
Las vacunas COVID-19 aprobadas por la OMS para enfrentar la pandemia han demostrado una alta eficacia en la reducción de la aparición de la infección por SARS-CoV-2 y enfermedad grave de COVID-19.
Aún con las certificaciones internacionales, los estudios prolongados y las campañas para ampliar el espectro de individuos vacunados, las tasas de vacunación siguen siendo más bajas entre adultos en edad reproductiva, por ejemplo, en Estados Unidos se revela que aproximadamente el 60 % de los adultos de 18 a 39 años está completamente vacunados.
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La seguridad es un factor importante en la toma de decisiones individuales. La preocupación por posibles efectos secundarios es una de las principales razones informadas para permanecer sin vacunar y entre los adultos en edad reproductiva existe una preocupación particular acerca de los efectos potenciales de la vacunación en su fertilidad.
Un nuevo estudio se suma a la creciente evidencia de que no existe una conexión entre las vacunas contra el COVID-19 y una probabilidad reducida de concebir un bebé. De hecho, demostró que las parejas participantes del estudio tenían posibilidades ligeramente menores de concepción si el hombre se había infectado con coronavirus dentro de los 60 días previos a la concepción, lo que ofrece aún más razones para vacunarse contra COVID-19, ya que la enfermedad podría afectar la fertilidad masculina a corto plazo.
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Estos son los datos revelados en un nuevo documento publicado en el American Journal of Epidemiology por un grupo de profesionales de la Universidad de Boston. “Estos hallazgos indican que la infección masculina por SARS-CoV-2 puede estar asociada con una disminución a corto plazo de la fertilidad y que la vacunación contra la COVID-19 no afecta la fertilidad en ninguna de las parejas”, informaron en su publicación los especialistas pertenecientes a la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston.
En el documento, los especialistas recalcan que sus hallazgos “se suman a la evidencia de los estudios en animales, los realizaron en humanos que se someten a un tratamiento de fertilidad y los ensayos de la vacuna COVID-19, ninguno de los cuales encontró una asociación entre la vacunación COVID-19 y una menor fertilidad. Del mismo modo, varios estudios no han documentado una asociación apreciable entre la vacunación contra el COVID-19 y el riesgo de aborto espontáneo”.
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La investigación incluyó datos de 2126 mujeres, de entre 21 y 45 años de edad, provenientes de los Estados Unidos y Canadá. Las inscripciones para el estudio comenzaron en diciembre de 2020 y finalizaron septiembre pasado. Los investigadores dieron seguimiento a las participantes hasta noviembre de 2021. Durante el estudio, las mujeres completaron cuestionarios en línea cada ocho semanas sobre sus antecedentes reproductivos y médicos, entre otros factores, y se les dio la opción de invitar a sus parejas masculinas a completar los cuestionarios.
Entre los participantes, el 73% de las mujeres y el 74% de sus parejas masculinas habían recibido al menos una dosis de la vacuna COVID-19. Los científicos analizaron las respuestas del cuestionario y no encontraron asociación entre haber sido vacunado contra COVID-19 y la probabilidad de concebir un hijo dentro de un ciclo menstrual. Sin embargo, los datos mostraron que, aunque una infección previa por COVID-19 no estaba fuertemente asociada con la probabilidad de concebir entre las mujeres, los hombres que tenían COVID-19 estaban asociados con una “reducción transitoria” en la probabilidad de concebir.
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Por su parte, los Institutos Americanos de Salud anunciaron los hallazgos del estudio en un comunicado de prensa y señalaron que las parejas en las que el hombre había dado positivo dentro de los 60 días tenían un 18% menos de probabilidades de concebir en ese ciclo menstrual, pero no hubo diferencia en las tasas de concepción para parejas en las que el varón había dado positivo más de 60 días antes de un ciclo, en comparación con parejas en las que el varón no había dado positivo.
“Los hallazgos brindan la tranquilidad de que la vacunación para las parejas que buscan un embarazo no parece afectar la fertilidad”, declaró en rueda de prensa Diana Bianchi, directora del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano Eunice Kennedy Shriver de los NIH, que participó del estudio. También instó a compartir esta información entre los médicos y también que aconsejan a los pacientes que esperan concebir.
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Una serie de revisiones científicas determinaron que la enfermedad tiene un impacto en su sistema reproductor (en forma de orquitis o alteración de los parámetros seminales) en menos del 10% de los pacientes menores de 40 años de edad, como respuesta a la inflamación sistémica producida por el virus. “Se necesitan más estudios para evaluar si esta afectación tiene un impacto a largo plazo en la capacidad reproductiva”, concluyó en diciembre pasado la Agencia de Calidad y Evaluación Sanitaria de Cataluña (AQuAS) de Barcelona, España, tras revisar ocho trabajos específicos de la literatura internacional.

Esta enzima está asociada a la proteína serina proteasa transmembrana (TMPRSS2), lo que hace que el testículo, y especialmente el espermatogenonesis, sean potencialmente vulnerables, ya que este tejido tiene una alta expresión del receptor ACE2. Por ello, se considera necesario conocer si la infección por SARS-CoV-2 podría tener un impacto negativo en la salud sexual y reproductiva, en este caso, de los varones, explica la agencia en su informe, destinado a apoyar la toma de decisiones por parte del Departamento de Salud de la Generalitat y el Servicio Catalán de la Salud (CatSalut).
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Poco antes, un estudio de la Universidad de Georgia (Estados Unidos) descubrió que los casos severos de COVID-19 pueden reducir la fertilidad masculina. “Sabemos que en casos severos, los testículos no evolucionan bien durante la enfermedad”, comentó el autor principal Clayton Edenfield, que aseguró que los resultados no están confirmados.
El articulo, publicado en la revista Nature Reviews Urology, se centra en las formas en las que el SARS-CoV-2 ataca e infecta a las células testiculares. Los autores señalan que desde el inicio de la pandemia se ha confirmado que el SARS-CoV-2 puede infectar múltiples órganos en todo el cuerpo a través de dos proteínas principales: los receptores de la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2) y la proteasa serina 2 transmembrana (TMPRSS2).
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