
La pandemia unió a científicos a lo largo y ancho del planeta. Para enfrentar a un enemigo común, el COVID-19, las revistas especializadas tomaron la decisión de eliminar las suscripciones. Cualquier persona podía navegar, y aún puede, en los innumerables trabajos que realizaron los investigadores de todo el mundo. Sin embargo, la invasión de Rusia a Ucrania puso en jaque a este “microclima” de armonía pandémica. Cuál es la postura de estas publicaciones ante el conflicto bélico.
Más allá de la condena al accionar ruso por parte de la comunidad científica internacional, lo cierto es que más de 7 mil científicos, matemáticos y académicos rusos se enfrentaron a multas o directamente la prisión para rechazar la decisión de Vladimir Putin.
“Nosotros, científicos y periodistas científicos de Rusia declaramos: Nuestra decidida protesta contra las acciones militares lanzadas por las fuerzas armadas de nuestro país en el territorio de Ucrania”, afirmaron en una carta que se publicó el pasado 4 de marzo. En ese sentido, aseguraron que “no hay justificación razonable para esta guerra”. “Es obvio que Ucrania no representa una amenaza para la seguridad de nuestro país. La guerra contra ella es injusta y francamente inútil”, resaltaron. “Muchos de nosotros tenemos familiares en Ucrania, amigos y colegas en el trabajo científico. Nuestros padres, abuelos y bisabuelos lucharon juntos contra el nazismo. Desatar una guerra por el bien de las ambiciones geopolíticas del liderazgo ruso, impulsado por dudosas fantasías pseudo-históricas, es una traición cínica a su memoria”, recalcaron.

Asimismo, como si se tratara de un presagio, afirmaron que con esta decisión “Rusia se condenó al aislamiento internacional”. “Nosotros, los científicos, ahora no podremos hacer nuestro trabajo normalmente: después de todo, realizar investigaciones científicas es impensable sin la plena cooperación con colegas de otros países”. En el mismo sentido, se expresaron los matemáticos: “Estamos convencidos de que ningún interés geopolítico puede justificar sacrificios y derramamiento de sangre. La guerra sólo conducirá a la pérdida del país de su futuro, por el que trabajamos”.
Pese a esta postura, muchas organizaciones que impulsan la investigación científica definieron cortar la financiación y la colaboración con los investigadores rusos. Es por esto que se comenzó a debatir si deberían seguir publicando en las revistas especializadas. “Los científicos rusos no tienen derecho moral a retransmitir ningún mensaje a la comunidad científica mundial”, afirmó Olesia Vashchuk, directora del Consejo de Jóvenes Científicos de Ucrania en el Ministerio de Educación y Ciencia, en dos cartas fechadas el 1 de marzo que recogió la revista Nature.
En tanto, Richard Sever, cofundador de los servidores de preimpresión bioRxiv y medRxiv, se mostró el lado opuesto y se cuestionó los objetivos de penalizar a los científicos, que ya se habían expresado en contra de la decisión de Putin, “Hay que preguntarse qué se logrará con esto. ¿Se trata de enviar una señal? Si es así, hay formas mejores”, argumentó.

