
Al final, el episodio de la extracción de Nicolás Maduro fue el primer movimiento de una obra impactante que va a terminar con muchos sueños criminales de supuestos revolucionarios. Que era un acto de guerra, que la soberanía, que el derecho de autodeterminación y que el señor merece trato de presidente. Vamos por partes.
Falso todo: no fue un acto de guerra, fue una extracción quirúrgica (sigilosa, por cierto); la soberanía y la autodeterminación fueron secuestradas previamente por el dictador, no vale entonces defenderse a posteriori de una violación flagrante de los derechos humanos con derechos que no se respetan; justamente -además- un dictador no es un presidente legítimo y por ende no adquiere jamás inmunidad de jurisdicción. ¿La tenía Hitler o Mussolini? ¿Se le hubiera respetado? No nos engañemos.
No digamos tonterías ante lo obvio: un terrorismo de estado, constatado, no tiene derecho a sostenerse de lo que reniega. Menos aún, si es una organización criminal narcoterrorista que infiltra individuos extrarregionales en la región. Ante semejante afrenta el contrato democrático caduca, no puede entonces quien lo quiebra argüir defensas democráticas que no respeta. Perdió esa oportunidad el día que derribó vidas inocentes al por mayor. Y la democracia es generosa pero no puede ser frívola con criminales de lesa humanidad (son delitos imprescriptibles, aviso a los navegantes).
Cuando la “justicia” está reñida con la norma, siempre ganan los principios de justicia como enseñaba Eduardo J. Couture en sus afamados principios al derecho procesal. Igual, la “presunción de inocencia” como garantía procesal estará allí, algo que el dictador no le suministró jamás a los que mató a sangre fría en las calles.
Pero nada de esto es nuevo, lo repito porque la bobería generalizada sostiene que el derecho internacional fue violado. La primera constatación que debe hacer el derecho internacional es velar por las víctimas y los venezolanos que han sido vejados, matados, violados, torturados en las cárceles y asesinados en las calles. Esa es la violación primigenia al derecho internacional. Ese “deber de proteger” es y era lo primero. Esa es la violación central: la única relevante en términos de una nación. Ese es el foco que se debe poner, luego veremos todo lo otro. Los que se distraen en lo menor, fallan en lo mayor y dañan los derechos que dicen proteger. No es que la necesidad tiene cara de hereje, es que no hay que transformarse en herejes ante la necesidad.
¿Qué hacemos con esto, lo negamos y nos ponemos a llorar por el tirano o aplicamos sentido común y principios de justicia? ¿No existe el deber de encriptar a una población civil ante un sátrapa de la peor especie? ¿De veras hubo que seguir esperando un milagro ante semejante infamia? No nos tomen el pelo a los que estamos en la biblioteca del realismo y de la justicia. Si la justicia es embestida por un derecho ilegítimo, gana siempre la justicia (y tanto en el derecho natural como en el derecho positivo). No hay debate. Y es justo que Nicolas Maduro y su cónyuge paguen por sus pecados que en la vida jurídica son crímenes de lesa humanidad.
Las libertades de los privados de libertad injustamente en Venezuela avanzan. No es todo lo que se espera, pero es más de lo que había hace un mes y poco atrás, antes de que Nicolas Maduro saliera del calor y pasara al frío de Brooklyn. ¿Habría existido alguna libertad sin Nicolas Maduro preso? Nada, cero, seguiríamos repitiendo lugares comunes o consignas repetitivas en cuanto ámbito multilateral hay en al mundo, pero nada habría cambiado. Nada de nada. Y a pesar de la miseria de la dictadura ad hoc -ante el temor que les infunde Estados Unidos- se van liberando presos, algunos más rápido que otros. Hay que presionar más, es cierto, pero el camino está expedito. ¿Pasaría esto si no fuera por el miedo que se le tiene a Donald Trump? En fin, sigo.
