
Un grupo de 133 cardenales se encuentra reunido en el Vaticano para elegir al próximo líder de la Iglesia Católica, tras la muerte del Papa Francisco, el argentino Jorge Bergoglio el 21 de abril pasado.
Durante el proceso del cónclave, las señales de humo que emergen de la chimenea instalada en el techo de la Capilla Sixtina son el único indicio del progreso de las deliberaciones.
El humo negro indica que aún no se ha alcanzado un consenso, mientras que el humo blanco anuncia la elección de un nuevo Papa.
Aunque esta tradición parece antigua, su implementación como señal deliberada es relativamente reciente y ha evolucionado con el tiempo. La ciencia de la química está detrás.
En diálogo con Infobae, Diego Mauro, doctor en humanidades e investigador en historia social y política del catolicismo del Conicet en Argentina, contó que los cardenales se reúnen y cada uno vota por una persona para que sea Papa. En la misma Capilla Sixtina instalan la chimenea donde queman las papeletas de cada voto".
“Al principio, todos los que participan son papables. La primera votación es muy dispersa. Luego, hacen cuatro votaciones por día y se van emitiendo las señales por la chimenea para comunicarlo al público”, comentó. Cuando ningún candidato consigue los dos tercios, se controla la combustión de la chimenea para que produzca un humo negro. En cambio, cuando un candidato consigue los dos tercios, sale humo blanco, detalló el doctor Mauro.
Cuándo empezaron a usar las fumatas

El uso de señales de humo en los cónclaves papales comenzó a formalizarse en el siglo XIX.
En esa época, el humo negro se producía al quemar papeletas de votación junto con paja húmeda y alquitrán, lo que daba lugar a una combustión incompleta que generaba partículas de hollín.
“Al comienzo, en el siglo XIX el público observaba la fumata, pero el significado era diferente al actual. Se quemaban papeletas y había humo. Eso significaba que aún no se había elegido al nuevo Papa”, contó el historiador.
En cambio, a principios del siglo XX se formalizó el uso del humo blanco y negro para comunicar sobre el desarrollo del cónclave. La técnica no siempre era clara, ya que el color del humo podía interpretarse de manera subjetiva, especialmente cuando aparecían tonalidades grises.
El problema fue evidente en los Cónclaves de 1939 y 1958, donde la ambigüedad del humo causó incertidumbre entre los observadores. Para resolver estas dificultades, el Vaticano adoptó métodos más precisos en la década de 1970 y recurrió a mezclas químicas controladas para producir los colores deseados.

Según dijo en The Conversation, Mark Lorch, profesor de Química y Comunicación científica en la Universidad de Hull, en el Reino Unido, el humo negro se genera mediante una combinación de perclorato de potasio, antraceno y azufre.
El perclorato de potasio actúa como un oxidante que aporta oxígeno a la reacción, mientras que el antraceno, que es un hidrocarburo derivado del alquitrán de carbón, sirve como combustible principal.
El azufre, por su parte, facilita la combustión al reducir la temperatura necesaria para iniciar la reacción. Este proceso produce una combustión ineficiente que genera partículas de carbono no quemadas, que son responsables del humo negro espeso.
Por otro lado, el humo blanco, que anuncia la elección de un nuevo Papa, requiere una mezcla más compleja y controlada.
Esta mezcla incluye clorato de potasio, lactosa y resina de pino. El clorato de potasio, un oxidante más potente que el perclorato, asegura una combustión rápida y vigorosa. La lactosa, un tipo de azúcar, actúa como combustible, mientras que la resina de pino contribuye al color blanco del humo al liberar pequeñas gotas y partículas claras durante la combustión.
Este proceso genera una nube densa compuesta principalmente de vapor de agua y partículas blancas, lo que garantiza una señal clara y visible.
El uso de estas mezclas químicas no solo eliminó la ambigüedad de las señales de humo, sino que también transformó este elemento en una herramienta de comunicación cuidadosamente diseñada.
Los principios de la combustión

En el contexto del cónclave de 2013, que resultó en la elección del Papa Francisco, el Vaticano publicó las recetas químicas que se usaron para producir las señales de humo.
Según explicó el experto en pirotecnia John Steinberg a la revista Scientific American, el diseño de estas reacciones químicas se basa en principios fundamentales de la combustión, donde el equilibrio entre el combustible y el oxidante determina el color y la densidad del humo.
En el caso del humo negro, la combustión incompleta genera partículas de carbono, mientras que el humo blanco se produce mediante una reacción más eficiente que genera vapor de agua y partículas claras.

La evolución de las señales de humo en los cónclaves papales ilustra cómo la ciencia puede integrarse en prácticas tradicionales para mejorar su efectividad y claridad.
Hoy en día, gracias a estos avances, las señales de humo del Vaticano son inconfundibles: una densa columna negra para las votaciones inconclusas y una brillante nube blanca para anunciar la elección de un nuevo líder de la Iglesia Católica.
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