
Además de las miles de muertes y millones de exiliados, la invasión rusa a Ucrania también despertó, como nunca antes, el temor a una posible guerra nuclear. Un escenario que parece lejano, pero que en más de una oportunidad fue utilizado por Vladimir Putin para sembrar miedo y terror no sólo al devastado pueblo ucraniano, sino al mundo entero.
Un estudio publicado esta semana en Nature Food advierte que una guerra nuclear entre dos países podría provocar una hambruna a nivel mundial.
Lili Xia, científica del clima en la Universidad de Rutgers, en New Brunswick (Nueva Jersey), fue la encargada de dirigir la investigación. Al conocer los resultados, fue contundente respecto al sombrío escenario que enfrentaría la humanidad en caso de existir un conflicto de esas características.
“Un gran porcentaje de la población se morirá de hambre”, aseguró la científica.
La investigación indica que no importan las dimensiones del eventual conflicto nuclear. Por más pequeño que sea, las consecuencias serían devastadoras. Según el estudio, el hollín de las ciudades implicadas en la guerra “rodearía al planeta y lo enfriaría al reflejar la luz solar en el espacio”. Esto, en tanto, provocaría una pérdida de cosechas a nivel mundial. En el peor de los casos, podría dejar a cerca de 5.000 millones de personas al borde de la muerte.
La guerra de Rusia contra Ucrania, que no escaló a niveles nucleares, ya provocó una interrupción en el suministro internacional de alimentos.
De acuerdo a lo indicado por el estudio, una guerra nuclear entre India y Pakistán, países que mantienen una tensa disputa en la región de Cachemira, podría arrojar a la atmósfera entre 5 y 47 millones de toneladas de hollín. Este número variaría en base a la cantidad de ojivas desplegadas y las ciudades destruidas.
Un conflicto nuclear entre Estados Unidos y Rusia, en cambio, podría producir 150 millones de toneladas de hollín. En ese caso, los especialistas afirman que la nube de hollín persistiría durante años hasta que el cielo se despeje.
Los impactos de una guerra de ese calibre serían letales. Desde la muerte instantánea de personas como consecuencia de las explosiones atómicas, hasta los efectos de la radiación y otros tipos de contaminación ambiental.
Con el objetivo de investigar cómo la población mundial podría sufrir o verse afectada por las consecuencias de una guerra nuclear, Xia y sus colegas elaboraron un modelo de cómo cambiaría el clima en varias partes del mundo y cómo responderían los cultivos y la pesca a esos cambios.

A partir de esa premisa, analizaron seis escenarios de conflicto, cada uno de los cuales pondría diferentes cantidades de hollín en la atmósfera y haría caer las temperaturas de la superficie entre 1 y 16 °C.
Según el estudio, los efectos podrían durar una década o más. En ese periodo de tiempo habría una “cierta reutilización de los cultivos para biocombustibles para el consumo humano, y la gente reduciría o eliminaría el desperdicio de alimentos”.
En el escenario más pequeño, el de un conflicto entre India y Pakistán, la producción de calorías en todo el planeta podría caer un 7% en los primeros cinco años, en caso que la cantidad de hollín ascienda a 5 millones de toneladas. En un escenario de 47 millones de toneladas, en tanto, la media global de calorías se reduce hasta un 50%.
Sin embargo, en el peor de los casos, el de un eventual conflicto nuclear entre Estados Unidos y Rusia, la producción de calorías caería dramáticamente en un 90%, en un lapso de cuatro años.
El comercio internacional también se vería seriamente afectado. Los especialistas aseguran que se detendría, ya que los países optarían por alimentar a sus poblaciones en lugar de exportar alimentos.
Los países más afectados serían los que se encuentran en latitudes medias y altas, ya que cuentan con una temporada corta para los cultivos y se enfriarían más drásticamente tras una guerra nuclear que las regiones tropicales. Por eso, un país como el Reino Unido, por ejemplo, sufriría una caída más brusca de los alimentos disponibles que uno como la India, que está ubicado en latitudes más bajas.
Entre los menos afectados se podría mencionar a Australia. Aislada del comercio tras una guerra nuclear, dependería principalmente del trigo para alimentarse, y el trigo crecería relativamente bien en el clima más frío inducido por el hollín atmosférico, según el estudio.
Los especialistas a cargo de la investigación subrayan la importancia de comprender en detalle las posibles consecuencias de una guerra nuclear para que las naciones evalúen mejor los riesgos. Sobre todo cuando en la actualidad hay nueve países con más de 12.000 cabezas nucleares.
Deepak Ray, investigador de seguridad alimentaria de la Universidad de Minnesota, concluyó: “Es raro que ocurra, pero si ocurre, afectará a todo el mundo”.
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