
El 12 de octubre, el Gobierno de la República Popular China anunció sanciones en mi contra: no puedo ingresar a China, Hong Kong ni Macao, cualquier bien que tenga allí queda congelado y ninguna organización o persona en China puede hacer transacciones ni cooperar conmigo. Su vocera fue franca sobre el propósito. Dijo que son “medidas de advertencia y disuasión”.
No tengo bienes en China, así que el efecto práctico es limitado, y no lo tomo de forma personal. Pero el mensaje merece una lectura atenta, porque habla más de las decisiones que tomó mi país que de mí. Bajo la Ley contra Sanciones Extranjeras de China, a un funcionario de otro país se le pueden congelar o incautar bienes por las opiniones que sostiene en su propio país, mediante una decisión que la misma ley declara definitiva, sin tribunal y sin defensa. En una democracia, la propiedad privada y la libertad de opinión están protegidas justamente frente a ese tipo de poder. Esa es la diferencia de fondo entre nuestros sistemas de gobierno.
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Beijing me acusa de difundir “desinformación” sobre ciberataques. Lo que hizo el Mitic (Ministerio de Tecnologías de la Información y la Comunicación) fue publicar, junto con el Gobierno de los Estados Unidos, una declaración conjunta sobre operaciones cibernéticas maliciosas vinculadas a la República Popular China y dirigidas contra instituciones del Estado paraguayo. Beijing también me acusa de haber visitado Taiwán y de recibir a sus autoridades. El Paraguay tiene relaciones diplomáticas ininterrumpidas con Taiwán hace 69 años, y cooperar con un país amigo no es una provocación, es política exterior soberana. Llamar “peones” a los ministros de dos naciones democráticas dice más de quien sanciona que de quienes son sancionados.
Detrás de esta presión hay decisiones técnicas, no políticas, que cualquier otro país consideraría parte de sus derechos soberanos. En la licitación 5G del Paraguay pedimos garantías de que ningún gobierno extranjero tuviera una influencia indebida sobre las empresas que construyen nuestras redes. Aplicamos el mismo criterio al data center nacional que financia el Banco Interamericano de Desarrollo, porque la seguridad de la cadena de suministro es seguridad nacional. Y ahora aplicamos ese enfoque al software, en especial a la inteligencia artificial. La IA es como un niño: aprende lo que uno le muestra, y un modelo entrenado bajo un sistema autoritario carga con esos sesgos.
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Después vino Yguazú Digital, una iniciativa binacional de cómputo soberano de IA con Taiwán, anunciada con un acuerdo que firmaron en Taipéi, en mayo, ambos cancilleres, con los dos presidentes como testigos. En mi opinión, puede llegar a ser más grande de lo que fue Itaipú en su momento.
Elegimos trabajar con empresas con sede en países donde el poder del Estado y el gobierno corporativo son cosas distintas, y donde la ley obliga a los dos. Y queda una pregunta: si los proveedores que quedaron fuera por nuestros estándares técnicos, transparentes e imparciales, fueran de verdad actores privados independientes, ¿por qué un gobierno extranjero respondería sancionando a un funcionario paraguayo?
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No estamos solos. Taiwán y Belice, cuyo canciller también fue sancionado, rechazaron la medida, y el Departamento de Estado de los Estados Unidos advirtió que se opone a la coerción de China contra los países de nuestro hemisferio por ejercer sus derechos soberanos.
En estos tres años aprendí que el servicio público exige decisiones cuyo impacto se mide en décadas. Esta sanción es, en el fondo, una certificación de que lo que venimos haciendo desde 2023 es el camino correcto. Por eso mi respuesta es seguir trabajando, y con más fuerza. Vamos a acelerar cada proyecto con Taiwán: Yguazú Digital, el Parque Tecnológico, la Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay y el sistema nacional de información en salud, que ya funciona en 1.000 establecimientos públicos.
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Las naciones soberanas no necesitan coincidir en todo para tener relaciones constructivas, pero la reciprocidad y el respeto a la independencia no se negocian. O se respeta nuestro derecho a definir nuestra política exterior, o no se respeta. El año próximo, Paraguay y Taiwán cumplirán 70 años de relaciones ininterrumpidas, y esa relación nunca va a estar sobre la mesa de negociación.
La libertad no se negocia, ni se congela, ni se sanciona. El Paraguay es una democracia que decide por sí misma, y vamos a seguir construyendo nuestro futuro junto a quienes comparten esos valores.
* Ministro de de Tecnologías de la Información y la Comunicación del Paraguay.
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