El expresidente de la República Democrática del Congo, Joseph Kabila, enfrenta una de las acusaciones más graves en la historia política reciente del país, tras ser condenado a pena de muerte en ausencia por cargos de traición, insurrección y colaboración con grupos rebeldes, según informó la agencia AFP. Esta decisión, dictada por el Tribunal Superior Militar de Kinshasa, ha sacudido el escenario político nacional y desencadenó reacciones dentro y fuera del país.
Kabila gobernó la República Democrática del Congo durante casi veinte años, tras asumir el mando en 2001 luego del asesinato de su padre, el presidente Laurent-Désiré Kabila.
Tal y como informó la agencia EFE, el Tribunal Superior Militar de Kinshasa, lo consideró culpable de liderar la Alianza Río Congo (AFC), identificada como rama política del M23, grupo insurgente que mantiene combates contra el ejército congoleño y que, según Naciones Unidas y varios países, recibe apoyo directo de Ruanda.

El auditor general de las Fuerzas Armadas, general Lucien René Likulia, solicitó en agosto la pena capital para Kabila, argumentando que fue el autor intelectual de la violencia instigada por el M23.
Según la información confirmada por AP, el proceso judicial comenzó formalmente en julio y fue realizado íntegramente en ausencia del expresidente.

Dos décadas en el poder marcaron su influencia y controversias en la vida política nacional
La llegada de Kabila al poder estuvo marcada por el escepticismo de sectores importantes en Kinshasa, donde predominan el francés y el lingala. Él, con preferencia por el inglés y el swahili, permaneció siempre como una figura distante y solitaria en la política nacional.
La desconfianza en las operaciones mineras gestionadas por conglomerados internacionales se extendió durante su mandato, aunque él mismo negó reiteradamente haber entregado privilegios a extranjeros a expensas del desarrollo del país.
La “luna de miel” política de Kabila terminó en 2011, tras unas elecciones viciadas de irregularidades y la consolidación de la caída de popularidad en grandes centros urbanos como Kinshasa, donde apenas obtuvo el 16,5 % del voto.

Las protestas de 2015 contra sus esfuerzos por forzar un tercer mandato derivaron en decenas de muertos por la represión gubernamental. Al final, optó por un retiro más o menos pacífico, permitiendo el traspaso a Tshisekedi, aunque, según muchos críticos, buscó mantener el control mediante la manipulación de los resultados electorales y la inclusión de sus aliados más cercanos en el aparato estatal.
Kabila, quien está casado con Marie Olive Lembe Kabila y tiene dos hijos, solo se manifestó públicamente en contadas ocasiones desde su salida del poder.
La sentencia representa, con todo, la culminación de un largo proceso de deterioro en la relación entre Kabila y el actual gobierno, cristalizado en decisiones judiciales de hondo impacto en la historia reciente del país. Hasta que se conozca el destino y paradero final del expresidente, el Congo y la región permanecerán bajo la incertidumbre política y militar que arrastran las graves acusaciones y las profundas divisiones originadas por este fallo.
(Con información de AFP, AP, y EFE)
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