
La dictadura de Cuba dura más de 66 años y su expansión en Venezuela más de 26 años, en Nicaragua más de 23 años y en Bolivia más de 20 años. Los pueblos cautivos han hecho de todo para recuperar su libertad. Denuncias y oposición permanentes, diálogos y mesas de negociación, elecciones, manifestaciones y movilizaciones, levantamientos e insurrecciones, resistencia civil pacífica y más, no han funcionado porque es una lucha desigual en que las dictaduras tienen el monopolio de la violencia, del crimen, de las armas, de la manipulación internacional y de la impunidad.
En lugar de enumerar las permanentes e incasables acciones que los pueblos de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia han llevado y llevan a cabo -con gran decisión, patriotismo y valentía- es mejor preguntarse ¿qué no se ha hecho para terminar las dictaduras y recuperar la libertad y la democracia?
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La prueba de resistencia y lucha permanente por la libertad, registrada por décadas se mide en presos, torturados, fusilados, asesinados, exiliados, extorsionados, secuestrados y víctimas del terrorismo de Estado en Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, donde se ha establecido el crimen como metodología del castrismo devenido en socialismo del siglo 21 o castrochavismo.
La fortaleza de las dictaduras está fundada en la violencia, el engaño, el crimen y la manipulación con el objetivo de permanecer indefinidamente en el poder. No es ideología ni política, es crimen organizado trasnacional puro y duro que opera el terrorismo de Estado en lo interno y la guerra híbrida en lo internacional. Narcoestados, narcotráfico, migraciones forzadas, tráfico de personas, conspiraciones, desestabilizaciones, guerrillas, terrorismo, golpes de estado, crimen común, asesinatos y magnicidios, alianzas con dictaduras extracontinentales y toda forma de agresión son parte de su repertorio.
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La lucha armada intentada tempranamente contra la dictadura de Cuba fue traicionada y derrotada. Luego sobrevinieron décadas de coexistencia y contención en el marco de la Guerra Fría. Cuando todas las dictaduras de Latinoamérica fueron forzadas a la democratización y luego cayó el Muro de Berlín y se disolvió la Unión Soviética marcando el triunfo del capitalismo sobre el comunismo, Cuba permaneció con silencios cómplices y operaciones criminales de narcotráfico, guerrilla y terrorismo perpetradas contra las democracias.
En Nicaragua fue necesaria la lucha de la “contra” y ganar elecciones para que la dictadura castrista con denominación de sandinista entregara la presidencia a Dña. Violeta de Chamorro en 1990, pero reteniendo el control de las Fuerzas Armadas, manteniendo al crimen como partido político y con impunidad protegiendo “la piñata” que era la corrupción. Salió el dictador pero no la institucionalidad dictatorial, y el 2007 regresó para someter al pueblo hasta ahora.
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En Venezuela todo ha sido engaño, traición y crimen. El agonizante régimen castrochavista de Maduro consiguió ventajas del entorno internacional y del gobierno de Estados Unidos a cambio de facilitar elecciones, engañando en México y Barbados, tomó todos los beneficios y comenzó inhabilitando a la líder opositora María Corina Machado, luego a Corina Yoris y cuando con Edmundo Gonzales Urrutia como candidato bajo mando de Machado el pueblo votó rotundamente por la libertad en las elecciones el 28 de Julio 2024, aplicaron terrorismo de Estado y detentan el poder amenazantes, traficando con secuestrados e intereses económicos.
En Bolivia, luego del fraude electoral de Evo Morales en 2019, su renuncia y fuga, salió el dictador pero no la dictadura. La presidenta de transición -hoy presa política- fue de continuismo y devolvió la presidencia al castrochavismo con el fraude de 2020. La alta traición de la oposición funcional, copia trágica de similares en Venezuela y Nicaragua mantiene la farsa a costa de la pobreza del pueblo con nueva farsa electoral rumbo a la miseria.
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La responsabilidad es de las democracias y sus líderes a nivel hemisférico y mundial por las obligaciones legales internacionales que no cumplen, porque han tolerado, coexistido, negociado, protegido, sostenido y reconocido a la dictadura de Cuba y su expansión en el siglo 21 para controlar Venezuela, Nicaragua y Bolivia. Además soslayan la condición de los gobiernos para dictatoriales que el castrochavismo ha instalado en Brasil con Lula, México de López Obrador y hoy Sheimbaum, Chile con Boric, Colombia con Petro y Honduras con Castro.
Los pueblos de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia están en situación de indefensión y las democracias están amenazadas y atacadas por las dictaduras que perpetran esos crímenes.
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Es imprescindible e inevitable la terminación de las dictaduras y es responsabilidad de los líderes democráticos de las Américas. Sanción a opositores funcionales, sanciones inhabilitantes a las dictaduras, sus capos y beneficiarios, recuperación de las Fuerzas Armadas como defensoras del pueblo y la Nación, no impunidad…. Decisiones políticas urgentes para la autoprotección de las democracias y para la derrota del crimen organizado trasnacional que controla países y suplanta la política.
*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy
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