
El brote actual de la viruela símica, que se inició en mayo en el Reino Unido, se manifiesta con síntomas diferentes a las formas habituales de la infección que se reportaban en las naciones africanas donde la enfermedad es endémica. Hasta ahora, ya se reportaron más de 31.700 casos en 89 países del mundo.
El aumento exponencial de infectados en los últimos tres meses y un escenario global marcado por la escasez de vacunas, orienta a los cientificos a buscar opciones terapéuticas para un tratamiento antiviral que alivie las lesiones cutáneas y los dolores que provoca en los pacientes la viruela del mono.
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En ese camino, los investigadores Amanda Rojek, Jake Dunning y Piero Olliaro, del Consorcio Internacional de Infecciones Respiratorias Agudas Graves y Emergentes, del Instituto de Ciencias de la Pandemia de la Universidad de Oxford, publicaron recientemente el artículo “Viruela del mono: cómo sabremos si funcionan los tratamientos”, en la prestigiosa revista científica The Lancet.

La viruela del mono o símica es una enfermedad zoonótica causada por un ortopoxvirus relacionado con la viruela. La primera infección en humanos se descubrió en 1970 en la República Democrática del Congo. Luego, la viruela símica se documentaó principalmente en países de África occidental y central. El brote actual, iniciado en mayo, es el primer brote multinacional conocido entre países no endémicos.
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En la última actualización sobre la enfermedad, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de EEUU, señalaron que no hay tratamientos específicos contra las infecciones por el virus de la viruela símica.
Sin embargo, aclararon que, como “los virus de la viruela símica y la viruela son genéticamente similares, los medicamentos antivirales y las vacunas elaboradas para proteger contra la viruela podrían usarse para prevenir y tratar las infecciones por el virus de la viruela símica”.
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“Se podrían recomendar antivirales como tecovirimat (comercializado como TPOXX) para las personas que tengan más probabilidades de enfermarse gravemente, como los pacientes con el sistema inmunitario debilitado”, apuntaron los especialistas de los CDC.
Cómo actúa el antiviral
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Tecovirimat ayuda a disminuir los síntomas de la viruela como fiebre, fatiga y reducir la gravedad y el dolor asociado con las lesiones en la piel. El tratamiento con tecovirimat consiste en tomar una píldora dos veces al día durante dos semanas.
Una vez que el virus de la viruela símica ataca una célula sana, el virus copia su información genética y empieza a circular por el resto del cuerpo para infectar otras células. El antiviral busca evitar que el virus se replique una vez que infecta a un huésped.
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Nuevos síntomas

Por su parte, los expertos de Oxford indicaron que “a nivel mundial, tenemos una comprensión limitada de lo que es la viruela del simio típica: los síntomas comunes y más graves, los síntomas que causan más angustia a los pacientes, la duración de la infectividad y las posibles complicaciones”.
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El brote actual presenta diferentes manifestaciones clínicas respecto a las formas conocidas de la enfermedad en los países de África donde es endémica.
La experiencia de la enfermedad fuera de África sugiere un predominio de lesiones genitales y perianales, con nuevas complicaciones (como proctitis), indicaron los especialistas en enfermedades infecciosas de Oxford y apuntaron que “es necesario establecer las causas de la enfermedad más leve y podrían estar relacionadas con la forma en que se transmite el virus”.
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Debido a estas diferencias, una infección actual con menor tasa de mortalidad, con síntomas más leves pero muy dolorosos, los investigadores de Oxford plantearon en The Lancet la necesidad de “cambiar el enfoque hacia el alivio de los síntomas, la prevención de complicaciones, la reducción de la duración del aislamiento del paciente o la prevención de la propagación de la enfermedad”.

Las formulaciones orales e intravenosas de tecovirimat fueron apobradas por la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) en 2018 para el tratamiento de la viruela humana, pero aún no tienen autorización para tratar la viruela del mono.
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Dado que la viruela ha sido erradicada en todo el mundo, el antiviral fue aprobado bajo la regulación de la FDA de “regla de animales”. TPOXX fue aprobado para el tratamiento de la viruela basándose en los datos de eficacia obtenidos en estudios con animales, específicamente primates no humanos infectados con el virus de la viruela del mono y conejos infectados con el virus de la viruela del conejo.
Sin embargo, este año los CDC elaboraron una guía para su uso bajo “acceso ampliado” como fármaco en investigación.
Los especialistas de Oxford remarcaron que se están considerando ensayos clínicos que evalúan la seguridad y eficacia del tratamiento para la viruela del simio. Entre ellos, el ensayo controlado aleatorizado PALM 007 de tecovirimat en la República Democrática del Congo.

El estudio demostró en términos de acción farmacéutica, resolver “las lesiones activas (presuntamente infecciosas) es una medida precisa”.
“Este resultado se determinó mediante el análisis de varios años de datos clínicos de pacientes en la República Democrática del Congo con los rasgos de la enfermedad endémica en África y es apropiado para ese contexto, pero podría ser difícil de extrapolar a fenotipos de enfermedades emergentes”, aclararon los investigadores de la universidad británica.
Y remarcaron que, aun así, no hay consenso sobre cuándo se resuelve una lesión; por ejemplo, si una costra debe estar presente o haberse caído, o si la piel o la mucosa subyacentes deben estar completamente curadas. La resolución completa de la lesión es fundamental porque la presencia prolongada de lesiones podría representar una sobreinfección bacteriana para la cual un tratamiento antiviral no tendrá un efecto directo.
Los expertos plantearon que los nuevos ensayos requieren que la comunidad científica llegue a un consenso sobre definiciones importantes que ayudarán a dar forma a futuras investigaciones (como lo que constituye una lesión activa, un caso grave o una complicación).
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