
Un equipo de meteorólogos realizó un estudio detallado para analizar el alcance de las turbulencias generadas por las tormentas eléctricas. Utilizando más de 200 millones de informes de turbulencia recopilados de vuelos entre 2009 y 2017, los investigadores cruzaron estos datos con información de radar sobre tormentas eléctricas para determinar a qué distancia de una tormenta pueden esperarse turbulencias. Los resultados de este estudio, publicados en el Boletín de la Sociedad Meteorológica Estadounidense, revelaron hallazgos sorprendentes: el riesgo de turbulencia puede sentirse hasta a 90 kilómetros de distancia de la tormenta, mucho más lejos de lo que se pensaba anteriormente.
Este estudio arroja importantes implicaciones sobre las prácticas actuales de seguridad en la aviación. Según las directrices actuales de la FAA, los pilotos están recomendados para evitar volar a una distancia de 32 kilómetros de una tormenta eléctrica, pero los resultados de las últimas investigaciones sugieren una distancia mucho más amplia. La probabilidad de que las turbulencias sean graves aumenta obviamente con la cercanía a la tormenta.
Estos nuevos hallazgos ponen en evidencia la necesidad de revisar las directrices actuales para la seguridad de los pasajeros y tripulantes. Sin embargo, los investigadores también advierten que no es tan sencillo como simplemente desviar los aviones para evitar tormentas. La densidad del tráfico aéreo y las restricciones en las rutas de vuelo hacen que cambiar la trayectoria de un avión para evitar turbulencias pueda ser logísticamente complejo. Sin embargo, existe una estrategia más sencilla y práctica que podría aplicarse: dar instrucciones a los pasajeros con mayor antelación.
Causas de las turbulencias
Las turbulencias en los aviones pueden ser causadas por diversas condiciones atmosféricas, siendo las tormentas eléctricas una de las causas más importantes. Estas tormentas generan fuertes corrientes de aire, tanto ascendentes como descendentes, que alteran el flujo normal de la atmósfera y pueden ser extremadamente intensas, provocando lo que los pilotos y meteorólogos denominan “turbulencia convectiva”. En muchos casos, los efectos de las tormentas eléctricas se extienden varios kilómetros más allá del área en que se producen.

El cambio climático, que está provocando fenómenos meteorológicos más extremos, está influyendo también en la frecuencia y la intensidad de las tormentas, lo que, a su vez, podría generar más turbulencias en los vuelos. Esto explica la creciente preocupación de que las turbulencias, hasta ahora relativamente comunes, puedan volverse más intensas y frecuentes a medida que el clima se vuelve más inestable.
Riesgos para los pasajeros
A pesar de que la mayoría de las turbulencias no suelen causar daños graves, los riesgos asociados a ellas no deben ser subestimados. Las lesiones por turbulencia son relativamente raras, pero ocurren. Según la Administración Federal de Aviación (FAA), entre 2009 y 2021, 146 pasajeros y tripulantes resultaron gravemente heridos debido a las turbulencias. La mayoría de estas lesiones ocurrieron cuando los pasajeros no tenían el cinturón de seguridad abrochado, lo que resalta la importancia de seguir las indicaciones de la tripulación en cuanto a seguridad.

Un caso extremo de turbulencia ocurrió en mayo de 2024, cuando un vuelo de Singapore Airlines cayó abruptamente dos kilómetros en apenas tres minutos, lo que provocó que objetos volaran por la cabina, incluso desmontando accesorios del techo. Trágicamente, un pasajero perdió la vida debido a este incidente. Este tipo de accidentes, aunque infrecuentes, ponen de manifiesto lo peligrosas que pueden ser las turbulencias severas. Además de las lesiones físicas, las turbulencias pueden causar daños materiales, como derrames de bebidas, y contribuir a un ambiente caótico dentro de la cabina.
Las autoridades aeronáuticas enfatizan la necesidad de que los pasajeros sigan siempre las instrucciones de la tripulación, especialmente en lo que respeta al uso del cinturón de seguridad, que es la medida más efectiva para prevenir lesiones.
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