China es el principal beneficiario estratégico de la guerra de Irán

El conflicto facilita el argumento de Beijing de que Estados Unidos se ha mostrado peligroso e impredecible, lo que obliga a otros países a fortalecer sus vínculos con Xi Jinping como contrapeso, y a acercarse a sus conceptos de un nuevo orden institucional global

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Xi Jinping recibió en Beijing al presidente iraní, Masoud Pezeshkian, en una reunión centrada en cooperación política, comercio y estabilidad regional (REUTERS/Archivo)
Xi Jinping recibió en Beijing al presidente iraní, Masoud Pezeshkian, en una reunión centrada en cooperación política, comercio y estabilidad regional (REUTERS/Archivo)

Aunque el inicio de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán respondió a amenazas estratégicas reales, y aunque ambos países han demostrado una significativa destreza militar en sus logros, dos realidades preocupantes son cada vez más evidentes:

Primero, Estados Unidos está atascado. Su impresionante capacidad demostrada para destruir infraestructuras militares iraníes y objetivos de liderazgo no ha sido suficiente para impedir que un número limitado de drones, misiles y otros activos iraníes sobrevivientes, deliberadamente dispersados en previsión del conflicto, cause estragos en objetivos estratégicos de la región, incluido el cierre efectivo del estrecho de Ormuz al tránsito no solo de petróleo, sino también de fertilizantes y otros materiales estratégicos.

La mera capacidad de Irán para persistir, pese al castigo estadounidense, es clave en la estrategia del régimen de extorsionar al mundo para obligar a Washington a cesar en sus ataques, en los términos de Teherán. De hecho, esa “persistencia estratégica” otorga a Irán una ventaja considerable a la hora de decidir “cuándo” detenerse. Incluso si Estados Unidos desea declarar la “victoria” y retirarse, sería peligroso dejar a Irán con el control del estrecho de Ormuz y con la influencia sobre sus vecinos y sobre la economía petrolera internacional que eso implica.

Tampoco puede Estados Unidos arriesgar la continuidad en el poder del régimen dominado por el radical Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), aún más motivado a utilizar su uranio enriquecido y su conocimiento técnico para lanzarse hacia la obtención de un arma nuclear, como su herramienta definitiva tanto de venganza como de disuasión frente a futuros ataques estadounidenses.

Irán y Omán comienzan conversaciones preliminares para regular la navegación por el estrecho de Ormuz (Europa Press/Archivo)
Irán y Omán comienzan conversaciones preliminares para regular la navegación por el estrecho de Ormuz (Europa Press/Archivo)

No solo Estados Unidos está “atascado”, sino que el mayor beneficiario estratégico de la continuidad del conflicto es, posiblemente, la República Popular China.

En términos de narrativa y maniobras por la posición global, el conflicto facilita el argumento de China de que Estados Unidos se ha mostrado peligroso e impredecible, lo que obliga a otros países a fortalecer sus vínculos con la República Popular China como contrapeso, y a acercarse a sus conceptos de un nuevo orden institucional global, expresados en su Iniciativa de Gobernanza Global (GGI), como alternativa al legado del “orden internacional basado en reglas”.

La iniciativa de paz de cinco puntos de China para el conflicto, en respuesta a una propuesta de Pakistán, tiene escasas posibilidades de éxito, pero refuerza la posición de Beijing como un actor “relevante” en la región y su postura “orientada a la paz”, en contraste con los daños percibidos por algunos en el enfoque militar estadounidense.

La continuidad del conflicto también aumenta la influencia de la República Popular China sobre Irán y sobre otros países de la región. China se ha convertido en el principal salvavidas de Irán, incluida la compra de aproximadamente el 80 % del petróleo del país. Incluso se cree que Beijing está suministrando perclorato de sodio a Irán, un componente crítico para sus cohetes de combustible sólido, que aparentemente aún sigue ensamblando.

