
Las autoridades de las principales economías del mundo tienen a la inflación como uno de los principales problemas en la actualidad. Pero para un ciudadano que día a día sale a trabajar para lograr los ingresos necesarios para atender las necesidades de su familia, lo que le queda claro es que los precios de los bienes que consume han subido y que, ahora, tiene que trabajar más horas para ganar lo mismo y poder consumir lo de siempre. Entonces, si no logra ganar más, simplemente deberá comprar menos. Lejos están las personas de los grandes problemas mundiales; sin embargo, qué cerca están de los efectos negativos que estos causan.
Hoy en día los Bancos Centrales siguen aumentando las tasas de referencia, así la FED acaba de subir la tasa de referencia a un rango de 3 a 3.25%, niveles que no alcanzaba desde el 2008, cuando se registró la gran crisis financiera. Estos aumentos de las tasas de referencia provocan que las tasas de interés suban, afectando a las empresas y a las personas que ven que sus créditos se encarecen. Tal vez una familia ya estaba planificando comprar una vivienda, pero con tanta inestabilidad y aumento de los intereses, podría posponer sus planes. Una vivienda menos que se vende, un crédito menos que se otorga, muchos bienes necesarios para una vivienda se dejan de vender, también.
Para las empresas tampoco van mejor las cosas. El aumento de los precios provoca que vendan menos, sus inventarios se acumulan, dejan de producir y es posible que despidan personal. Entonces, podemos decir que, hay una fuerte disyuntiva en el corto plazo entre inflación versus desempleo.
Pero, ¿por qué se toman estás medidas sabiendo que se enfriarán las economías y afectará a la población? Porque los efectos que ocasionan el aumento constante de la inflación son aún peores. Cuando la inflación comienza a crecer rápidamente y se pone por encima de dos dígitos, cambian las expectativas de la población en forma generalizada. Todos comenzamos a pensar que nuestros ingresos no alcanzarán para comprar los productos que necesitamos, y saldremos a comprar lo más rápido posible. Lo único que logramos con ello es que los precios suban a velocidad de crucero.
En ese sentido, cuando la inflación es alta, es como si se nos empañaran los ojos y no podemos ver más allá de 2 metros. Ante esta situación, nuestras decisiones de consumo y empresariales se circunscribirán a esos 2 metros que podemos ver y abandonaremos las decisiones de mediano y largo plazo. Dejaremos de comprar viviendas, las empresas detendrán sus nuevas inversiones. Entonces, hacen bien los líderes mundiales en considerar que la inflación es un gran problema que se debe controlar. Lamentablemente estas decisiones tienen efectos de corto plazo que no nos agradan.
En el Perú, las últimas cifras del crecimiento del PBI se han corregido a la baja, al igual que las cifras de crecimiento del 2023, situación explicada por el enfriamiento global, la menor demanda mundial, la caída de los precios de los minerales. Y como si ya no fuera bastante, los problemas internos del país, que han provocado que las inversiones no crezcan, y que el gasto público sea mediocre. No hay razones para ser optimistas en el corto plazo.

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