El discreto encanto de Groenlandia

La isla, estratégica por sus recursos y su posición en el Ártico, se convierte en escenario central de la disputa global tras el renovado interés de Donald Trump y las potencias mundiales

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Donald Trump. REUTERS/Jessica Koscielniak
Donald Trump. REUTERS/Jessica Koscielniak

El presidente Donald Trump definitivamente es el mejor aliciente del mundo para el estudio de la geografía universal. Hace meses nos hizo interesarnos por Gaza en la medida que indicó que podría constituirse en el mejor destino turístico del Medio Oriente una vez convertida la región en ciudad-balneario. Ahora nos lleva a fijar la atención en una isla inmensa ubicada entre Estados Unidos, Canadá y Europa.

Y cuando recurrimos a una lupa nos encontramos con un territorio poblado en su mayoría por miembros de la nación Inuit, subpoblado y con temperaturas cuasi gélidas la mayor parte del tiempo. Se trata de un territorio cuasi pastoral, virgen y lleno de hermosos valles y medianas montañas. Todo en esa nación parece ser bucólico y pacífico. Pero el entusiasmo presidencial nos llevó a hacer un inventario de las virtudes del territorio.

La primera virtud es claramente geopolítica. Porque Groenlandia sirve de plataforma para lanzar y detener ataques militares contra Estados Unidos, Europa y Canadá. La segunda es de carácter comercial y tiene que ver más con la evolución del planeta Tierra que con la obra de los humanos. Resulta que nuestro planeta está atravesando una fase de calentamiento o interglacial denominada Holoceno. Durante esa fase que se estima durará al menos 10.000 años, los glaciales se derretirán y así abrirán rutas comerciales que podrán comunicar más expeditamente a Oriente y a Occidente.

Y así como en la antigüedad el control del Mediterráneo era esencial al poderío de las naciones de Europa y el norte de África, la región Ártica es codiciada por Estados Unidos, Rusia y China. Adicionalmente, Estados Unidos opera la Base Espacial Pituffik (anteriormente Base Aérea Thule) en el noroeste de Groenlandia. Esta base es crucial para los sistemas de alerta temprana de misiles, la vigilancia espacial, la defensa del Ártico y el control de sus rutas marítimas.

A medida que se intensifica la competencia entre grandes potencias —especialmente entre EEUU, Rusia y China—, Groenlandia se ha convertido en una pieza clave de la defensa norte de la OTAN.

Desde el punto de vista del potencial económico, Groenlandia posee recursos significativos sin explotar, entre ellos: tierras raras (críticos para electrónica, energía verde y defensa), uranio, mineral de hierro, zinc, oro. También existen potenciales reservas de petróleo y gas en alta mar.

A medida que las cadenas de suministro globales se politizan más, los recursos de Groenlandia se ven como una forma de reducir la dependencia de China en materia de tierras raras, asegurar el suministro de materiales críticos para la transición energética y las industrias de defensa y establecer un equilibrio geopolítico a favor de Europa y Estados Unidos.

Adicionalmente, y viendo el futuro, la capa de hielo de Groenlandia es de unos 2,9 millones de kilómetros cúbicos de tamaño. Eso representa aproximadamente entre el 7 y el 10% del agua dulce total del mundo. Si se derritiera completamente, elevaría el nivel global del mar en unos 7 metros.

En un mundo donde se vaticinan fuertes etapas de escasez de agua fresca, este junto al Tíbet es el depositario de agua dulce más grande del mundo. Pero el verdadero impacto geopolítico de la capa de hielo que cubre a Groenlandia proviene de lo que ocurriría si se derritiera. Algunas consecuencias incluyen: el hundimiento de megaciudades (Shanghái; Nueva York, Lagos), inundaciones masivas en naciones enteras como es el caso de Bangladesh y las Islas Maldivas y desaparición de bases navales; puertos e infraestructura marítima en el mundo entero.

Son estos secretos encantos los que atraen la atención e interés del presidente Donald Trump en la tímida y discreta Groenlandia.