
Es sabido que el calentamiento global tiene consecuencias, y que algunas de ellas podrían percibirse dentro de varios años. No obstante, hay ciertos eventos climáticos que preocupan a los expertos por la inmediatez de sus efectos, que incluso podrían modificar el clima de una región. Es lo que está ocurriendo en la Península Ibérica, un territorio que comprende a países como España, Francia, Portugal y Andorra, bajo la influencia marítima del Mediterráneo y del Océano Atlántico.
¿De qué se trata? Del calentamiento estratosférico repentino, que comienza con un vórtice polar: una banda de vientos que rodean el Ártico y mantienen el frío “encerrado” en el extremo norte del planeta Tierra. Con un aumento de temperatura, la banda ventosa puede ceder, permitiendo que el aire helado se dirija hacia las zonas del sur, lo que podría implicar olas de frío en cualquier parte del hemisferio boreal.
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Según la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de EEUU, se cree que el calentamiento estratosférico repentino, como término, apareció por primera vez en una edición de 1853 de la revista Living Age. Sin embargo, la mayoría de las personas lo escuchó por primera vez en el año 2014, cuando un frío récord azotó a Estados Unidos y especialmente a Nueva York en el mes de enero.

Si bien ocurre todos los años, los expertos advirtieron que en la actualidad podría haber consecuencias directas y preocupantes, en principio, en regiones europeas. “El aire frío puede comenzar a desplazarse a otras regiones y producir un fuerte desalojo en alguna zona del mundo, provocando un cambio de tiempo muy invernal. Los modelos de aquí a finales de enero apuntan a que es probable que ocurra, pero nadie sabe si en las siguientes semanas tendrá consecuencias, en forma de una ola polar en alguna región, que podría ser Europa”, dijo en diálogo con El Mundo el meteorólogo José Miguel Viñas.
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“En el Ártico hay ahora aire frío acumulado, que es como se forma el vórtice polar. Ese vórtice existe tanto en la troposfera (la parte baja de la atmósfera, que es donde vivimos), como en la estratosfera. En invierno, el frío se concentra en esas dos capas, que están acopladas. A veces ocurre que desde la troposfera se inyecta aire muy cálido a la estratosfera, y se forma ese calentamiento súbito estratosférico. Tanto la ola de frío de Rusia actual como la que hubo en América (del norte) en diciembre no se dan con esa magnitud todos los años”, añadió el profesional.
Otros fenómenos climáticos que podrían afectar al planeta
El calentamiento global estratosférico repentino no es el único evento climático que preocupa a los expertos por sus consecuencias directas e inmediatas. Por caso, el llamado “ciclón bomba”, una tormenta grande e intensa de latitudes medias que tiene una presión baja en su centro, frentes meteorológicos y una serie de condiciones climatológicas asociadas, es muy frecuente en la costa este de Estados Unidos.
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¿Por qué sucede allí? Porque las tormentas en las latitudes medias -una zona templada al norte de los trópicos que incluye todo el territorio continental del país del norte- obtienen su energía de los grandes contrastes de temperatura. A lo largo de la costa este de Estados Unidos, durante el invierno, existe un potente contraste térmico natural entre la tierra fría y la corriente cálida del Golfo, según consignó la revista Time.
De esta manera, se pueden observar desde ventiscas hasta fuertes tormentas eléctricas y precipitaciones. Este fenómeno se convierte en una “bomba” cuando su presión central disminuye muy rápidamente, al menos 24 milibares en 24 horas. Dos famosos meteorólogos, Fred Sanders y John Gyakum, dieron nombre a este patrón en un estudio de 1980.
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Cuando un ciclón “bombardea”, o sufre una bombogénesis, esto nos indica que tiene acceso a los ingredientes óptimos para fortalecerse, como altas cantidades de calor, humedad y aire ascendente. La mayoría de los ciclones no se intensifican rápidamente de esta manera. Los ciclones bomba ponen a los pronosticadores en alerta máxima, porque pueden producir impactos dañinos significativos.

Otra problemática muy latente en la actualidad es el “Cisne gris”. Según la revista Time, este es un término utilizado por los científicos para describir “un evento extremo increíblemente raro, estadísticamente hablando”. Y como el cambio climático hace que los llamados eventos “una vez en un siglo” (los imposibles de predecir, o “cisnes negros”) tengan chances de ocurrir con más frecuencia, los expertos buscan determinar en qué medida el aumento de las temperaturas globales hace que ciertos eventos climáticos extremos sean más probables. Esto se conoce como ciencia de atribución climática.
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Por ejemplo, un estudio publicado en el pasado mes de noviembre determinó que la ola de calor del noroeste del Pacífico del año 2021 fue un evento de “cisne gris”, y que fue posible gracias a una serie de condiciones climáticas poco probables que ocurrieron al mismo tiempo. El autor de la investigación aseguró a los medios en ese momento que, a pesar de ser estadísticamente improbables, en función de cómo está cambiando el clima, se están volviendo “físicamente concebibles y también potencialmente predecibles para el presente o el futuro”.
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