
Si alguien apoya una regla sobre un mapamundi e intenta unir Buenos Aires y Berlín con un lápiz, esa línea recta trazada en el papel mediría, a escala, 11.902 kilómetros. Lejísimo. Y esa lejanía se extiende aún más a partir de la barrera idiomática. Sin embargo, hay muchas similitudes entre estas dos ciudades cosmopolitas, multiculturales y literarias. Tal vez más de las que uno imagina. El miércoles, por ejemplo, en la Biblioteca del Parque de la Estación, en pleno barrio de Once, se llevó a cabo una mesa-debate entre escritores y editores de ambas ciudades. El lugar —algún alemán lo podría decir mejor— bien podría estar en Berlín: es enorme, posee mucho espacio verde y no está abarrotado de gente. Un micrófono pasa de mano en mano. El tema: literatura.
El título de este encuentro es “Estrategias de profesionalización del campo editorial y literario” y tuvo por objetivo comentar experiencias, analizar la situación y repensar objetivos en ambos extremos de la línea trazada en el mapa. Lo organizó el Ministerio de Cultura de la Ciudad y el Goethe Institut en el marco del ciclo Topografías Literarias que celebra los 25 años de hermandad entre Berlín y Buenos Aires. Ahora, que son casi las seis y media de la tarde, el sol cae en el horizonte dejando un reflejo en los charcos que dejó la lluvia pasajera. Mientras tanto, los escritores y editores hablan frente a unos sesenta espectadores que escuchan con atención.
Son cuatro participantes: los argentinos Víctor Malumián, editor de Godot y uno de los fundadores de la Feria de Editores, y Enzo Maqueira, escritor y miembro de la Unión de Escritoras y Escritores; la poeta y traductora francesa Aurélie Maurin que desde el año 2000 reside en Berlín; y Timo Berger —”un alemán aporteñado”, como lo llamó Enrique Avogadro sobre el final de esta mesa—, poeta y creador del festival de poesía Latinale. ¿Cómo se desarrollan los procesos de producción, traducción, circulación, difusión y recepción del libro en ambos países? ¿Qué trabas y obstáculos hay en el camino de la edición independiente y de la organización autónoma? ¿Qué problemas estructurales tiene el campo editorial y cuáles son las posibilidades de desarrollo?

Timo Berger toma el micrófono y comienza hablando de eso que en Berlín llaman “escena libre”: la cultura independiente dentro de la literatura. Cuenta que hay cuatro instituciones públicas que funcionan como pilares, además del Festival Internacional de Literatura y el Festival Internacional de Poesía. “En Berlín existe el City Tax, un impuesto municipal que se le cobra a los turistas que pernoctan en la ciudad. Una parte importante de ese dinero recaudado va a la cultura”, cuenta. Esta “tasa turística” está vigente desde el primero de enero de 2014 y se aplica en alojamientos a viajeros con fines recreativos. “Nos falta una representación gremial”, continúa Berger, “algo que en el teatro hay, porque son un número considerable, y eso permite tener diálogo con políticos y partidos para, por ejemplo, discutir los presupuestos”.
“No siempre es fácil ser libre e independiente”, comienza Aurélie Maurin —intérprete mediante—, quien forma parte de Toledo, un programa del Fondo Alemán para la Traducción. “Hace dos años el Senado otorga becas a escritores que viven en Berlín pero que no escriben en alemán”, dice y enseguida agrega: “Los traductores son parte de la vida literaria de la ciudad”.
El paneo de la edición independiente local la dio Víctor Malumián haciendo referencia a la Feria de Editores. “Hay tres puntos que respetemos en la FED”, dijo y los detalló: 1) “todas las editoriales tienen las mesas del mismo tamaño”; 2) “tiene que atender la mesa sí o sí el editor porque es el que leyó todos los libros que publicó su editorial”; 3) “no entran las multinacionales, está todo bien con los que laburan ahí, pero muchas de sus prácticas van en detrimento de las editoriales más chicas”. Luego dijo que “hay que dejar de llorar en posición fetal y salir a buscar lectores” porque “las editoriales independientes no tienen nada que envidiarles a las multinacionales en términos de calidad”.
Por su parte, Enzo Maqueira, autor de Electrónica y Hágase usted mismo, habló de la experiencia que están llevando adelante en la Unión de Escritoras y Escritores. “A los autores nos cuesta asumirnos como trabajadores. Nos compran con el prestigio, con los cócteles. A diferencia de otras disciplinas artísticas, somos los que menos podemos accionar políticamente. Creo que tiene que ver con la idea borgeana de romantizar la literatura y creer que el escritor es un viejito sabio”, comenzó diciendo. Por eso, surge la Unión de Escritoras y Escritores, para “reivindicar nuestros derechos laborales y entendernos parte de esta industria que necesita crecer”. En ese sentido, manifestó su apoyo al proyecto de Daniel Filmus de crear un Instituto Nacional del Libro Argentino.

“Si bien un escritor ama lo que hace, es difícil vivir de la literatura. Por eso, en Berlín logramos generar una lista de tarifas para cada actor”, cuenta Maurin. “Esa lista de tarifas contempla, por ejemplo, la asistencia a eventos, que siempre están llenos, aunque el autor no venda muchos libros. Hay una palabra larga en alemán que se podría traducir como eventización”, agrega. En esa línea, Maqueira asegura la Unión de Escritoras y Escritores está “trabajando hace mucho con el tarifario, con el nomenclador, para establecer, por ejemplo, cuánto se cobra un prólogo o una contratapa. Pero es complejo porque hay varios problemas. Uno es la diferencia que cobran un best-seller y un autor que está empezando. Otra es la inflación”. “La idea es constituirnos como sindicato”, afirmó. El mes que viene se realizará la asamblea que definirá a su comisión interna.
“Ahora vivimos en un sistema capitalista regulado por el mercado. Es genial la idea del tarifario pero se va a terminar chocando contra el mercado. Las multinacionales te van a decir: ‘no te voy a pagar ese monto por una contratapa; dejá, la hacemos nosotros’”. “¿En algún momento se vivió de la literatura? ¿La idea es volver a esos tiempos?”, preguntó Berger. “No creo que haya ocurrido, al menos en los términos que pensamos, pero hoy serán tres los autores argentinos que viven de sus libros”, respondió Malumián. Luego, al debate se sumó el público.
En Argentina, la concentración editorial es notoria, potenciado por el cierre y achique de algunos sellos. Pero, ¿cómo es en Alemania? “Está todo cada vez más concentrado allá”, responde Berger. “Bueno, hay una editorial que es Amazon. La otra es Google. Y Penguin Random House que compró muchas editoriales chicas. En Berlín casi ni existen libros medianos: hay best-sellers que venden cincuenta mil, cien mil ejemplares, y después están los que venden poco”, dijo, para luego concluir, antes de que cierren el encuentro con unas palabras Enrique Avogadro, ministro de Cultura de la Ciudad, y Uwe Mohr, director del Goethe Institut: “No hay que confundir mercado y literatura”.
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