Después del conflicto, China estará bien posicionada para ayudar a reconstruir la infraestructura regional, no solo la de Irán, con quien mantiene este tipo de proyectos desde hace años, sino también potencialmente la de sus socios del Golfo Pérsico.

China se ha convertido en el principal salvavidas de Irán, incluida la compra de aproximadamente el 80 % del petróleo del país (REUTERS/Archivo)
China se ha convertido en el principal salvavidas de Irán, incluida la compra de aproximadamente el 80 % del petróleo del país (REUTERS/Archivo)

Como complemento de las oportunidades para que China avance en Oriente Medio, el conflicto también ha debilitado, posiblemente, a la OTAN, especialmente en torno al debate sobre el papel de sus socios en la reapertura del estrecho de Ormuz o en el mantenimiento de la seguridad en el Golfo Pérsico. En Asia, la guerra ejerce más presión económica y política sobre los rivales de China que sobre la propia Beijing. Japón y Corea, por ejemplo, dependen en gran medida del petróleo importado del Golfo Pérsico.

Aunque China también se ve afectada por el aumento de los precios del crudo, ha reducido su exposición mediante la creación de reservas sustanciales antes del conflicto, fuentes alternativas no dependientes del Golfo —como rutas terrestres desde Rusia— y una menor dependencia del petróleo gracias a la electrificación de su economía.

Más allá de la energía, en el Indopacífico, la continuidad del conflicto con Irán amplía el margen de maniobra de China para actuar contra Taiwán y perseguir otros objetivos estratégicos.

La obligación constante de Estados Unidos de dedicar fuerzas al Golfo Pérsico no solo agota las reservas de misiles de defensa aérea y otras municiones que podrían tardar años en reponerse por completo, sino que también ha obligado a Washington a desplazar activos clave fuera del Indopacífico, incluido un Grupo Anfibio de Marines, un Grupo de Combate de Portaaviones, así como baterías antiaéreas THAAD.

Además del agotamiento de arsenales y del desvío de activos, la continuidad del conflicto también brinda a China la oportunidad de observar y evaluar en acción las tácticas militares estadounidenses, así como de captar emisiones electrónicas y comunicaciones de bases y activos de Estados Unidos en la región, lo que podría proporcionar datos útiles para el Ejército Popular de Liberación (PLA) en un eventual conflicto con Washington en el Indopacífico en el futuro. Esto no significa necesariamente, sin embargo, que China vaya a capitalizar esa oportunidad.

Captura de pantalla de ejercicios militares chinos con fuego real hacia el sur de Taiwán, en medio de la creciente presión de Beijing sobre la isla (REUTERS/Archivo)
Captura de pantalla de ejercicios militares chinos con fuego real hacia el sur de Taiwán, en medio de la creciente presión de Beijing sobre la isla (REUTERS/Archivo)

Como contrapeso, la acción estadounidense también ha llevado a Beijing a actuar con cautela, tanto por la destreza militar demostrada por Washington al desmantelar con rapidez las capacidades militares iraníes, como por la naturaleza impredecible de la acción estadounidense. Además, China naturalmente estaría preocupada por los efectos económicos de lanzar una gran guerra en el Indopacífico, especialmente con los problemas preexistentes de su economía, combinados con la presión sobre la economía global derivada del conflicto.

El impacto de la purga en la cúpula militar china, que incluyó al rival de Xi Jinping, Zhang Youxia, también podría llevarla a proceder con prudencia. Aunque la República Popular China busca públicamente poner fin al conflicto con Irán, su mayor prioridad es, posiblemente, la estabilidad, tanto en la región como en su relación con Estados Unidos.

Incluso cuando China se beneficia de la continuidad del conflicto, está gestionando una serie de enormes riesgos estratégicos para sí misma. Entre ellos figuran las disrupciones económicas por los elevados precios del petróleo, así como una posible perturbación más amplia de la logística global y de las cadenas de suministro. De hecho, la orientación exportadora de la economía china la hace especialmente vulnerable a una menor demanda mundial de sus productos, algo que podría derivarse de una recesión global provocada por la guerra.