Condena de la comunidad científica internacional, pero sin aislamiento a los científicos rusos
Tanto Nature como Science, dos de las revistas más prestigiosas en lo que se refiere a la divulgación de trabajo académico y avances científicos, condenaron la decisión del Gobierno ruso. Estas declaraciones se mostraron en consonancia con lo expuesto por distintos organismos, sociedades y agrupaciones científicas. Sin embargo, estas publicaciones advirtieron que no aislarían a los científicos rusos.
“Junto con la comunidad científica mundial, Nature condena esta horrible invasión en los términos más enérgicos y pide a Rusia que ponga fin de inmediato a su ataque. Apoyamos y nos solidarizamos con el pueblo de Ucrania, incluida su comunidad de investigadores”, afirmó en su editorial Nature. Además, relató cuál era el panorama que ya se veía en suelo ucraniano sobre la población civil y señaló que “los investigadores ucranianos se encuentran entre los que soportan una violencia y un sufrimiento desmesurados. Muchos han tomado las armas valientemente para defender su país . Otros se quedan en ciudades que están siendo bombardeadas, para cuidar a sus familias”.
Pese a la presión, esta revista sentó posición: “Algunos científicos están pidiendo un boicot completo y mundial de toda la investigación rusa, y que las revistas científicas se nieguen a considerar artículos de investigadores de Rusia. Dado el horror de lo que está sucediendo en Ucrania, tales llamados son comprensibles; pero Nature, al igual que muchas otras revistas, continuará considerando manuscritos de investigadores de cualquier parte del mundo. Eso es porque pensamos que en este momento tal boicot haría más daño que bien”, ya que “dividiría a la comunidad de investigación mundial y restringiría el intercambio de conocimientos académicos, los cuales tienen el potencial de dañar la salud y el bienestar de la humanidad y el planeta”.

En tanto, Science, con la firma de Marcia McNutt y Juan Hildebrand (presidenta y secretario internacional, respectivamente, de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, Washington - Estados Unidos), explicó su postura. “Esta guerra hace retroceder el progreso para establecer un mundo pacífico y sostenible y abordar los problemas importantes que enfrenta toda la humanidad, incluido el cambio climático, la degradación ambiental, la salud pública y la desigualdad. La comunidad científica internacional coopera ampliamente para abordar los desafíos de nuestro tiempo, y una guerra que está destruyendo una nación estable y saludable y provocando una crisis de refugiados no es una excepción”, afirmaron.
“Muchas científicos ucranianas son mujeres que se han ido con sus familias mientras sus maridos se quedan para luchar por su país. Muchas de las familias de científicos varones también necesitan un hogar acogedor fuera de Ucrania, al menos por ahora”, dijeron. Y alertaron: “Mientras el mundo busca apoyar a los científicos de Ucrania, también debe tener cuidado de no condenar indiscriminadamente a los científicos rusos asumiendo que todos ellos apoyan este conflicto. Muchos, con gran riesgo personal, se han pronunciado en contra de la invasión”.
Quiénes ya definieron darle la espalda a la ciencia rusa
Lejos de las posturas de Nature y Science, la revista Journal of Molecular Structure, perteneciente a Elsevier, aseveró que no considerará los trabajos científicos realizados por investigadores o instituciones rusas. “No está dirigido a los científicos rusos, que sin duda merecen todo nuestro aprecio y respeto, sino a las instituciones rusas”, afirmó Rui Fausto, editor de la revista y químico de la Universidad de Coimbra en Portugal. En tanto, desde la propia editorial le señalaron a Nature que esta postura no se había extendido. “No aplicaremos nuestro enfoque preferido si los editores individuales tienen una opinión muy fuerte sobre este tema”, dijeron desde Elsevier.
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“[Al] rechazar manuscritos escritos por autores rusos y excluir las revistas rusas de Scopus y Web of Science, Elsevier y Clarivate (NdeR: empresa que brinda información y análisis de datos a científicos) pueden contribuir al final de esta guerra”, dijo Myroslava Hladchenko, estudiante de la carrera de política de educación superior en la Universidad Nacional de Ciencias de la vida y ambientales de Ucrania, en Kiev. Según señaló, aislar a los autores y revistas rusos obligará a esos académicos a “reevaluar su actividad y hacer una contribución al desarrollo de la sociedad civil en su propio país”.
La respuesta del Kremlin ante esta postura internacional llegó el pasado 7 de marzo. En ese momento, el viceprimer ministro ruso, Dmitry Chernyshenko, anunció que se eliminaría el requisito de publicar en revistas internacionales con referato, como las expuestas previamente, para avanzar en la carrera científica que persiguen sus investigadores. Incluso, instó a que el Ministerio de Ciencia y Educación Superior de Rusia impulse su propio sistema de evaluación.
Las cartas están echadas y la postura de las revistas científicas aún se mantiene bajo la lupa internacional.
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