
El movimiento de la derecha alternativa en los Estados Unidos tiene líderes, ideología y una extensa cobertura en la prensa. El de la izquierda alternativa parece insinuarse en el horizonte político, al menos como polémica.
Y como epíteto: desagrada tanto a quienes apoyan al presidente Donald Trump como a quienes lo denuestan.
En Fox News, el presentador Sean Hannity criticó a los jueces que bloquearon el veto migratorio: "Esto es parte de la estrategia de la izquierda alternativa radicalizada para socavar y quitar legitimidad al presidente. En este caso, eligen a dedo a los jueces liberales para que emitan dictámenes en contra de lo que son órdenes ejecutivas muy legales, constitucionales".

En Vanity Fair, el editor James Wolcott, criticó a quienes manifiestan "desilusión por la presidencia de [Barack] Obama, odio por Hillary Clinton, disgusto ante las 'políticas de identidad'" porque han creado "una afinidad entre la derecha alternativa y la izquierda alternativa". Ambos sectores, condenó, "berrean algunas de las mismas melodías en claves diferentes".
La polémica comenzó durante la campaña electoral de 2016, cuando la Alt-Right apoyó a Trump y ganó espacio. Tanto del lado conservador como del lado liberal hubo comparaciones entre el precandidato demócrata Bernie Sanders y el republicano, como si hubieran sido dos caras de una misma moneda.

En aquel momento la actriz Susan Sarandon dijo que Clinton era "más peligrosa que Trump" y especuló que "un triunfo de Trump podría acelerar la revolución", escribió Wolcott. "El romance de la izquierda con la revolución ha sido siempre un bloqueador de la realidad, esta creencia termodinámica en que las cosas necesitan empeorar más allá del punto de tolerancia para que la gente se saque los vaporeadores de los labios, se alce y asalte la Bastilla". Pero la historia muestra otra cosa, argumentó: "Las cosas pueden mantenerse mal y empeorar durante un largo tiempo, y dejar heridas que no cierran".

La derecha alternativa tiene gran presencia en los medios, no sólo por sus propios canales, como Breitbart News, sino por la atención que le prestan amigos y adversarios. "La izquierda alternativa no puede equipararla en fuerza, malignidad o alcance tentacular", comparó Wolcott, pero "su pureza progresista impone un poderoso campo de distorsión en línea".
La firma de Vanity Fair citó entre las voces principales de la Alt-Left sitios como Jacobin, The Intercept, Truthdig, Consortiumnews y Naked Capitalism, y personas como el abogado y periodista Glenn Greenwald (quien participó en las filtraciones de Edward Snowden), la profesora de la Universidad de Berkeley Eileen Jones (quien publicó una proclama, "Contra Meryl Streep", para demoler el discurso de la actriz en los Golden Globes) y el cineasta Oliver Stone.
El director de Pelotón, The Doors, JFK y Asesinos por naturaleza, que luego se volcó a un cine más político como Looking for Fidel, Snowden y un documental sobre Vladimir Putin que se estrenará en 2017, defendió al presidente republicano en Facebook: "A pesar de todo lo que disiento con Donald Trump (y lo hago) en este momento él es el objetivo número uno de la propaganda de los medios masivos", publicó Stone cuando se comenzó a discutir sobre la injerencia de Rusia en las elecciones de los Estados Unidos. "Me acuerdo bien de la década de 1950, cuando se suponía que los rusos estaban en nuestras escuelas, el Congreso, el Departamento de Estado", señaló en referencia a los años del macartismo.
Allí Wolcott encontró un punto en común destacable entre las facciones ideológicas que se presumen opuestas: "Existe una confluencia entre la derecha alternativa y la izquierda alternativa con respecto a Vladimir Putin". Citó al demócrata Dennis Kucinich (quien felicitó a Trump por su triunfo) como alguien que comparte "el miedo de Stone de que se siga agitando la rusofobia" para ocultar planes no del Kremlin sino de la inteligencia estadounidense: "Suficientes mentiras sobre #Rusia y el robo de la elección = propaganda de CIA y el Departamento de Estado para legitimar las hostilidades", tuiteó Kucinich.
Los adversarios se funden telepáticamente, argumentó el periodista de Vanity Fair, "en la creencia de que el enemigo real, el verdadero Imperio del Mal, no es la Rusia de Putin sino el estado dentro del estado, la sopa de letras de la matriz de seguridad nacional, la CIA/el FBI/la NSA".
En la revista Forbes, Sean Lawson rechazó que la izquierda alternativa mereciera tanta atención: "Una manifestación, algunos sentimientos personales heridos, un puñado de cuentas anarquistas en Twitter", escribió. "Bienvenidos a la realidad alternativa".
LEA MÁS:
Últimas Noticias
Volvieron a detectar nuevos casos de influenza aviar en Río Negro y Córdoba: cómo prevenir el contagio
Mientras los productores avícolas exigen la aplicación de un programa de vacunación nacional, el SENASA reforzará los controles en las regiones afectadas

Las legumbres se destacan como la mejor fuente de fibra para la salud digestiva, según expertos
Incluir estos alimentos permite que más personas puedan mejorar su digestión, regular funciones vitales y mantener el equilibrio corporal, según nutricionistas y organismos internacionales

Bolivia elige autoridades regionales en una elección que definirá el mapa político de los próximos años
Más de 5.000 cargos públicos se ponen en juego este domingo en unos comicios que marcarán el equilibrio territorial del poder, con disputas clave en algunas regiones y la reaparición de figuras que habían estado fuera de la palestra los últimos años
“De la noche a la mañana perdí a mi hija”: una mujer uruguaya lucha por regresar con la bebé que adoptó y luego le fue quitada
Rosario Delgado hacía tres años esperaba ser mamá pero a los nueve meses de adoptar a Itzaé se la sacaron para entregarla a un tío biológico. Ahora, cuestiona que se vulneraron los derechos de ella y de la pequeña y está convencida de que por siempre será la madre

Liubov Tsybulska, experta en guerra híbrida: “América Latina es muy susceptible a la narrativa rusa y el Kremlin lo sabe”
La arquitecta de las defensas comunicacionales de Ucrania describe el paso de las “fake news” a una guerra cognitiva masiva potenciada por la inteligencia artificial. Revela además las grietas económicas y sociales que empiezan a socavar el poder de Vladimir Putin