Más allá de los factores económicos, aunque China busca presentarse como mediadora y explotar el descontento con Estados Unidos por la guerra, su propia reputación también podría haberse visto dañada. La incapacidad de Beijing para defender a su aliado Irán, sumada a su similar abandono efectivo de Nicolás Maduro en Venezuela, refuerza la narrativa de que China ofrece oportunidades económicas, pero no es un socio fiable en tiempos de peligro militar.

Beijing gana margen estratégico con la continuidad de la guerra, pero la suba del crudo y una posible recesión mundial amenazan su economía exportadora (EFE/EPA/RONALD WITTEK)
Beijing gana margen estratégico con la continuidad de la guerra, pero la suba del crudo y una posible recesión mundial amenazan su economía exportadora (EFE/EPA/RONALD WITTEK)

La guerra también crea problemas para China en su relación con Estados Unidos. El conflicto ya obligó a posponer la cumbre prevista para marzo de 2026 entre el presidente Donald Trump y Xi Jinping en Beijing. Además, Washington ya había sancionado anteriormente a empresas chinas que apoyaban a Irán.

Aunque la tensión entre China y Estados Unidos ha disminuido en meses recientes, la posibilidad de que la administración Trump incremente su foco sobre el papel chino en el sostenimiento de la maquinaria bélica iraní podría derivar en nuevas recriminaciones que desestabilicen una relación que Beijing desea preservar.

Aunque no existen buenas opciones para que Estados Unidos navegue los peligros estratégicos de la guerra con Irán, no debería retirarse, sino cambiar fundamentalmente de rumbo. Dejar a Irán indirectamente en control del tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz y con la capacidad continua de amenazar a sus vecinos tras una intervención estadounidense obligaría a los Estados de la región, y a quienes dependen de su petróleo desde Asia hasta Europa, a “cerrar acuerdos” con el régimen iraní, algo que sería desastroso para los intereses estadounidenses y para la economía global.

Sin un cambio de régimen, la dirigencia radical sobreviviente probablemente aceleraría el desarrollo de una capacidad nuclear para impedir futuros ataques estadounidenses de “cortar el césped”, y posiblemente también por venganza.

Aunque será costoso, Estados Unidos debe por lo tanto asegurar el fin del régimen radical iraní mediante un renovado acercamiento a sus aliados democráticos afines, tanto en la OTAN como en Asia, para terminar el trabajo “juntos”. Hacerlo puede requerir una dosis de humildad, mostrando respeto por sus socios de defensa y un compromiso de coordinar y compartir cargas con ellos en la solución.

Beijing busca preservar la estabilidad con Washington, pero el papel de China en la guerra de Irán amenaza con reactivar choques diplomáticos (REUTERS/Evelyn Hockstein/Archivo)
Beijing busca preservar la estabilidad con Washington, pero el papel de China en la guerra de Irán amenaza con reactivar choques diplomáticos (REUTERS/Evelyn Hockstein/Archivo)

La coalición ampliada no debe centrarse únicamente en desgastar al ejército iraní o destruir infraestructura nacional, sino en empoderar a un régimen amistoso con Occidente, idealmente democrático, que considere en su interés abandonar el terrorismo, la extorsión económica y la búsqueda de armas nucleares.

Seguir ese camino de manera conjunta podría aportar beneficios adicionales al ayudar a Estados Unidos a forjar una nueva asociación con la OTAN y Asia basada en el respeto mutuo y la consulta compartida. En el proceso, será un paso importante para comenzar a restaurar el poder blando estadounidense como defensor de la democracia y los derechos, al tiempo que limita las ganancias estratégicas de China, pero dentro de un entorno abierto al compromiso económico y político legítimo de todos.

Evan Ellis es investigador senior no residente en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS). Las opiniones expresadas en este comentario son exclusivamente del autor.