
La escena deportiva en Japón ha sido testigo del surgimiento de un fenómeno inesperado: spogomi, el deporte que transforma la recolección de basura en una competición vibrante y global. Con raíces humildes y un crecimiento meteórico, esta disciplina desafía tanto los límites de lo tradicional como la percepción pública sobre el cuidado ambiental.
Todo comenzó hace dos décadas, cuando Kenichi Mamitsuka, un apasionado corredor de Kagoshima, decidió recoger basura durante sus rutinas matutinas. En sus propias palabras, lo que en un inicio resultaba incómodo ante la mirada de los peatones, pronto se convirtió en una fuente de diversión.
Mamitsuka descubrió que el placer no solo venía del ejercicio físico, sino también del reto de convertir la basura en un “blanco” de su propia competencia personal. Esta experiencia fue el germen de una idea revolucionaria: si la recolección de basura podía resultar entretenida, ¿por qué no transformarla en un deporte organizado?.
Con experiencia en la organización de deportes sociales, Mamitsuka fusionó el concepto de deporte con el término japonés para basura, gomi, y así nació “spogomi”. A pesar del escepticismo inicial, el entusiasmo de los primeros eventos fue creciendo. Personas sin interés previo en la limpieza o la ecología comenzaron a sumarse, atraídas por la dinámica competitiva y el ambiente festivo.
En ese sentido, Mamitsuka observó que al presentar la recolección de basura como un juego, lograba captar a un público completamente nuevo.

El salto a la escena internacional no se hizo esperar. Desde su formalización en 2008, el spogomi ha acumulado cerca de 190.000 participantes que han recogido aproximadamente 200.000 kilos de basura, según la Federación SPOGOMI de la Fundación Nippon.
El verdadero punto de inflexión llegó en 2023, cuando Tokio acogió la primera Copa Mundial de Spogomi. Equipos de 21 países compitieron en las calles de la capital japonesa, y solo dos años después, la cifra ascendió a 34 equipos para la edición de 2025, consolidando el crecimiento internacional del deporte.
La clave del éxito global reside en un reglamento claro y accesible, que eleva la limpieza urbana a una competencia estratégica. Los equipos cuentan con 45 minutos para recolectar la mayor cantidad posible de basura en una zona delimitada, seguidos de 15 minutos para regresar a la base y evitar penalizaciones por retraso.
El reglamento prohíbe correr y exige que los integrantes permanezcan a menos de 9,7 metros unos de otros, evitando así ventajas desleales y garantizando la seguridad. No se permite ingresar en propiedad privada ni recoger objetos peligrosos, y en los eventos de alto nivel, como la Copa Mundial, árbitros observan el cumplimiento de todas las normas.
Una vez finalizada la recolección, los equipos disponen de 20 minutos para clasificar los residuos en los contenedores apropiados. El resultado no depende solo del peso total, sino también de la cantidad de objetos de alto valor, como colillas de cigarrillo. Esta combinación de destreza física y estrategia convierte a spogomi en un reto tan exigente como inclusivo.
Mamitsuka ha subrayado que uno de los principios fundamentales era evitar la segregación por género o edad y crear un espacio donde cualquiera pudiera aspirar al triunfo. Por ese motivo, una de las primeras reglas fue “no correr”, buscando nivelar el terreno de juego y fomentar la participación masiva.

La experiencia de los jugadores refleja la diversidad que caracteriza al spogomi. Atletas de alto nivel, como la escaladora olímpica Miho Nonaka, compiten junto a entusiastas sin experiencia previa en temas ambientales. Sarah Parry, miembro del equipo campeón de la Copa Mundial 2023, llamado “The North Will Rise Again”, que representó al Reino Unido, reconoce que nunca antes se había interesado por el medio ambiente, pero la pasión por el juego transformó su percepción.
“Yo no era alguien que recogiera basura ni supiera mucho sobre el medio ambiente o el clima, pero eso ha cambiado ahora gracias a spogomi, lo cual es asombroso”, añadió Parry.
El trabajo en equipo y la estrategia resultan fundamentales: el equipo de Parry logró recolectar 84 kilos de basura en una sola jornada, aprovechando las fortalezas individuales de sus miembros.
Los resultados de las recientes Copas Mundiales consolidan el atractivo y la competitividad del spogomi. En 2025, el equipo japonés “Smile Story” se coronó campeón con aproximadamente 165 puntos, superando por un margen mínimo a los alemanes de “The Grandline-Cleaners”.
Cabe destacar que el reglamento impide que el equipo campeón defienda su título en la siguiente edición, lo que obliga a cada país a renovar sus representantes y amplía las oportunidades para nuevas figuras.

El impacto del spogomi trasciende el ámbito deportivo. Según expertos como Marianne Krasny, directora del Laboratorio de Ecología Cívica de la Universidad de Cornell, este tipo de iniciativas pueden fomentar la conciencia ambiental y promover cambios estructurales en la gestión de residuos. Mamitsuka comparte esa visión y espera que el spogomi no solo inspire acciones individuales, sino también el compromiso de gobiernos y comunidades en la lucha contra la contaminación.
“Podrían pasar de una acción de estilo de vida, como recoger basura, a una acción de defensa de los derechos”, afirmó Krasny.
El futuro del spogomi se presenta lleno de retos y aspiraciones. Mamitsuka sueña con consolidar este deporte como un movimiento global equiparable al fútbol o al tenis, capaz de movilizar a millones de personas en favor del planeta.
La evolución de spogomi demuestra que la innovación social puede transformar gestos cotidianos en grandes gestas colectivas, donde cada pequeño esfuerzo suma para enfrentar desafíos compartidos.
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