
Algunos animales poseen la extraordinaria habilidad de detectar enfermedades humanas, una capacidad que ha despertado el interés de la comunidad científica y médica. Estos animales, a través de sus agudos sentidos, pueden identificar ciertos signos y síntomas antes de que sean perceptibles mediante métodos tradicionales de diagnóstico.
Esta fascinante interacción entre humanos y animales abre nuevas posibilidades en la detección temprana y el tratamiento de diversas enfermedades.
Caenorhabditis Elegans

El nematodo Caenorhabditis elegans, una criatura similar a un gusano que mide aproximadamente lo mismo que un grano de arena, se ha convertido en un modelo invaluable para la investigación científica gracias a sus genes patógenos muy parecidos a los humanos. Esto permite a los científicos utilizar este organismo para estudiar diversos aspectos de la biología humana y las enfermedades.
Un estudio reciente, publicado en ‘PLoS Genetics’, demostró cómo se pueden “imitar en un gusano nematodo las mutaciones del gen humano SF3B1″. Estas mutaciones se encuentran en varios tipos de tumores, incluidas las leucemias y los tumores de mama y próstata. La importancia de este hallazgo radica en la identificación de dianas terapéuticas al detectar puntos débiles en las células cancerosas con estas mutaciones.
Una característica notable del C. elegans es su transparencia. Esta propiedad permite observar sus procesos biológicos fácilmente al microscopio. Además, investigadores han utilizado este organismo para detectar células cancerosas. Un estudio japonés demostró que el C. elegans puede identificar “células de cáncer de páncreas” y otro estudio italiano reveló su capacidad para reconocer “células de cáncer de mama”.
En el ámbito de la investigación biomédica, los nematodos de la especie Caenorhabditis elegans son ampliamente utilizados debido a que tienen alrededor de 20.000 genes, similar a los humanos. La mayoría de los genes humanos relacionados con enfermedades tienen un equivalente, conocido como ortólogo, en este gusano. Esto los convierte en un valioso recurso para el estudio de diversas patologías.
Hormigas formica fusca

Un equipo de científicos de la Universidad Sorbona Paris Nord ha demostrado que las hormigas, específicamente la especie Formica fusca, al cual también se le conoce como hormiga sedosa, pueden ser entrenadas para identificar el olor del cáncer de mama en la orina. Los resultados de esta investigación fueron publicados este año en Proceedings of the Royal Society B.
Según el estudio, las hormigas pueden distinguir entre la orina de ratones portadores de tumores de cáncer de mama humano y la de ratones sanos después de un corto periodo de entrenamiento.
Abejas melíferas

En un avance científico innovador, investigadores de los Países Bajos han descubierto una manera de utilizar a las abejas melíferas para detectar el SARS-CoV-2, el virus que causa la COVID-19. Este hallazgo, realizado por científicos del Laboratorio de Investigación Bioveterinaria de Wageningen, abre nuevas posibilidades en la lucha contra la pandemia, aprovechando la aguda sensibilidad olfativa de estos insectos.
Según National Geographic, estos insectos no solo pueden detectar el COVID-19, sino también signos de otras enfermedades como el cáncer de pulmón y la tuberculosis. La investigación de Wageningen añade una opción más a las herramientas existentes para la detección de la COVID-19, destacando la adaptabilidad y la precisión de las abejas como biorreceptores entrenables.
Las abejas melíferas, al igual que las hormigas, utilizan sus antenas para olfatear y son extremadamente sensibles a olores de baja concentración. Esta capacidad es comparable a la de animales entrenados para detección, como los perros y las ratas, y permite a las abejas captar cambios químicos en su entorno. “Como si las abejas melíferas no hubieran hecho bastante por los humanos”, resaltaron los investigadores holandeses a National Geographic, en referencia a su notable contribución a la polinización. Otro hallazgo importante para la ciencia.
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