
El recientemente inaugurado túnel de Sala, construido en las montañas del noreste de la India, se ha convertido en un nuevo punto de tensión en las relaciones entre el régimen de China y el gobierno de Nueva Delhi.
El túnel fue presentado con orgullo a principios de mes por el primer ministro indio, Narendra Modi, que lo calificó como una “maravilla de la ingeniería”.
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Se trata de una obra que atraviesa el Himalaya a una altura aproximada de 3.900 metros. Entre sus ventajas, permite enviar rápidamente soldados a su controvertida frontera con China y “en cualquier condición meteorológica”, según CNN.
La construcción agrandó una disputa de antaño entre China y la India en torno a su frontera de 3.379 kilómetros.
En junio de 2020, 20 soldados indios y cuatro chinos murieron en enfrentamientos en la frontera. Fue la primera confrontación con víctimas fatales desde 1975.
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Pocos conflictos mundiales tienen el potencial de destrucción de un eventual enfrentamiento a gran escala entre China e India. Además de estar en el selecto grupo de países que cuentan con armas nucleares en sus arsenales, entre los dos representan el 36% de la población mundial. Por eso, la más mínima escaramuza enciende las alarmas de la comunidad internacional.
Con respecto al túnel de Sala, desde Bejing arremetieron contra el proyecto y la visita de Modi al estado de Arunachal Pradesh, que el régimen reclama como propio.
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“Exigimos a la parte india que cese cualquier acción que pueda complicar la cuestión fronteriza. El ejército chino permanece muy vigilante y defenderá resueltamente la soberanía nacional y la integridad territorial”, declaró la semana pasada un portavoz del Ministerio de Defensa.
Nueva Delhi calificó de “absurdas” las pretensiones chinas y aseguró que la zona “es y será siempre parte integrante e inalienable de India”.
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“Repetir argumentos infundados a este respecto no da ninguna validez a tales afirmaciones. Arunachal Pradesh fue, es y siempre será una parte integral e inalienable de la India”, reiteró en un comunicado el portavoz de Exteriores indio, Randhiar Jaiswal.
Modi visitó Arunachal Pradesh el 8 de marzo pasado, como parte de una gira en el noreste de la India, en un “viaje completamente natural”, según el Ministerio de Exteriores indio.
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Estados Unidos intervino en el cruce al reconocer como territorio indio a la región de Arunachal Pradesh, a la que China denomina Zangnan.
Beijing denunció la injerencia de la Casa Blanca y la acusó de “aprovecharse sistemáticamente de los conflictos entre otros países para servir a sus propios intereses geopolíticos egoístas”.
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Una larga historia de tensiones
El conflicto entre India y China es anterior a la conformación del primero como un país independiente. Desde los tiempos del Raj Británico hay disputas por los límites territoriales. En 1914, representantes británicos llegaron a un acuerdo con el entonces Reino del Tíbet, que fijó como división a la Línea McMahon. Pero China, que luego ocuparía el Tíbet, nunca reconoció ese pacto y reclama para sí cerca de 90.000 kilómetros cuadrados de territorio.
Tras la independencia de la India, los intentos de normalizar las relaciones bilaterales se frustraron rápidamente. En 1959, el primer ministro indio Jawaharlal Nehru realizó una importante visita oficial a Beijing, que terminó alejando posiciones en lugar de acercarlas. Cuando Nehru cuestionó los límites que aparecían en los mapas oficiales chinos, el primer ministro Zhou Enlai le respondió que su gobierno no aceptaba la frontera colonial. Tres años más tarde, estalló la guerra sino-india.
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Tras el levantamiento tibetano de 1959, cuando India concedió asilo al Dalai Lama, líder político y espiritual del Tíbet, se produjeron varias escaramuzas en la frontera. Eso llevó a la India a iniciar una política ofensiva, que consistió en establecer puestos de avanzada a lo largo de la frontera, incluso al norte de la Línea McMahon. Tras diversos intentos diplomáticos infructuosos, tropas chinas invadieron y penetraron en la región india de Ladakh el 20 de octubre de 1962.
Gran parte de los combates se desarrollaron en condiciones montañosas extremas, en altitudes superiores a los 4.000 metros y con temperaturas bajo cero. Por lo inaccesible del terreno, tuvo la particularidad de ser una guerra moderna que se desarrolló íntegramente entre fuerzas terrestres, sin participación de la aviación militar.
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La guerra terminó cuando China declaró un alto el fuego el 20 de noviembre de 1962. Fueron cuatro semanas que dejaron miles de muertos en el lado de India. Si bien las fuerzas chinas se retiraron, lograron capturar y mantener el Aksai Chin, un corredor estratégico que une el Tíbet con el oeste de China. Delhi reclama como propia toda esa región, al igual que el cercano valle de Shaksgam, en el norte de Cachemira.
Cinco años después se produjo el conflicto de Nathu La, el paso montañoso más alto de la India en el estado nororiental de Sikkim, que está situado entre Bhután, el Tíbet chino y Nepal. Durante una serie de enfrentamientos, que incluyeron el intercambio de fuego de artillería, se estima que murieron 80 soldados indios y hasta 400 chinos.
En 1975 se produjo el último cruce en el que se registraron disparos y víctimas mortales. Se lo conoce como la emboscada de Tulung La. Cuatro soldados indios murieron cuando una patrulla de fusileros fue emboscada por soldados chinos en ese paso ubicado en el estado de Arunachal Pradesh. Delhi culpó a Beijing por cruzar a territorio indio, pero China desestimó la acusación.

Desde ese momento, transcurrieron 42 años de relativa tranquilidad, hasta que las tensiones reaparecieron en 2017. Durante meses, India y China mantuvieron un enfrentamiento a gran altitud sin disparos en la región de Doklam de Bután, después de que el ejército indio enviara tropas para impedir que China construyera una carretera en la zona. La meseta de Doklam es estratégica, ya que da a China acceso al llamado “cuello de gallina”, una delgada franja de tierra que conecta los estados del noreste de la India con el resto del país. Lo reclaman tanto China como Bután, un aliado de la India. La desescalada llegó después de largas conversaciones de alto nivel.
Con la construcción de puentes y carreteras en el Himalaya, la India busca ponerse a la altura de China.
Beijing, por su parte, acusa a Nueva Delhi de “complicar la cuestión fronteriza y perturbar la situación en las zonas limítrofes entre ambos países” sus proyectos.
Durante una reunión al margen de la cumbre de los BRICS celebrada en Sudáfrica en agosto de 2023, Narendra Modi y Xi Jinping acordaron trabajar para intentar rebajar las tensiones.
(Con información de EFE, AFP y Reuters)
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