El momento en que un murciélago espectral adulto regresa al refugio y, en lugar de devorar su presa, la entrega voluntariamente a un miembro más joven de la colonia, desafía la imagen tradicional de este depredador como un ser solitario y feroz.
Esta escena, documentada en video por un equipo internacional de investigadores, reveló una faceta inesperada de Vampyrum spectrum: la cooperación y el cuidado biparental, comportamientos raros entre los murciélagos y aún más excepcionales en mamíferos carnívoros de gran tamaño.
El estudio, publicado en la revista PLOS One y realizado por científicos del Museum für Naturkunde – Instituto Leibniz para la Evolución y las Ciencias de la Biodiversidad y la Humboldt-Universität zu Berlin, junto con la organización Manzú Conservación de Murciélagos en Costa Rica, aporta una visión inédita sobre la complejidad social de la especie más grande de murciélago carnívoro del mundo, que habita desde el sur de México hasta el norte y oeste de Sudamérica, incluyendo países como Perú, Bolivia, Brasil y las Guayanas.
La investigación se centró en una familia de cuatro murciélagos espectrales que habitaba un árbol hueco en Guanacaste, Costa Rica. Durante tres meses, cámaras infrarrojas capturaron 73 videos que permitieron a los científicos construir un etograma con ocho categorías de comportamiento, desde la percha social —donde los murciélagos se agrupan en contacto físico, envueltos en las alas de sus compañeros— hasta el juego, pasando por saludos afectuosos, provisión de presas y alimentación cooperativa.

En 16 de los 73 videos, los murciélagos formaban una bola de abrazos al dormir, envolviéndose unos a otros con las alas y acompañando el contacto con vocalizaciones y acicalamiento. Según Marisa Tietge, coautora del estudio, “el comportamiento más entrañable fue formar una bola de abrazos al dormirse: cada murciélago envolvía un ala alrededor de su vecino más cercano, con los hocicos tocándose”.
El análisis de los videos reveló que la provisión de presas es un comportamiento común y mayoritariamente voluntario. En 12 de los 73 registros, un murciélago adulto ingresaba al refugio con una presa —generalmente un roedor o un ave— y la transfería rápidamente a otro individuo, casi siempre más pequeño.
En el 92 % de los casos, la entrega de la presa se realizaba sin conflicto, aunque en una ocasión se observó una lucha breve por el alimento. La diferencia en la distancia ocular entre el murciélago que proveía la presa y el que la recibía, medida en los videos, sugiere que los adultos comparten alimento principalmente con sus crías, lo que refuerza la hipótesis de un cuidado biparental. Este patrón se repitió en observaciones adicionales, donde el macho adulto traía presas al refugio y las entregaba a la hembra lactante o a las crías, que permanecían en el refugio durante largos periodos.
La dieta de Vampyrum spectrum incluye pequeños mamíferos en el 50 % de los casos observados, aves en el 30 % y presas no identificadas en el 20 % restante. El consumo de una presa puede extenderse entre 30 y 40 minutos, aunque la limitación de los equipos de grabación impidió verificar la duración exacta. En ocasiones, los murciélagos consumían la presa en solitario, incluso cuando otro individuo se acercaba en actitud de pedir alimento, lo que indica que la provisión de presas no es automática, sino que responde a señales sociales específicas.

El estudio también documentó comportamientos de juego en 13 videos, donde los murciélagos interactuaban con objetos, perseguían cucarachas o participaban en peleas lúdicas. Estas conductas, más frecuentes en especies con cuidado parental extendido, contribuyen al desarrollo de habilidades adaptativas y refuerzan los lazos sociales dentro del grupo. Además, los investigadores observaron saludos similares a abrazos entre murciélagos que regresaban al refugio y los que ya estaban en él, así como vocalizaciones sociales y acicalamiento mutuo, comportamientos que consolidan la cohesión del grupo.
Contrario a la creencia previa de que Vampyrum spectrum es un cazador solitario, los videos mostraron 40 casos en los que dos o más murciélagos salían o regresaban juntos al refugio, y en 6 ocasiones dos individuos realizaron el viaje de ida y vuelta en conjunto, con una duración promedio de 40 minutos. Esta sincronización sugiere que los subadultos pueden acompañar a los adultos para practicar la caza y perfeccionar sus habilidades, lo que añade una dimensión cooperativa a la dinámica de búsqueda de alimento.
La estructura social observada en esta colonia se caracteriza por la monogamia y un prolongado cuidado parental. Las crías, identificadas por su menor tamaño, permanecen en el refugio durante al menos 1,5 y 2,5 años respectivamente, lo que implica una inversión parental inusual entre los murciélagos.
Este modelo se asemeja al de especies como Chrotopterus auritus, que también exhiben monogamia social y provisión de alimento parental. En la mayoría de los mamíferos, el cuidado de las crías recae casi exclusivamente en las hembras, mientras que en las aves el cuidado biparental es la norma en el 90 % de las especies.

La baja densidad poblacional, los grandes requerimientos territoriales y la escasez de refugios en los bosques secos de América Central y del Sur, donde habita Vampyrum spectrum, favorecen la cooperación entre los miembros del grupo y la inversión de ambos progenitores en la supervivencia de la descendencia.
El equipo de investigación, según el comunicado difundido por los autores, destacó que “los murciélagos espectrales exhiben un nivel de comportamiento cooperativo y cuidado biparental que rara vez se documenta en los murciélagos, un área fascinante para futuras investigaciones”.
La observación de saludos afectuosos, provisión de alimento y juego, junto con la capacidad de los murciélagos para reconocer a los investigadores tras meses de ausencia, sugiere un grado de inteligencia y memoria social más avanzado de lo que se suponía. Tietge relató que, tras varias semanas de visitas al dormidero, los murciélagos pasaron de emitir llamadas amenazantes y esconderse, a observarla con curiosidad y permanecer en formación relajada, incluso después de nueve meses sin contacto.
La evidencia reunida por el equipo del Museum für Naturkunde y sus colaboradores redefine la comprensión de la vida social de los murciélagos espectrales. Lejos de ser simples depredadores solitarios, estos animales demuestran una compleja red de interacciones sociales, cooperación en la crianza y transmisión de habilidades, lo que amplía el horizonte sobre la evolución de los comportamientos cooperativos en mamíferos.
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