Fragancias antiguas, tarjetas sensoriales y el aroma del más allá: cómo la arqueología biomolecular transforma los museos de Europa

Innovadores métodos científicos y la colaboración con perfumistas permiten a los visitantes sumergirse en el pasado a través del olfato. Un nuevo tipo de experiencia redefine la interpretación histórica y sorprende a instituciones tradicionales

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La arqueología biomolecular permitió identificar
La arqueología biomolecular permitió identificar compuestos aromáticos en objetos antiguos y recrear fragancias históricas de civilizaciones como el Antiguo Egipto (Imagen Ilustrativa Infobae)

La arqueología biomolecular revolucionó la manera en que los museos de Europa propusieron a sus visitantes descubrir la historia. Gracias a esta disciplina, se identificaron compuestos aromáticos conservados en objetos antiguos, lo que permitió reconstruir fragancias que acompañaron prácticas rituales, medicinales o cotidianas de civilizaciones como el Antiguo Egipto.

El equipo interdisciplinario liderado por Barbara Huber, del Max Planck Institute of Geoanthropology y la Universidad de Tubinga, desarrolló un método para traducir datos biomoleculares en experiencias sensoriales accesibles para el público, según informó la Max Planck Society.

Los avances en el análisis de compuestos orgánicos volátiles y metabolitos olorosos permitieron detectar y caracterizar aromas que, hasta hace poco, se creían perdidos en el tiempo. Técnicas como la cromatografía de gases y la olfatometría científica revelaron las huellas de perfumes, resinas y ungüentos en artefactos arqueológicos, lo que abrió nuevas vías para comprender rituales, comercio de especias, recetas de embalsamamiento y hábitos de higiene y cosmética de sociedades pasadas.

La arqueología biomolecular no solo aportó una dimensión inédita al estudio del patrimonio, sino que también impulsó la llamada museología olfativa. Esta práctica, aún joven, exploró cómo el sentido del olfato enriqueció la interpretación del patrimonio y favoreció la inclusión, la accesibilidad y la participación de públicos diversos.

El equipo de Barbara Huber
El equipo de Barbara Huber desarrolló un método que traduce datos biomoleculares en experiencias sensoriales disponibles para los visitantes de museos europeos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo de Huber, que integraron la consultora en relatos olfativos Sofia Collette Ehrich y la perfumista Carole Calvez, tradujo hallazgos de laboratorio en fragancias históricas, afrontando el desafío de equilibrar el rigor científico y la creatividad perfumista.

“El verdadero reto está en imaginar el aroma como un todo”, explicó Calvez, quien subrayó que, aunque los datos biomoleculares aportaron pistas fundamentales, correspondió al perfumista crear una experiencia olfativa integral.

La materialización de estos descubrimientos tomó forma en dos recursos principales: la tarjeta aromática portátil y la estación olfativa fija. La primera incorporó la fragancia al papel mediante impresión aromática, lo que permitió a los visitantes interactuar directamente con el olor asociado a un objeto o proceso histórico y llevarse la experiencia fuera del museo, propiciando la reflexión en nuevos entornos.

La segunda integró el aroma en la escenografía expositiva, permitió la participación simultánea de varios asistentes y favoreció una vivencia colectiva. Ambas soluciones requirieron una cuidadosa colaboración entre curadores y perfumistas para garantizar la seguridad, la estabilidad y la eficacia de la experiencia sensorial durante toda la exposición.

La museología olfativa utiliza la
La museología olfativa utiliza la integración del olfato para mejorar la accesibilidad y participación de públicos diversos en exposiciones patrimoniales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un caso emblemático fue el “Aroma del Más Allá”, una reproducción olfativa basada en el análisis biomolecular de un ungüento de momificación egipcio de hace 3.500 años. La fórmula se inspiró en los restos hallados en vasijas canópicas pertenecientes a la Dama Senetnay, conservadas en el Museo August Kestner de Hannover.

La tarjeta aromática con este aroma se distribuyó en visitas guiadas, talleres, clases universitarias y seminarios, mientras que una estación olfativa fija se incorporó a la exposición Ancient Egypt–Obsessed with Life en el Moesgaard Museum de Aarhus, Dinamarca. Los curadores Christian E. Loeben y Ulrike Dubiel señalaron que “el aroma ofrece una nueva visión sobre la momificación, dejando atrás los clichés de terror para comprender las verdaderas motivaciones de la época”.

El impacto de estas innovaciones resultó notable: encuestas entre visitantes del Museo August Kestner revelaron que la integración del olfato generó una conexión más íntima e inmersiva con el pasado. La mayoría de los visitantes indicó que nunca experimentó el uso de aromas en un museo y que esta dimensión sensorial propició una mayor reflexión y diálogo.

La perfumista diseñó una fragancia con un tono hedónico moderadamente agradable, en concordancia con la realidad histórica de los materiales aromáticos empleados en el embalsamamiento, y para asegurar la accesibilidad del público general.

La creación de tarjetas aromáticas
La creación de tarjetas aromáticas portátiles y estaciones olfativas fijas permitió a los visitantes interactuar con olores que reproducen recetas y prácticas antiguas (Imagen Ilustrativa Infobae)

En el ámbito museístico, la colaboración interdisciplinaria aportó nuevas competencias y exigió un replanteamiento del diseño expositivo. La integración del olfato amplió los criterios de accesibilidad, benefició especialmente a personas neurodiversas y con discapacidades.

Además, la circulación internacional de las tarjetas aromáticas demostró que el aroma funcionó como un medio eficaz de transferencia de conocimiento, alcanzando instituciones, estudiantes, periodistas y artistas fuera del entorno museístico tradicional.

El proyecto, financiado por la Max Planck Society y la Joachim Herz Foundation, también puso de relieve la importancia de la documentación rigurosa y la reflexión ética en la reconstrucción de aromas históricos. Las decisiones sobre autenticidad, seguridad y sostenibilidad se tomaron considerando tanto las limitaciones científicas como las sensibilidades culturales y ambientales.

Asimismo, los materiales empleados cumplieron con las normas internacionales para el uso público, ya que muchos ingredientes originales hoy son endémicos, tóxicos o no pueden obtenerse de manera responsable.

De cara al futuro, los investigadores consideraron que la integración de recursos sensoriales como el olfato permitirá a los visitantes aproximarse de manera más personal y multisensorial a los entornos y costumbres de las civilizaciones antiguas.

La arqueología biomolecular, combinada con un diseño museológico cuidadoso, ofreció la posibilidad de experimentar la historia a través de todos los sentidos y de fomentar una comprensión más rica y participativa del patrimonio cultural.

El sentido del olfato emergió como herramienta decisiva para transformar la vivencia museística, abrió caminos hacia una arqueología verdaderamente multisensorial y accesible para públicos diversos.

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