
Si nos preguntamos qué es lo que nos estresa, la mayoría de nosotros dirá que es la falta de tiempo. Que vivimos corriendo de un lado para el otro, llevando a los niños a la escuela, sumado a la oficina, las tareas de la casa, las compras, las salidas, etc. Estar muy ocupados y tener poco tiempo para todo lo que hacemos parecen ser los motivos más comunes para sufrir estrés. Pero para sorpresa de muchos, no son esos los factores que nos llevan a padecerlo.
Para que una conducta sea considerada estresante, debe liberar cortisol (la hormona del estrés). En esas situaciones, se produce un aumento del nivel de cortisol.
El Centro de Estudios sobre el Estrés, de la Universidad de Montreal (considerado el mejor del mundo en este tema) han podido identificar que son cuatro las características de una situación que provocan stress. A saber: Que sea una novedad, que sea impredecible, que tengamos una sensación de descontrol o que lo consideremos una amenaza para nuestra personalidad o nuestro ego.
Para que un hecho o circunstancia se considere estresante tiene que cumplir al menos una de estas características. Cuantas más condiciones se cumplan, mayor será el grado de estrés al que estaremos sometidos. Cuando estamos expuestos a situaciones de estrés por un periodo de tiempo prolongado (problemas laborales, de pareja o de dinero) corremos el riesgo de tener un estrés crónico.
Cuando el estrés empieza a cronificarse, se manifiesta en tres fases. En la primera fase la digestión cambia. Comenzamos con alguna alteración en el aparato digestivo (en los niños se manifiesta como dolor abdominal). En la segunda fase el cerebro empieza a pedirnos algo que le gusta y de eso quiere más y más. Más alcohol, más cigarrillos, más helados, más comida o cualquier otra cosa que le genere placer. El cerebro necesita de placer para calmarse y como consecuencia, nosotros comenzamos a tener conductas de consumo de manera excesiva. En la tercera y última fase es cuando nos enfermamos. Comienzan los problemas de memoria, la dificultad para concentrarse, los cambios de personalidad, la irritabilidad, la falta de paciencia y los sentimientos depresivos.
No hay un método universal para administrar el estrés. Todos somos diferentes y necesitamos cosas distintas para relajarnos y sentirnos bien. Tenemos que poder identificar qué cosas necesitamos para bajar los niveles de tensión con la que vivimos y de esa manera poder reducir los niveles de estrés. Una buena forma de comenzar a luchar contra el estrés es conocerlo bien, de esa manera podremos identificar más rápidamente los síntomas y comenzar acciones para detener el proceso.
Recuerde: Mantener una problemática a lo largo del tiempo no solo nos genera malestares, sino que nos puede llevar a enfermarnos. Cuide sus niveles de estrés.
*Psicóloga y escritora
Lo aquí publicado es responsabilidad del autor y no representa la postura editorial de este medio
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