
El continente que vio nacer una corriente liberadora mediante la cual las personas podían sentirse iguales al quitarse la ropa en sitios públicos estaría perdiendo impulso en la era digital, marcada por un aparente resurgimiento del puritanismo, al menos fuera del contexto de las redes sociales.
Hacia fines del siglo XIX, las ideas de libertad, equidad, salud y sexualidad asociadas a quitarse las prendas de vestir en el ámbito público comenzaban a ganar fuerza en Europa.
Países escandinavos marcaron el camino con su culto por los saunas mixtos, donde hombres y mujeres compartían el mismo espacio desnudos y en completa armonía.
En el Mediterráneo comenzaron a surgir las playas nudistas, donde habitantes de zonas frías y grises podían recargar energía en completa conexión con la naturaleza.
Pero si existe una nación que llevó el concepto del nudismo a otra dimensión esa es Alemania, bajo la premisa del Freikörperkultur, o la cultura del cuerpo libre. Aquel que lo deseara, podía jugar deportes, realizar tareas de jardinería o simplemente estar completamente desnudo en un parque sin temor a ser arrestado o mal visto.

Un artículo sobre el tema publicado en la revista The Economist señala que uno de los motivos detrás del ocaso del nudismo radica en el hecho de que el auge de las redes sociales ha hecho que los jóvenes tengan más consciencia de su cuerpo y se nieguen a mostrar un físico que no sea catalogado como perfecto en la era de los modelos fitness de Instagram.
La omnipresencia de los teléfonos inteligentes con cámaras avanzadas también genera que muchas personas piensen dos veces antes de quitarse la ropa ante una multitud de potenciales paparazzi.
El movimiento #MeToo también jugaría un rol fundamental, con una nueva realidad en la que hombres y mujeres miden todos sus movimientos e intenciones a la hora de interactuar vestidos y en un entorno profesional, lo que indicaría que las interacciones desnudos sean vistas con mucho más respeto por el potencial efecto en cascada que podrían llegar a tener.

La popularidad y aceptación de la pornografía como algo habitual en la vida de cualquier persona tampoco ha colaborado a mejorar la situación dado que uno de los requisitos fundamentales de una playa o sauna naturista es la desexualización del cuerpo desnudo.
El topless también va en declive entre las mujeres europeas, sobre todo las francesas. Una encuesta de 1984 reveló que el 43 por ciento de la féminas galas menores de 50 años prefería tomar sol sin la parte superior de su bikini. Para 2017 esa cifra había bajado al 22 por ciento y se espera que la tendencia siga en la misma dirección.
Los nudistas de hoy aseguran que resulta cada vez más difícil lograr separar al nudismo del sexo, algo que sin lugar a dudas no juega en favor de la cultura naturista.
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