Y causa dolor que hasta lo obvio se discuta por parte de la izquierda dogmática, porque es verdad, no estamos en misa, estamos en política real, por eso duele ver presos, torturados, inocentes, desaparecidos y muertos en manos de criminales que posaban de revolucionarios míticos. ¿O estos rehenes de Venezuela valen menos que los de las dictaduras latinoamericanas? ¿En qué lugar los detenidos-desaparecidos del sur obtuvieron semejante distinción y en qué lugar los venezolanos son ciudadanos con demérito? ¿Los muertos a manos de los supuestos bolivarianos no son muertos ni desaparecidos? ¿O los venezolanos no tienen derecho a la memoria y la justicia?
Ahora cayó Alex Saab y Raul Gorrin, sátrapas de primera categoría en la corrupción del régimen chavista-madurista. Solo la inoperancia del gobierno de Joe Biden liberó a Alex Saab (con lo que había costado capturarlo) con el auspicio de Juan González creyendo que hacía el canje del siglo por rehenes norteamericanos. Todavía recuerdo las fotos del exfuncionario del gobierno americano en un avión con lentes negros, orondo con lo que consideró era su proeza. Cuando me enteré de esas liberaciones, más la de los adorables sobrinos de Celia involucrados en variados delitos, sentí que aquello no era justo. Injusto e inmoral, a decir verdad. No se le veía salida a la dictadura en ese momento. Hasta con banderitas de cumpleaños infantil y cánticos recibía Nicolas Maduro a los enviados del gobierno americano. Toda una chabacanería bananera de la peor especie. Un juego obsceno que aplicó hasta el infinito.
Ahora caen estos delincuentes y -que les quede claro a todos- en una operación del Servicio Bolivariano de Inteligencia (los mismos que estaban del otro lado de la vereda hace horas) y quizás con colaboración exógena.
Ya es evidente: queda claro que los chavistas están perdidos, que los desmontan de a uno, que nadie pondrá una moneda por ellos y que hasta Diosdado Cabello se ve venir la debacle. Están acorralados y sin salidas claras. Por eso el momento es delicado, siempre es delicado, pero se advierte el horizonte, ahora sí.
Lo que queda claro es que estos caballeros en el nuevo formato en el que están tirarán la responsabilidad hacia arriba. Que se prepare el exdictador porque -con tal de alivianar sus penas- estos exsocios cantarán hasta la Marsellesa donde sea si eso les aliviana algo el padecimiento que vivirán.
Si alguien me dijera que el Rodrigato hoy son agentes de la CIA, a esta altura creería semejante delirio. Pero supongo es pura imaginación mía y solo actúan por sobrevivencia egoísta y punto (es solo una ironía este razonamiento). Pregunto: ¿En este desmontaje de toda la estructura criminal del Chavismo estamos mejor o peor que hace unas semanas? ¿Verdad que nadie imaginó tanto maligno cayendo al infierno de manera tan estrepitosa? ¿O quién es el Nostradamus que pronosticó tanto delincuente perseguido y tanto archivo que se empieza a abrir que delatará negociados y corrupciones de diversa índole? Si alguien anduvo entre las sombras de estos mozos, sería sensato no dormir y tomar calmantes, porque lo que nos enteraremos no será poco.
Lo central de lo que viene será encontrar el momento para el acto electoral definitivo hacia la democracia total en Venezuela y debería no ser demasiado distante en el tiempo. María Corina Machado será presidenta en su momento y esa apoteosis ciudadana será el instante en el que la legitimidad y la legalidad se fundirán en un camino único en Venezuela. Ese país añora y clama por vivir con la dignidad democrática que se merece. Eso lo sabe Marco Rubio y en esa línea debe alimentar la llegada de ese momento necesario. Obvio, el Chapitalismo de última hora (Chavismo recalcitrante más capitalismo de última hora) buscará su candidato o candidata y el juego democrático quizás sea con ellos. Paradojas de la vida que deberían pelear en una elección limpia -lo que hay que asegurar con acciones serias no solo meras observaciones electorales- y allí se verán los pingos como dicen los turfistas del Río de la Plata.
