
Cada año, en Yom HaShoah, el Estado de Israel se paraliza por completo. Durante dos minutos, suenan las sirenas y toda una nación se congela —en las carreteras, en las oficinas, en los hogares— para recordar a los seis millones de judíos asesinados en el Holocausto. Es un momento de silencio que carga con el peso de la historia.
Pero hoy, ese silencio resuena de otra manera. Para los israelíes, su mundo cambió para siempre no solo porque el 7 de octubre de 2023 marcó el mayor número de judíos asesinados en un solo día desde el fin del Holocausto, sino porque a partir del 8 de octubre gran parte de Europa volvería a abandonar a los judíos.
El 7 de octubre fue el día de la masacre. El 8 de octubre fue el día del juicio final: el momento en que Europa, 80 años después del Holocausto, se puso a prueba para ver si realmente había aprendido algo de la demonización y el abandono de sus judíos en el pasado, no solo de la Shoá, sino de siglos de expulsiones, pogromos, guetos y libelos de sangre.
Incluso antes del 7 de octubre, Europa ya experimentaba un aumento del antisemitismo: desde la extrema derecha, desde sectores radicalizados de la extrema izquierda y desde redes islamistas que demonizaban abiertamente al Estado judío. Con demasiada frecuencia, la respuesta fue, en el mejor de los casos, retórica: palabras vacías, declaraciones sin consecuencias. O, en el caso de Inglaterra, indiferencia y apatía.
Tras los atentados del 7 de octubre, muchos líderes europeos dijeron lo correcto. Viajaron al Estado judío y vieron las secuelas de los asesinatos en masa, las violaciones y los secuestros de israelíes. Los israelíes traumatizados tomaron nota y se sintieron reconfortados por las muestras de solidaridad.
Pero lo que siguió no fue claridad moral, sino retroceso. No fue solidaridad, sino ambigüedad.

En lugar de abrir un nuevo capítulo de entendimiento entre Europa y el pueblo judío, hemos sido testigos de un fracaso moral sistémico en gran parte del continente. En algunos países, como los Países Bajos, Francia y España, el lenguaje utilizado sobre Israel ha reflejado cada vez más narrativas que distorsionan la realidad y normalizan la hostilidad hacia el Estado judío. Vimos cómo se presentaba a Ana Frank con kufiyas y cómo los campos de concentración nazis se convertían en escenarios para denunciar a los israelíes como genocidas. Observamos cómo la policía y los jueces británicos se negaban a brindar protección a los ciudadanos judíos. ¿Y los medios de comunicación?. Salvo contadas excepciones, los medios, liderados por Al Jazeera, la BBC y las redes sociales, condenaron una y otra vez a Israel, a los judíos y a los sionistas.
Hubo tiroteos contra escuelas judías en Canadá y Estados Unidos, y una masacre de judíos en Australia. La campaña global de incitación tanto en línea como en los campus de las universidades de élite se llevó a cabo al unísono, con un ritmo casi nazi de odio antisemita y teorías conspirativas que habrían hecho llorar de alegría al mismísimo Josef Goebbels. En este Yom HaShoah, la demonización de Israel se ha vuelto aceptable, incluso se ha puesto de moda, en la cultura, la política y en los engañosos círculos de la diplomacia de la ONU.
Pero si poco ha cambiado en Europa, algo fundamental sí ha cambiado: mientras Europa aún se adapta a una realidad que no ha asimilado por completo, el pueblo judío ya no está indefenso ni es sumiso. Los judíos ya no buscarán ni aceptarán las pocas migajas verbales que las autoridades nos ofrecen como respuesta legítima al cáncer del antisemitismo que se extiende por todo el continente.
El Estado de Israel existe precisamente porque la historia nos ha enseñado una lección brutal una y otra vez. Nuestro destino jamás podrá volver a confiarse a otros.
Los horrores inimaginables que se recuerdan cada Yom HaShoah han grabado a fuego esa lección en el alma colectiva de nuestro pueblo. Hace ochenta años, las almas de seis millones de judíos acusaron en silencio la indiferencia del mundo ante Auschwitz, Majdanek, Bergen-Belsen, Mauthausen y Dachau. Hoy, Israel garantiza que el pueblo judío no quedará a merced de la historia.
Israel, como todos los Estados, no es inmune a las críticas. Ninguna democracia lo es. Pero la crítica que hace la vista gorda ante el asesinato en masa de judíos, que guarda silencio cuando los misiles iraníes de racimo caen sobre ciudades israelíes y grupos terroristas lanzan cohetes contra Haifa, Tel Aviv y Jerusalén, se transforma en una distorsión deliberada. Y cuando los ataques contra judíos en Israel y en la diáspora se presentan como actos de justicia, la distorsión se convierte en negación.

Los europeos que desde el 8 de octubre lanzan acusaciones de “genocidio” contra Israel han invertido deliberadamente la realidad. Las acciones militares de Israel, por trágicas que sean las consecuencias de la guerra, buscan garantizar que el 7 de octubre jamás vuelva a repetirse. Calificar de “genocidio” las guerras libradas contra Hamas y Hezbollah y, junto con Estados Unidos contra los ayatolás iraníes responsables de asesinatos en masa, vacía el término de significado y, al hacerlo, traiciona la memoria histórica que Europa dice defender.
En este Yom Hashoah recordaremos la falta de indignación y la negativa de algunas de esas democracias a ayudar, o incluso a permitir sobrevuelos estadounidenses sobre su espacio aéreo con municiones desesperadamente necesarias, obligando a familias israelíes a celebrar el Seder de Pésaj en refugios antibombas.
En este Yom Hashoah, los judíos recordaremos también a las élites culturales que utilizan su talento creativo para defender y celebrar a los asesinos de judíos.
En este Yom Hashoah, invitaremos únicamente a:
- - Quienes trabajan para detener la normalización del antisemitismo;
- - Quienes dejan de justificar la incitación al mismo;
- - Quienes se niegan a acusar al pueblo judío por defenderse; y a
- - Quienes comprenden que no existe la neutralidad frente al mal.
Para quienes en Europa apoyan al pueblo judío y a Israel: vuestra solidaridad importa. Es bienvenida. Para quienes solo ofrecen palabras vacías mientras permiten el odio hacia los judíos: ahórrennos las lágrimas de cocodrilo y quédense en sus casas este Yom Hashoah.
El pueblo judío seguirá interactuando con el mundo, buscando amigos y forjando alianzas para asegurar que Nunca más, se convierta en Nunca más.
En este Yom Hashoah, imploramos a los europeos a internalizar las advertencias de Winston Churchill: que el apaciguamiento del mal conduce inevitablemente a la destrucción. La última vez que Europa despertó, ya era demasiado tarde.
En este Yom Hashoah, Europa debería recordar que, demasiadas veces, todo comenzó con los judíos… pero nunca terminó con ellos.
El rabino Abraham Cooper es Decano Asociado y Director de Acción Social Global del Centro Simon Wiesenthal (CSW).
Daniel Schuster es Representante Senior del CSW en Europa.
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