El líder supremo de Irán, Ali Khamenei, habría diseñado un plan de escape para abandonar Teherán junto a un círculo reducido de colaboradores y familiares si percibe que sus fuerzas de seguridad no logran contener las protestas en curso o se producen deserciones relevantes, según un informe de inteligencia al que tuvo acceso The Times.
El trasfondo de esta operación revela la inestabilidad creciente que atraviesa Irán.
Desde hace una semana, se han multiplicado las manifestaciones en varias ciudaades, incluida Qom, como respuesta a la grave crisis económica que afecta al país. La situación se ha agudizado con la participación de sectores sociales antes reacios a movilizarse y la radicalización de los eslóganes, que rechazan abiertamente la injerencia exterior y los gastos del régimen en conflictos internacionales, como evidencia la consigna “No a Gaza, no a Líbano, solo por Irán”. Además, la limitada visibilidad pública de Khamenei desde el último enfrentamiento militar con Israel alimentó versiones sobre su deterioro físico y mental, aspecto recogido en un perfil psicológico elaborado por una agencia de inteligencia occidental citado por The Times.
Preparativos y legado de Khamenei
Según fuentes citadas por The Times, el “plan B” contempla la evacuación de Khamenei junto a una veintena de allegados, incluidos su hijo Mojtaba, designado como posible sucesor.

Beni Sabti, exintegrante de la inteligencia israelí, afirmó que el destino elegido sería Moscú, siguiendo el precedente de Bashar al-Assad, quien huyó a la capital rusa con su familia ante el colapso de su gobierno en 2024. El aprecio personal de Khamenei por Vladimir Putin y la afinidad cultural con Rusia habrían influido en esta elección estratégica.
El informe describe un esquema logístico elaborado: acumulación de activos y propiedades en el extranjero, así como reservas de dinero en efectivo, medidas pensadas para garantizar un escape seguro en caso de pérdida de control interno.
El propio Khamenei controla una vasta red de recursos financieros a través de la organización Setad, cuyos activos fueron estimados en USD 95 mil millones por una investigación de Reuters en 2013, cifra que incluye bienes raíces y empresas bajo su dominio personal.
Tensiones internas, aparato represivo y cuestionamientos sociales
Las protestas han puesto en tela de juicio la cohesión de las fuerzas que sostienen al régimen. Los manifestantes han acusado al Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC), la milicia Basij, la policía y el ejército de emplear medios violentos, entre ellos munición real, gas lacrimógeno y cañones de agua. Todos estos cuerpos operan bajo el mando absoluto de Khamenei, quien confía en la lealtad del IRGC como pilar central de su poder político y operativo.
El informe de inteligencia al que accedió The Times indica que la fuga solo se consideraría si se produjeran grietas significativas en la cadena de mando. La protección de los leales y el control de los principales nombramientos han sido estrategias centrales para evitar deserciones, aunque la reciente debilidad del líder ha generado incertidumbre. El análisis lo describe como un dirigente marcado por la paranoia, oscilando entre la firmeza ideológica y la disposición a realizar compromisos tácticos para preservar el sistema.
El propio entorno de Khamenei tiene vínculos con el exterior: varios familiares de altos funcionarios, como el secretario del consejo de seguridad nacional Ali Larijani, residen en Estados Unidos, Canadá o Dubái.
La biografía política de Khamenei se ha forjado entre persecuciones, encarcelamientos y un atentado en 1981, que le causó la pérdida funcional de una mano. La sobrevivencia a ese episodio reforzó en él la convicción de liderar una misión trascendente: oponerse a Israel y las potencias occidentales, y conservar la estructura del poder clerical después de la Revolución Islámica.
Su liderazgo se consolidó pese a carecer de los niveles formales de erudición requeridos tradicionalmente para el cargo de líder supremo, lo que motivó críticas entre sectores religiosos.
Más allá de las fronteras iraníes, Khamenei se percibe a sí mismo como una figura central en el islam chií, y ha sustentado una política activa de apoyo a organizaciones como Hezbollah en Líbano, Hamas en Gaza, y fuerzas aliadas en Irak, Siria y Yemen. El reciente debilitamiento de estos aliados por el conflicto con Israel ha incentivado en la población iraní el cuestionamiento de décadas de inversiones en proyecciones militares externas mientras aumentan la inflación y el deterioro de las condiciones de vida internas.
El esquema para escapar de Irán incluye la recolección de activos y la preparación de propiedades y fondos en el extranjero, detalló la fuente citada por The Times.
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