
La vida de André Aciman -el autor del aclamado Call me by your name- cambió drásticamente a los 16 años, cuando su familia fue expulsada de su Egipto natal, donde hasta entonces habían disfrutado de una existencia acomodada. En su nuevo libro, “Roman Year”, Aciman retoma la historia familiar que había dejado en su anterior memoria, Out of Egypt, narrando el exilio en Italia tras la crisis sociopolítica en Egipto bajo Gamal Abdel Nasser. El contexto histórico de los años 50 y 60, marcado por las políticas nacionalistas y antisemitas de Nasser, provocó la confiscación de bienes judíos, incluido el negocio de la familia Aciman, lo que los condenó al exilio. El libro de Aciman retrata ese cambio radical en el que pasaron de ser parte de la élite egipcia a pobres refugiados en Italia, enfrentando una nueva vida en un país extraño y en una situación de precariedad impensable hasta entonces.
En su exilio, la familia Aciman se instala en un pequeño departamento en Roma, un lugar que anteriormente había sido un burdel. Esta particularidad del nuevo hogar es también un reflejo de su nueva realidad, despojada de los lujos y privilegios de antaño. La mudanza está llena de dificultades, y Aciman describe en su libro cómo sus padres y él mismo enfrentan el desafío de adaptarse a un entorno completamente diferente. Roma, con su belleza clásica, sus tradiciones y su atmósfera particular, se convierte en un escenario donde observa y reflexiona sobre su lugar en el mundo, con una mirada cada vez más crítica y desilusionada. Como relata el autor, un tío de Nueva York les propone emigrar a Estados Unidos para comenzar de nuevo; sin embargo, ni sus padres ni él habían considerado esa opción hasta entonces, algo que habla del estado de inercia en que se encontraban, sin una dirección clara.
Identidad e impacto emocional del desplazamiento
El exilio y la pérdida de estabilidad en “Roman Year” marcan profundamente la evolución emocional de Aciman, quien explora cómo esta situación de desarraigo influye en su identidad y su forma de ver el mundo. De joven, se ve obligado a reconstruir su vida en un lugar en el que no se siente perteneciente y donde la nostalgia por la vida que dejó en Egipto se convierte en un sentimiento constante.
A través de sus palabras, el escritor evoca la tristeza y la desconfianza que experimenta hacia un mundo que siente que le ha arrebatado su hogar y su seguridad. La conexión con su padre, que permanece en Egipto un tiempo antes de mudarse a París, es igualmente distante y complicada, reflejando la compleja relación familiar que, en el fondo, también se ve afectada por las circunstancias.

La multiplicidad lingüística como reflejo de la diáspora
Uno de los elementos más interesantes en la narración de Aciman es el papel del lenguaje. La familia, que ha sido desplazada tantas veces, comunica su historia de exilio a través de una diversidad de idiomas: hablan francés, árabe, griego, italiano, ladino y otros. Esta multiplicidad lingüística no solo ilustra la historia de las migraciones forzadas que han sufrido, sino también una identidad fragmentada. En Roma, esta barrera se convierte en una vía de conexión y adaptación para algunos miembros de la familia.

Su madre, sorda desde joven, encuentra una manera de relacionarse con los italianos a través de sus expresiones faciales y gestos, un lenguaje no verbal que le ayuda a sentirse menos excluida. La tía Flora, quien ya había sido desplazada de Alemania y luego de Egipto, enseña a Aciman a entender que no poseen una sola identidad, sino varias, creadas en cada lugar donde se han visto obligados a reconstruir su vida.
El estilo del autor en “Roman Year” es un viaje en sí mismo. Con una prosa evocadora, rica en detalles sensoriales, logra llevar al lector a la Roma de los años 60, recreando los lugares, los sentimientos y la nostalgia del tiempo perdido. A través de descripciones que capturan desde los aromas de la ciudad hasta los sonidos y colores, Aciman permite a los lectores experimentar el mundo tal como él lo vivió en ese momento de transformación. Menciona, por ejemplo, el sabor de una alcachofa y el olor de la bergamota, logrando una ambientación casi cinematográfica que refuerza el carácter melancólico de la obra. La exploración de la ciudad también se convierte en una forma de autoexploración para él, que, con una escritura pausada, invita al lector a reflexionar sobre el significado del hogar, la pertenencia y la identidad.
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