
Tras la masacre de nueve miembros de la familia LeBarón, tres mujeres y seis niños, el 4 de noviembre en Bavispe, Sonora, al menos 100 integrantes de la comunidad mormona fundamentalista huyeron de México hacia Estados Unidos.
Los primos Julián y Adrián LeBarón perdieron a esos nueve parientes en la brutal emboscada, pero nunca consideraron abandonar su país natal. En cambio, han lanzado una campaña quijotesca por la justicia en medio de la violencia generada por los cárteles del narcotráfico en México.
“Tenemos que superar nuestros miedos y hacer todo lo posible para detener esta mierda”, dijo Julián en entrevista con The Guardian.
Ambos primos son activistas contra el crimen y esperan poder ayudar a persuadir a otros a levantarse y presionar a los funcionarios para que pongan fin al derramamiento de sangre. Las víctimas de la violencia del crimen organizado a menudo son vistas como cómplices de sus propias muertes.

Julián LeBarón argumenta que ha tenido suficiente sufrimiento y que le queda muy poco por perder. “La gente tiene que experimentar suficiente miedo, dolor, para que puedan decir: ¿qué más pueden hacerme? Me ha sucedido”.
The Guardian señala que, en México, los familiares de las víctimas y los activistas contra el crimen organizado a menudo terminan siendo atacados, pero los LeBarón se han negado a guardar silencio, hablando en contra del crimen organizado y las políticas de seguridad del presidente André Manuel López Obrador.
Julián reconoce que tal franqueza sólo es posible debido al estatus binacional de su familia: sus antepasados se mudaron a México a fines del siglo XIX para evitar las leyes que prohíben la poligamia de Estados Unidos y casi todo el clan conserva esa nacionalidad.
“Tenemos doble ciudadanía. Tenemos protección del FBI y (del presidente de EEUU) Donald Trump que atemoriza a algunas personas. ¿Quién más va a decir algo? Ayer mataron a cuatro mujeres en Ciudad Juárez y mañana no serán noticia. (Pero) Mataron a tres mujeres y algunos niños de nuestra familia y son noticia internacional”.

Pero el privilegio de la familia LeBarón también conlleva responsabilidad, argumentó Julián. “Somos la cara y la voz de esas mujeres y de todas las personas que sufren en México”. Sin embargo, no hizo ninguna referencia al asesinato e incineración de 10 músicos indígenas en la comunidad marginal del Chilapa en el sureño estado mexicano de Guerrero.
En 2011, Julián Lebarón se unió a una caravana contra la violencia convocada por el poeta Javier Sicilia, a raíz del asesinato de su hijo. Ahora participa en una nueva marcha con Sicilia que culminará el próximo domingo en Palacio Nacional.
Sicilia reconoció que nunca había planeado organizar otra protesta nacional, pero le dijo a The Guardian: “simplemente no podía soportar tantas muertes más, especialmente lo que sucedió con los LeBarón: mujeres y niños asesinados de una manera tan repugnante e indignante”.
El presidente López Obrador puso fin a la guerra contra el narcotráfico declarada por el panista Felipe Calderón (2006-2012) y continuada por su sucesor Enrique Peña Nieto (2012-2018), e implementó una estrategia basada en la renovación moral y abordar las causas fundamentales de la violencia: la pobreza y la corrupción. Sin embargo, su estrategia de “abrazos no balazos” no ha dado los resultados esperados.

“El presidente tiene todo el derecho de abrazar a las personas que lo están atacando, pero tiene el monopolio del uso de la fuerza y las herramientas de seguridad”, dijo Julián LeBarón a The Guardian. (Sin embargo) No tiene ningún derecho de pedirle a ningún ciudadano que abrace a las personas que están asesinando a su familia”, reclamó.
Aclara que no es un oponente de López Obrador, quien se ha reunido en dos ocasiones con miembros de la familia LeBarón desde la masacre y ha prometido que el caso no quedará impune.
Por su parte, Adrián LeBarón, cuya hija Rhonita fue asesinada en la emboscada en Bavispe, dijo a The Guardian que estaba acostumbrado a ser etiquetado como vendepatria o traidor. “No soy nadie por allá (en EEUU) y no soy nadie por aquí. Soy un vendepatria en ambos sentidos”.
Adrián y Julián argumentan que cualquier intento de enfrentar la crisis de seguridad en México debe comenzar desde abajo, deshaciendo las redes de corrupción que han contaminado al gobierno en todos los niveles.

Y muestran escepticismo ante la idea de que cualquier participación adicional de Estados Unidos. “Si Estados Unidos enviara un avión no tripulado para matar (al líder del cártel de Sinaloa, Ismael) “El Mayo Zambada, eso no resolvería nada”, admitió Adrián LeBarón.
Y es que, a finales de noviembre pasado, Donald Trump amagó con declarar como organizaciones terroristas a los cárteles de la droga mexicanos con lo que soldados o agentes estadounidense operarían en territorio mexicano en clara violación a la soberanía nacional.
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