popular, como muestra la serie The Crown.
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