
Cuando abre Art Basel pienso en todos los artistas jóvenes latinoamericanos que ven noticias sobre la feria, que siguen en las redes las publicaciones sobre ese despliegue de arte y de opulencia que parece inalcanzable.
Yo fui uno de ellos, hace 17 años, cuando llegué a Miami. La escena artística y las ferias me parecían una quimera. Y sin embargo, con el tiempo fui accediendo, me fui metiendo. Hasta llegué a tener cuatro espacios; uno de ellos fue una galería en el Hotel Carlyle, en Ocean Drive, donde filmaron La jaula de las locas, la película con Robin Williams, otra en un Penthouse y dos en Wynwood.
Me acuerdo de la ilusión que sentía, del estado de promesa de las ferias. Ahora, tantos años después, vemos que el sueño se concretó, y creció. Miami Art Week es la Meca de los artistas, galeristas y coleccionistas del mundo. Es fantástico mirar hacia atrás y recordar cuando esta realidad de hoy parecía ciencia-ficción.

No hubo magia: todos los actores de la escena artística trabajamos mucho. Recuerdo, por ejemplo, que por entonces también tramitaba mi visa de artista, y tenía que hacer exhibiciones. Pues hice 24 en un año, en espacios variados —restaurantes, edificios, cines, bares, hoteles, museos, galerías, patios, terrazas, cumpleaños, casamientos— con la colaboración de la más diversa gente interesada en el arte.
La semana del arte de Miami no sólo se ha convertido en realidad, sino que sucede en un tiempo muy especial: ahora los jóvenes artistas latinoamericanos también pueden exhibir online. Eso marca un punto de inflexión. Mi carrera se transformó exponencialmente a partir de las plataformas sociales.
Se puede llegar a a todo el mundo. Literalmente: pinté a Donald Trump para un evento benéfico en su casa. Entonces aprendí que hay que tener cuidado con las redes, porque te pueden construir o destruir. Pero si las usamos inteligentemente podríamos llegar a miles de personas. Y eso es lo que todo artista quisiera, ¿verdad?

Porque ¿para qué el pinta el artista? ¿Por qué? ¿Para quién?
Pensemos en aquella polémica sobre “la banana de Art Basel”, como se la conoció: la obra Comedian, de Maurizio Cattelan. Una banana pegada con cinta a la pared. ¿En qué consistía la comedia? ¿Éramos nosotros, los espectadores que íbamos a tomarnos una foto con la banana? ¿Era el artista, que sugería que el mundo del arte había enloquecido o que era una farsa? Muchos artistas quedamos como ofendidos, muy conmocionados.
La pandemia nos sacó de esas reflexiones sobre para qué existe el arte. Nos recordó la fragilidad de la vida, la fugacidad del tiempo, el imperativo de hacer lo que se quiere antes de que sea tarde.
Este año, finalmente, Miami Art Week ha vuelto a ser completamente presencial. Todo volvió a su cauce y visitar Art Basel fue una sorpresa: tanto las obras, como la curaduría y el montaje me parecieron excelentes, impecables, sorprendentes. Nada que moleste. Muchas veces me pregunto frente a una obra: “Si me la regalan, ¿me la llevaría a casa?”. Y en esta 20º edición de Art Basel no hay nada que rechazaría.

El encuentro del arte y la tecnología, necesario durante la pandemia, ha cobrado nuevas formas. De los NFT a la realidad aumentada, de la inteligencia artificial a las redes, los artistas jóvenes pueden estar aquí o en Argentina, México, Colombia, Perú o cualquier otro lugar del mundo. Ya hay galerías online —yo, que creo que son el futuro, tengo una— que permiten que no sea necesario estar en estos lugares tan opulentos, tan inconquistables en apariencia como Art Basel: es suficiente ser. Ser ese artista que viniste a ser.
Si eres un joven artista latinoamericano que está comenzando su carrera, esta escena cultural ya está a tu alcance. Hoy puedes venir, presencial o virtualmente, a estas ferias y buscar la inspiración o el asombro, o ponerse al día viendo qué están haciendo los demás.
Havi Schanz es artista —arquitecto y urbanista por su formación— y sus obras e instalaciones han sido exhibidas en espacios públicos, ferias internacionales y exposiciones individuales y colectivas en los Estados Unidos y en varios países de Europa, América Central y del Sur. Nacido en Argentina, reside en Miami donde, además de tener su taller, dirige HaviArt.com, una galería de arte completamente online.

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