
La agrivoltaica es una práctica que integra la agricultura y la generación de energía solar en un mismo terreno, mediante la instalación de paneles solares elevados sobre los cultivos. Este sistema permite el uso simultáneo y no competitivo del suelo rural, optimiza el aprovechamiento del espacio disponible y abre nuevas oportunidades para diversificar los ingresos de los agricultores. Así, es posible producir alimentos y energía limpia en paralelo, una estrategia que, de acuerdo con investigaciones lideradas por la Western University de Canadá, representa una alternativa eficiente y sostenible para el sector agrícola y energético.
Un equipo encabezado por el profesor Joshua Pearce de la Western University de Canadá, citado por el medio británico Positive News, demostró que los sistemas agrivoltaicos pueden transformar la productividad agrícola a gran escala. Los investigadores hallaron que la sombra proyectada por los paneles crea un microclima protector que resguarda a los cultivos de olas de calor, granizo y otros fenómenos climáticos extremos. Este entorno controlado también promueve la mejora de la salud del suelo, favoreciendo la conservación y el reciclaje de nutrientes, factores determinantes en zonas con variabilidad climática.
El estudio señala que los beneficios de la agrivoltaica no se restringen solo a los cultivos: los sistemas permiten mantener el pastoreo de ganado, incluso tras el final de la vida útil de los paneles. Los datos obtenidos por Pearce y su equipo indican que el microclima bajo paneles desactivados puede ser incluso más favorable para el desarrollo agrícola.
“Las instalaciones fuera de servicio o sin energía no deben descartarse como obsoletas, sino reconsiderarse como activos agronómicos duraderos”, afirmó Pearce. Esta perspectiva propone que los paneles solares fuera de operación sigan aportando valor al campo como activos agronómicos.

Impacto global de la agrivoltaica
La modelización realizada por el grupo de la Western University estima que el sombreado pasivo de paneles solares, incluso tras su desactivación, podría elevar la producción agrícola mundial en el orden de USD 580.000 millones.
Esta cifra desafía la objeción tradicional de que los parques solares compiten con la agricultura por el uso del suelo. Por el contrario, los datos respaldan la idea de que la integración de paneles solares en campos agrícolas puede potenciar el rendimiento y mejorar la seguridad alimentaria global. El equipo de Pearce destaca que estos sistemas fortalecen la conservación del suelo y reducen el estrés térmico tanto en cultivos como en ganado, extendiendo su utilidad más allá de la mera generación de energía.
Sostenibilidad y adaptación al cambio climático
La generación de energía limpia es otro de los pilares de la agrivoltaica, que contribuye a la reducción de emisiones contaminantes y al desarrollo de fuentes renovables. Otro estudio presentado en el congreso anual de la American Geophysical Union (AGU) en 2025, encabezado por Talitha Neesham-McTiernan de la Universidad de Arizona, confirmó que la sombra de los paneles solares reduce las temperaturas extremas hasta en 10 °C. Esta mitigación del calor no solo protege los cultivos, también alivia de forma tangible la fatiga y el estrés térmico de quienes trabajan bajo el sol.
La investigación, desarrollada en Jack’s Solar Garden, uno de los mayores laboratorios agrivoltaicos de Estados Unidos, mostró que la sombra móvil de los paneles disminuye el calor directo, reduce el agotamiento y mantiene el agua potable fría durante más tiempo, lo que resulta esencial para evitar golpes de calor en verano. Las mediciones reflejaron una reducción de hasta 5,5 °C en el índice de estrés térmico respecto a campos sin paneles, lo que puede marcar la diferencia entre jornadas sostenibles y condiciones extremas que obligan a interrumpir las tareas.
Perspectivas futuras y desafíos
El avance de la agrivoltaica plantea nuevas preguntas e investigaciones. La profesora Neesham-McTiernan planea expandir el análisis a otros climas y regiones para obtener datos fisiológicos más precisos y comprender mejor los límites y posibilidades de esta tecnología. El estudio realizado en Colorado también remarca la importancia de considerar tanto los datos objetivos como la experiencia directa de los trabajadores agrícolas, ya que la percepción del calor puede variar con respecto a las mediciones instrumentales.
El consenso científico sobre la agrivoltaica se consolida ante las críticas acerca del uso agrícola del suelo para energía. Los resultados del equipo de Pearce refuerzan que estos sistemas pueden ser aliados duraderos en la conservación del suelo, la reducción del estrés térmico y el sostenimiento del pastoreo, incluso cuando los paneles solares han superado su vida útil energética.
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