La deuda griega y un giro histórico del FMI

Por Martín Grandes

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El enfoque del Fondo Monetario Internacional respecto al problema de la deuda de Grecia pareciera haber dado un giro histórico. La directora-gerente del FMI, Christine Lagarde ha declarado que una quita de deuda es necesaria para confirmar su participación en el nuevo plan de apoyo a Grecia. Esta quita se trata de un congelamiento en el pago de intereses y capital hasta el año 2040. A su vez, permitir el pago de estos planes de rescate en el período 2040-2080 con una tasa de interés del 1,5%.

Claro está, el FMI no es el único ni el mayor acreedor de Grecia en la troika que compone con el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, y por ende sus países miembros, a la cabeza Alemania y Francia quienes ya mostraron signos de resistencia a la idea del FMI. Es que estos países serían mayormente quienes soportarían la carga del congelamiento propuesto por Christine Lagarde. Ahora bien, ¿existe otra solución al problema de la deuda griega?

Grecia ha llevado a cabo un fuerte plan de ajuste en los últimos 5 años, pasando de niveles de déficit de balance fiscal primario superiores al 10% del PBI a prácticamente un equilibrio fiscal en 2014. Sin embargo, en una economía enormemente endeudada, con niveles de desempleo cercanos al 25%, con una fuerte recesión desde el 2009 cuyo único signo de mejora es un estancamiento de la actividad económica en 2015, el FMI reclama por un plan que no sólo apunte a la viabilidad del repago de la deuda griega, sino a un factor que la favorecería a futuro: volver a crecer.

Para el lector poco familiarizado, la sostenibilidad de la deuda significa que la misma se puede repagar según la configuración de su tamaño en relación al PBI, la tasa de interés real que devenga, la tasa de crecimiento real de la actividad económica (PBI), el resultado fiscal primario del gobierno (es decir, su balance antes del pago de intereses) y el stock inicial de la deuda que se analiza.

Actualmente Grecia tiene un ratio de deuda a PBI del 180%, es decir, debe destinar casi la producción total de dos años de su economía para poder solventar su deuda. Por otro lado, la tasa de interés de su deuda a 10 años está apenas por debajo del 8% real. Sin embargo, gracias a los planes de rescate que recibió de la troika, la tasa de interés promedio efectiva que debe pagar es cercana al 2,25%. Esta quita es muy significativa, dado que sin esta tasa "preferencial" Grecia debería afrontar pagos de intereses anuales de alrededor del 14% de su PBI, mientras que en la realidad oscilan entre el 4 al 5%. En cuanto al crecimiento, Grecia muestra una caída acumulada del 26% de su PBI desde 2008 hasta el 2015, sin mostrar signos de mejora a pesar de los tres planes de rescate recibidos en el último quinquenio. Finalmente, su balance fiscal primario, después de años de fuertes déficits, hoy en día es del 0% del PBI, es decir que el Estado se encuentra en equilibrio.

En el siguiente cuadro se puede observar cómo evolucionaría la trayectoria de deuda pública de Grecia en relación al PBI bajo tres escenarios hipotéticos.

En el Escenario 1, se ve la evolución que adoptaría la trayectoria de deuda griega si Grecia pagase como interés, el del bono a 10 años griego en el mercado, alrededor del 8%. Este escenario es sumamente explosivo e insostenible a pesar de estar asumiendo tasas extraordinarias de crecimiento del 4,5% promedio.

Por otro lado, en el Escenario 2, se proyecta cómo evolucionaría la trayectoria de deuda con la tasa de interés implícita que afrontó Grecia en 2015, casi 2,25%. Se supone un superávit fiscal primario del 1,5% promedio durante los 25 años de la proyección. Estos son números bastante generosos para lo que nos ha mostrado la historia fiscal griega.

En cuanto al crecimiento, se asume una tasa promedio del 1,5% (similar al promedio histórico griego de 1980-2007). Puede observarse entonces como en el Escenario 2, la deuda se mantiene casi estable. Sin embargo, en niveles de deuda tan elevados, estabilidad para nada significaría sostenibilidad.

Finalmente, en el Escenario 3, la tasa de interés asumida es 0 (cero), o aquello que pretende el FMI para los próximos 24 años, el balance fiscal primario supuesto es de un superávit del 1,5% del PBI mientras que la tasa de crecimiento real asumida es del 3%.

En esta última proyección, puede observarse la racionalidad de la propuesta del FMI, que en realidad ha sido planteado por numerosos economistas y políticos desde 2010. Dicho de otro modo, sólo con una quita de deuda a valor presente, tasas de crecimiento inusualmente altas y sostenidas, y la consecución de un superávit primario fiscal significativo, la deuda griega retornaría al nivel aceptable según el Tratado de Maastricht, 60% del PBI.

En conclusión, no puede asegurarse que Grecia podrá sostener en el tiempo niveles altos de superávit fiscal primario, ni que pueda volver a un sendero de crecimiento sustentable sin la ayuda de la Unión Europea y otros Organismos (este 25 de mayo pasado recibió casi 11,000 millones de euros de ayuda). De allí la racionalidad de la propuesta del FMI, nada nuevo bajo el sol, pero que traería mejor clima para la economía griega y sus socios europeos.

El autor es Doctor en Economía por la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de Paris, Investigador del CITRA-CONICET, consultor y docente en la Universidad de Buenos Aires, la UCA, la TDT y universidades del exterior. El artículo fue escritor en colaboración con Nicolás Abuchar (UBA).