Ofrecer alimento a animales silvestres es una práctica habitual en jardines y zonas urbanas, pero puede acarrear riesgos además de beneficios, según advierten expertos de la Universidad Tufts.
Alimentar aves mediante un comedero para pájaros en patios urbanos produce efectos diferentes que proporcionar comida en hábitats naturales, donde la intervención humana tiene implicaciones tanto ecológicas como sociales. Así lo sostienen los profesores Michael Reed y Michael Romero, del Departamento de Biología de la Universidad Tufts.
Entre los beneficios destacados, Romero explicó que los comederos para pájaros “probablemente reducen el estrés de las aves durante el invierno”, ya que les facilitan el acceso al alimento en épocas frías y disminuyen su esfuerzo para sobrevivir.
PUBLICIDAD
Reed añadió que esta práctica puede fomentar el compromiso ciudadano con la conservación: “Mucha gente ama a las aves porque las ve en sus comederos, y si votan por la protección de la tierra y apoyan refugios de vida silvestre, eso también es positivo para la población de aves”.

La utilización de comederos en espacios urbanos rara vez causa dependencia en las especies, ya que suelen emplearse solo en invierno y se retiran en primavera. En situaciones concretas, como la reintroducción del cóndor de California, la alimentación humana cumple un papel temporal para ayudar a individuos jóvenes a adaptarse al medio, de acuerdo con protocolos de recuperación de especies.
PUBLICIDAD
Sin embargo, los especialistas de la Universidad Tufts insisten en que nunca se debe alimentar a la fauna silvestre en entornos naturales, como parques nacionales, debido al peligro de que los animales, por ejemplo los osos, desarrollen conductas agresivas hacia las personas al asociar la presencia humana con la comida.
“Si se les hace adictos a la comida humana, es malo para los animales y para las personas, porque empiezan a atacar a la gente para conseguir alimento”, reclacó Romero.

El profesor también subrayó la importancia de evitar atraer especies portadoras de enfermedades, como “zorrillos y mapaches infectados con rabia”, así como a “gatos y coyotes asilvestrados”, ya que estas prácticas representan un riesgo para la salud pública.
PUBLICIDAD
Además, alimentar a ardillas listadas o dejar comida accesible puede traer problemas adicionales, pues a menudo acaba atrayendo animales no deseados y potencialmente peligrosos para la seguridad doméstica y la infraestructura local.
Un caso ilustrativo citado por Reed es el del ganso canadiense, que hace cinco décadas no residía todo el año en el noreste de Estados Unidos, pero actualmente permanece en esas zonas gracias a la abundancia de pasto disponible.
Esta presencia provoca conflictos en zonas residenciales, ya que “estos pájaros defecan por todo el césped”, comentó Reed, remarcando que la disponibilidad constante de alimento favorece la permanencia de especies en áreas urbanizadas y genera tensiones entre animales y habitantes.
PUBLICIDAD
A medida que las ciudades crecen y la interacción entre humanos y vida silvestre se intensifica, los desafíos derivados de la alimentación artificial se vuelven más notorios. Por ejemplo, la acumulación de restos de comida en espacios públicos puede atraer no solo aves, sino también roedores y otras especies oportunistas, lo que incrementa el riesgo de transmisión de patógenos y plagas.
Esta situación afecta tanto la biodiversidad local como la calidad de vida en los entornos urbanos, ya que las especies que prosperan gracias a la intervención humana suelen desplazar a otras nativas, alterando el equilibrio de los ecosistemas.
PUBLICIDAD

En este contexto, las políticas públicas y la educación ambiental adquieren un papel relevante. Diversos municipios han comenzado a implementar normativas que restringen o regulan la alimentación de fauna silvestre en plazas y parques, con el objetivo de prevenir conflictos entre animales y personas y reducir la propagación de enfermedades.
A su vez, organizaciones conservacionistas promueven campañas informativas para concientizar sobre los riesgos asociados a la alimentación artificial y difundir prácticas responsables de convivencia con la fauna local.
Ante este panorama, los expertos de la Universidad Tufts proponen alternativas para favorecer la presencia de fauna sin recurrir a la alimentación directa. Reed sugirió reemplazar los céspedes tradicionales por plantas autóctonas que sirvan de refugio y fuente de alimento natural para polinizadores y otras especies.
PUBLICIDAD
Para quienes deseen saber más, recomendó consultar el libro Nature’s Best Hope, de Douglas Tallamy, donde se exploran enfoques basados en la vegetación local para lograr una convivencia responsable con la fauna silvestre.
La responsabilidad de quienes disfrutan de la observación de animales en ciudades y suburbios no solo reside en evitar prácticas que puedan alterar el comportamiento natural de las especies, sino en buscar formas de apoyar la biodiversidad que sean sostenibles en el tiempo. El diseño de jardines urbanos con vegetación nativa, el respeto a las normativas locales y la educación constante sobre los impactos de nuestras acciones resultan fundamentales para garantizar una relación equilibrada con la vida silvestre.
PUBLICIDAD
Así, la interacción entre humanos y animales puede ocurrir en un marco que beneficie tanto a las personas como a los ecosistemas urbanos, contribuyendo a ciudades más saludables y diversas.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Menos tráfico, pulmones más desarrollados: la zona de emisiones ultrabajas de Londres impulsó el crecimiento en los niños
Investigadores de la Universidad Queen Mary siguieron a más de 3.400 menores durante cinco años y hallaron que restringir las emisiones vehiculares mejoró la función respiratoria infantil

De Venezuela a Perú: por qué Sudamérica enfrenta tantos terremotos
En menos de dos meses, estos dos países junto a Colombia sufrieron grandes sismos. Qué explica la seguidilla y cómo influye el Cinturón de Fuego del Pacífico en la región

Las llamativas especies de anfibios halladas en los jardines históricos de Kioto
Un relevamiento de la Universidad de la ciudad japonesa registró ocho especies en 80 estanques, arroyos y recipientes de 31 sitios de Higashiyama, incluidos templos, santuarios y escuelas urbanas

Cámaras trampa captaron por primera vez a un oso andino y su cría en La Calera, cerca a Bogotá
La CAR aclaró que no existe prueba para atribuir a estos osos los ataques al ganado reportados por la comunidad
Pulpos contra cangrejos: la insólita batalla submarina que Italia lanzó en el Adriático
El plan Octo-Blu ya arrojó al mar miles de crías desde junio y prevé duplicarlas antes de fin de agosto, con refugios artificiales para asentarlas cerca de arrecifes