Lo maravilloso del “momento Trump” es que hasta Gustavo Petro se puso activo en el Catatumbo y actuó con diligencia procurando sofocar un foco complejo allí. Otro personaje al borde de un ataque de nervios. De seguro el miniromance que tuvo con Trump en el salón oval algo tuvo que ver. “Ya no sos mi margarita ahora te llaman Margot”. Divino Petro como pasó de ser un alentador de insurrecciones del ejército norteamericano en Nueva York a mutar por un caballerito obediente, genuflexo y temeroso. Permítaseme gozar este momento.
Ni que hablar si se corroboran las conversaciones con desertores del poder (o sostenedores de lo que allí queda) en Cuba. Vamos directo a ver la debacle del régimen porque ya no los soportan más, mataron de hambre a su pueblo y se caen a pedazos. Mintieron una vida con la salud y la educación, y les creían el cuento. Inconcebible pero cierto.
Señoras, señores: ha ganado el capitalismo que pretende hacerse lugar y desde allí se va hacia el advenimiento democrático. La gente quiere comer. La destrucción creativa de Schumpeter produce más alimentos que la mentira revolucionaria de izquierda en todos lados por donde pasó (en todos lados, en todos lados, en todos lados) dejando siempre una estela de hambre y miseria. Hasta los chinos, admirados hoy por tantos, solo existen con respetabilidad porque el capitalismo funciona y produce lo que el mundo compra. Ca-pi-ta-lis-mo. Nada de las balbuceantes frivolidades de Joseph Stiglitz defendiendo el modelo cubano por sus “ventajas relativas”. (Y pensar que alguna vez lo tomamos en serio al economista).
No nos olvidemos del criminal de Daniel Ortega a quien le llegará también su hora. Él lo sabe y, como es rápido -a pesar de sus letanías mentales-, entiende que se acabó el juego y por eso libera presos antes que se lo impongan. Otro comedido por conveniencia. Y otro ser inmisericorde con su pueblo. Los muertos de allí no vuelven, esa factura habrá que cobrarla en lo digno de los nicaragüenses siempre estoicos y sacrificados. Tiempo al tiempo. Los criminales merecen la condena eterna en la tierra.
En fin, debería ser al año en que las dictaduras oprobiosas se desinflen al influjo de la incidencia norteamericana.
En lo que a mí respecta, Donald Trump -de lograr estos objetivos- pasará a la historia como un actor que logró lo que pocos creían posible. Un tomador de riesgos nato, un jugador imprevisible. Hablador contumaz, emocional al extremo, frontal y hasta fuerte y radical, en fin, todo eso es cierto. En política interna la remará como podrá y es un tema de él y de su pueblo, nada para opinar. Vox populi, vox dei. Pero en esto de hacer añicos a estas dictaduras criminales del continente, de desescalarlas, enloquecerlas, fundirlas y rearmar caminos de redemocratización, creo que, si termina el año con esos galardones, quedará en la historia como un líder del que pocos daban algo y resultó un jugador infernal. El odio entonces de la izquierda no es gratis: les está enterrando sus mitos vivientes que no eran tales, que solo engañaron y maltrataron a sus gentes. Los desnuda y se les advierte sus miserias. Teníamos razón entonces los que llevamos una vida denunciando a estas infamias, por eso nuestra militancia férrea. No hay otra explicación.
Es un dato que hace décadas a Estados Unidos le tomaban el pelo estas propias dictaduras caribeñas, se le reían en la cara, contaban con ayuda internacional complicada al respecto y así le mataron la vida a cientos de miles de personas de esos mismos pueblos. Si esto acaba, sea o no el método perfecto, es mejor que la tragedia que se vivió. Simple y sencillo. No hay opción intermedia. O con la democratización que viene o con el oprobio de ayer. No hay matices. Es binario el asunto.
Fidel Castro no lo debe creer allá arriba.
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