
Lo ideal es tener la presión arterial por debajo de 12/8. Uno de los factores que pueden influir en que aumente es el estrés, que consiste en una respuesta natural del cuerpo a situaciones de amenaza o tensión.
Cuando una persona se encuentra en una situación estresante, su cuerpo libera hormonas como el cortisol y la adrenalina, que pueden elevar temporalmente la presión arterial
Un nuevo estudio realizado por un equipo de investigadores de la Universidad Juntendo, en Japón, reveló un mecanismo cerebral que podría explicar cómo el ejercicio físico regular ayuda a prevenir la hipertensión causada por el estrés crónico. Fue publicado en la revista científica Acta Physiologica.
Los científicos desentrañaron el papel crucial del gen llamado Stat3 en la regulación de la presión arterial dentro de la amígdala, una región del cerebro vinculada a las emociones y las respuestas cardiovasculares.
Qué es la hipertensión y qué la provoca

Se habla de hipertensión cuando la presión de la sangre en los vasos sanguíneos es demasiado alta (de 140/90 mmHg o más), según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Es un problema frecuente que puede ser grave si no se trata.
A veces no causa síntomas y la única forma de detectarla es tomarse la presión arterial. El riesgo de hipertensión puede aumentar en estos casos:
- Edad avanzada
- Causas genéticas
- Sobrepeso u obesidad
- Falta de actividad física
- Comer con mucha sal
- Beber demasiado alcohol

Para hacer la investigación, el profesor Hidefumi Waki, junto con los doctores Keisuke Tomita y Ko Yamanaka se centraron en analizar los efectos del estrés crónico y el ejercicio voluntario sobre la presión arterial y la expresión genética en la amígdala.
Los resultados mostraron que el ejercicio físico no solo previene el aumento de la presión arterial inducido por el estrés, sino que también restaura los niveles normales del gen Stat3, cuya disminución se asocia con la hipertensión.
Cómo hicieron la investigación

El estrés prolongado es conocido por desencadenar un aumento en la presión arterial, lo que incrementa significativamente el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Según detallaron en Acta Physiologica, los investigadores sometieron a ratas de laboratorio a tres semanas de estrés mediante un método de restricción y observaron un aumento notable en los niveles de presión arterial en comparación con los grupos de control.
Sin embargo, cuando las ratas estresadas tuvieron acceso a una rueda para realizar ejercicio voluntario, sus niveles de presión arterial se mantuvieron similares a los de los animales no sometidos a estrés.
Ese hallazgo subrayó el potencial del ejercicio físico como una estrategia no farmacológica para mitigar los efectos negativos del estrés crónico en el sistema cardiovascular.

El análisis molecular realizado por el equipo de la Universidad Juntendo identificó una disminución en la expresión del gen Stat3 en la amígdala de las ratas sometidas a estrés crónico.
Este gen, conocido como “transductor de señales y activador de la transcripción 3″, desempeña un papel esencial en la regulación de la presión arterial.
El profesor Waki explicó que “en la amígdala, el gen Stat3 está involucrado en la regulación de la presión arterial y posiblemente juega un papel en el aumento de esta en respuesta al estrés crónico. También podría estar relacionado con la mejora de los efectos del estrés gracias al ejercicio voluntario”.
Cuando los investigadores bloquearon la expresión de Stat3 en la amígdala de ratas no estresadas, observaron un aumento en la presión arterial, lo que confirma su importancia en el control cardiovascular.

No obstante, otros parámetros como la “ganancia barorrefleja espontánea” y la variabilidad de la frecuencia cardíaca no se vieron afectados por esta inhibición. Este resultado sugiere que el gen Stat3 actúa específicamente sobre la presión arterial.
El estudio también destacó que la restauración de los niveles de Stat3 mediante el ejercicio podría estar relacionada con mecanismos de neuroprotección y efectos antiinflamatorios.
Según explicó Waki, “la mejora de la dinámica cardiovascular después del ejercicio se atribuye al rescate de la expresión de Stat3, posiblemente debido a mecanismos como la neuroprotección y la antiinflamación”.
Estos hallazgos no solo refuerzan la importancia del ejercicio físico para la salud cardiovascular, sino que también abren nuevas posibilidades para el desarrollo de terapias dirigidas a combatir la hipertensión inducida por el estrés.
Cuáles serán los próximos pasos en la investigación

Aunque el estudio se centró en modelos animales, los investigadores subrayaron la necesidad de realizar estudios adicionales en humanos para confirmar estos resultados.
Además, planean explorar si diferentes tipos de ejercicio o incluso enfoques farmacológicos podrían potenciar la actividad de Stat3 en la amígdala. De esta manera se podrían desarrollar más estrategias para prevenir y tratar la hipertensión.
“Stat3 juega un papel potencial en el aumento de la presión arterial en respuesta al estrés crónico y su mejora a través del ejercicio, ambos aspectos que necesitan ser aclarados en futuros estudios”, concluyó el profesor Waki.

El equipo de la Universidad Juntendo también destacó que estos hallazgos podrían tener implicaciones más amplias, no solo para la hipertensión, sino también para trastornos relacionados con el estrés, como la ansiedad.
El estudio reforzó la recomendación de incorporar actividad física regular como parte de un estilo de vida saludable, especialmente en contextos de estrés crónico.
Aunque se necesitan más investigaciones, los resultados subrayaron el impacto positivo del ejercicio en la regulación de la presión arterial y en la protección contra los efectos adversos del estrés.
Por qué importa el ejercicio físico frente a la hipertensión

En diálogo con Infobae, Nicolás Renna, doctor en medicina, investigador del Instituto de Medicina y Biología Experimental de Cuyo del Conicet y presidente de la Sociedad Argentina de Hipertensión, comentó tras leer el nuevo estudio: “Son importantes los resultados del estudio y sería valioso que la población los tenga en cuenta. Ya hay múltiples pruebas sobre los beneficios del ejercicio físico para la prevención y el control del aumento de la presión arterial”.
Las personas que no hacen ejercicio físico de manera regular sufren sedentarismo y tienen un mayor riesgo cardiovascular. En cambio, si se practica con continuidad, ese riesgo se reduce.
“Cuando una persona tiene hipertensión, debe hacer ejercicio físico porque le ayuda a controlar la presión arterial y le confiere un factor protector”, dijo.
Un tipo de ejercicio aeróbico es la caminata rápida y produce diferentes mecanismos que conducen a la reducción de la presión, junto con la medicación. Otros ejercicios son los de resistencia y los isométricos, que son útiles también para mejorar la fuerza y resistencia.
Antes se creía que los pacientes hipertensión no podían hacer ese tipo de ejercicios. “Sin embargo, cualquiera de esos tres tipos de ejercicios son necesarios y saludables si se hacen de manera regular. Tiene un efecto vasodilatador, ayuda a bajar el sobrepeso y reduce la insulino-resistencia. Es decir, los pacientes deben hacer ejercicio, al menos una caminata diaria, para controlar la presión arterial y obtener los otros beneficios. El ejercicio es uno de los pilares principales en el tratamiento de la hipertensión, junto con la alimentación y la medicación”.
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