
¿Podemos construir un mundo más justo, donde la igualdad de oportunidades sea una realidad y no solo una aspiración? A propósito del Día Internacional de la Mujer, que se conmemoró el último 8 de marzo, es oportuno reflexionar sobre las brechas de género. Y no para lamentarnos, sino para evaluar cuánto hemos avanzado en los últimos años y definir nuevas metas y planes de acción para que todos, hombres y mujeres, seamos valorados y recompensados por nuestras capacidades.
Por ejemplo, en el ámbito laboral, existen organizaciones que, independientemente del género, la edad, la orientación sexual, la cultura, las creencias religiosas y cualquier otra particularidad de sus colaboradores, promueven el liderazgo con equidad. Para ello, su evaluación de desempeño se basa únicamente en las competencias, capacidades, habilidades y logros de sus colaboradores. De esta manera, sopesando los resultados de manera objetiva, impulsan activamente el desarrollo profesional de sus talentos.
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Ahora bien, alcanzar este nivel de desarrollo organizacional parece sencillo y, de hecho, es justo y razonable. Sin embargo, para impulsar una cultura empresarial con equidad, se requiere además un fuerte compromiso por parte de la alta dirección y de todos los miembros de la organización. Esto implica sensibilizar a los líderes, formar o capacitar a los colaboradores, establecer políticas y procedimientos inclusivos, fomentar la diversidad y medir el progreso de manera permanente. Definitivamente, todas estas tareas demandan tiempo y recursos que pocos están dispuestos a invertir.
Sin embargo, aquellas organizaciones que asumen el desafío genuinamente e impulsan iniciativas de equidad de género y diversidad, descubren que habilitar las mismas oportunidades de desarrollo para sus colaboradores se traducen en un mejor clima laboral, mayor satisfacción y compromiso dentro de la organización con elevados índices en los resultados Todo ello, además, fortalece la imagen y reputación de las empresas ante sus públicos de interés. Debido a estos beneficios, 2 de cada 3 profesionales de Liderazgo y Desarrollo reportan que han impulsado planes para empoderar a las mujeres, según un estudio de Gartner. ¡Definitivamente, son buenas noticias que debemos replicar en nuestro país!
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Por último, si bien tener las mismas oportunidades es un reclamo justo, las mujeres también necesitamos prepararnos para los nuevos retos del mercado. Muchas ya lo estamos haciendo. De hecho, cada vez más mujeres acceden a educación superior, estudian maestrías y doctorados, incursionan en industrias que antes eran dominadas por hombres y asumen roles importantes de liderazgo. En ese sentido, debemos seguir fortaleciendo nuestras habilidades y competencias para romper las brechas del mercado laboral y ser valoradas por nuestras capacidades. Porque el día que nos elijan para ocupar un puesto de trabajo solo por ser mujeres, habremos perdido nuevamente la batalla.
Mujeres, demostremos nuestra calidad profesional y allanemos el camino para las nuevas generaciones de mujeres que vendrán después de nosotras.
¡Hasta la próxima!

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