
Una explosión cósmica capaz de liberar una energía comparable a mil millones de soles fue detectada gracias a su eco en el espacio.
Se trata de un fenómeno que, hasta ahora, había pasado inadvertido para la ciencia. Este hallazgo aporta una nueva perspectiva sobre los estallidos de rayos gamma de origen oculto y promete revolucionar la comprensión de las explosiones más violentas y esquivas del universo, según detalla The Astrophysical Journal.
El descubrimiento se centra en el resplandor de radio persistente denominado ASKAP J005512-255834, captado por el radiotelescopio Australian SKA Pathfinder (ASKAP), un sistema de 36 antenas situado en Inyarrimanha Ilgari Bundara, Australia Occidental.
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Según científicos, este fenómeno liberó hasta 10³² vatios de energía en el espacio, una cifra equivalente a la emisión total de energía de radio de miles de millones de soles, antes de desvanecerse de forma paulatina a lo largo de más de 1.000 días. La detección se produjo durante una campaña de observación orientada a identificar transitorios de radio de larga duración, definidos por su capacidad de manifestarse y evolucionar a lo largo de semanas o incluso años.

Un eco invisible de las explosiones más extremas
A diferencia de los estallidos de rayos gamma convencionales, aquellos que logran detectarse solo cuando sus chorros de radiación apuntan directamente hacia la Tierra, ASKAP J005512-255834 se manifestó sin mostrar el destello inicial en alta energía.
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El fenómeno se presentó como un resplandor huérfano, es decir, el rastro atenuado en radio de una explosión cósmica cuyo estallido primario fue invisible para los instrumentos terrestres. Estas explosiones han sido anticipadas teóricamente durante décadas, pero su hallazgo resulta extraordinariamente complicado por la falta de señales en otras longitudes de onda y la inmensidad del cielo que debe rastrearse.
Los datos indican que el resplandor de ASKAP J005512-255834 aumentó intensamente y luego fue decreciendo en el tiempo, sin que existiera señal alguna en luz visible ni en rayos X.
La imposibilidad de detectar una contraparte en otras longitudes de onda refuerza la hipótesis de que se trata exactamente del tipo de fenómeno que describe la teoría de los resplandores huérfanos: el eco de un chorro focalizado que, al desacelerar y expandirse, se vuelve observable únicamente cuando ya no está dirigido hacia nuestro planeta.
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El contexto galáctico de un fenómeno singular
La fuente se encuentra en una galaxia catalogada como 2dFGRS TGS143Z140, a aproximadamente 1.700 millones de años luz de la Tierra. Esta galaxia se caracteriza por su tamaño reducido, su elevada luminosidad y una estructura irregular en pleno proceso de formación estelar, un contexto propicio para episodios de colapso y disrupción estelar de alta energía.
La explosión se localizó lateralmente, distanciada del núcleo central de la galaxia y aparentemente situada en una convivencia de intensa actividad de formación estelar, probablemente un cúmulo estelar nuclear. Este escenario plantea interrogantes sobre las condiciones que permiten el surgimiento de estos eventos. La singularidad de ASKAP J005512-255834 llevó al equipo de investigadores a descartar otras explicaciones, como la intervención de estrellas variables, púlsares o supernovas.
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La alternativa contemplada se refiere a un evento de disrupción estelar: la destrucción de una estrella por la acción de un agujero negro de masa intermedia, una clase teóricamente propuesta pero elusiva en la observación directa. Dicha posibilidad no puede ser descartada completamente, aunque de confirmarse sería el primer caso documentado de su tipo, tan inusual y revelador como la hipótesis del estallido huérfano de rayos gamma.

Siempre según los expertos, esos resplandores huérfanos constituyen una ventana privilegiada para comprender la población total de estallidos de rayos gamma —fenómenos metamorfoseados por la muerte de estrellas masivas y la formación de agujeros negros—, ya que solo un porcentaje muy reducido de ellos es detectable directamente cuando sus flujos de radiación se orientan hacia la Tierra.
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La localización y el comportamiento de ASKAP J005512-255834 ofrece una prueba convincente de que existe una proporción considerablemente mayor de estos eventos que, históricamente, han permanecido invisibles. Los astrónomos han debido recurrir a sondeos de amplio espectro y tecnología avanzada de radioastronomía para hallar estas señales remanentes. El equipo utilizó el potencial del Australian SKA Pathfinder, capaz de cubrir extensas regiones del firmamento, lo que permitió identificar la fuente y registrar su presencia por más de 1.000 días.
El hallazgo abre la posibilidad de descubrir muchos más resplandores huérfanos, consolidando así una visión más completa del ciclo de vida estelar y los mecanismos explosivos más extremos. Hasta ahora, el rastreo de tales fenómenos resultaba inviable por la falta de tecnología y la magnitud del reto observacional.
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ASKAP J005512-255834 no presentó variabilidad rápida ni episodios recurrentes. Su comportamiento se ajusta al perfil esperado de una explosión única, de colosal potencia, cuyo eco de radio es lo único perceptible debido a su trayectoria original fuera del eje de visión terrestre.

Instrumentos como el Telescopio Magallanes en Chile y el Radiotelescopio Gigante de Ondas Métricas en India aportaron observaciones complementarias que confirmaron la ubicación de la fuente dentro de la galaxia anfitriona. La ausencia total de señales ópticas y en rayos X consolidó la hipótesis principal.
Ante la rareza del objeto astronómico, los investigadores realizaron un exhaustivo análisis de las posibilidades existentes. Las características observadas fueron incompatibles con —por ejemplo— estrellas variables, eventos de supernova o fuentes periódicas como los púlsares.
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La segunda hipótesis más viable contempla un escenario en el que una estrella es triturada por el campo gravitatorio de un agujero negro de masa intermedia. Este tipo de eventos ha sido extremadamente difícil de registrar, y su identificación a través de emisiones de radio resultaría en el primer hallazgo de su clase. A pesar de su baja probabilidad estadística, la hipótesis no puede ser refutada categóricamente con los datos actuales.

La oportunidad de una nueva historia cósmica
Este avance, logrado gracias al mapeo sistemático con el radiotelescopio ASKAP, inaugura una etapa en la astronomía de alta energía en la que podrá reconstruirse la verdadera frecuencia y distribución de los estallidos de rayos gamma. La investigación publicada en The Astrophysical Journal subraya que la mayoría de estos eventos, hasta ahora ignorados por la comunidad científica, podrían con el tiempo ser detectados a través de su resplandor radiofónico, incluso siglos después de la explosión original.
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“Al utilizar este enfoque, ahora esperamos descubrir muchos más de estos resplandores huérfanos y finalmente darles un lugar en nuestra historia cósmica”, afirma el equipo responsable en el artículo científico. “De este modo, podremos construir una imagen completa de la población de estallidos de rayos gamma, incluidos aquellos que nunca se anunciaron con un destello, sino que permanecieron silenciosamente como fantasmas en el cielo de radio”.
La inminente expansión de las capacidades técnicas y la continuidad de estudios sistemáticos aseguran nuevas detecciones y un enriquecimiento sin precedentes en el conocimiento de los procesos más enérgicos y secretos del universo.
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