
A 40 años de los primeros casos de infección por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y 38 desde que el laboratorio del virólogo francés Luc Montagnier aisló e identificó el virus que estaba causando estragos, la enfermedad no cuenta con una vacuna segura y eficaz para prevenirla.
En la historia reciente, en cuestión de días desde que se detectaron los primeros casos de una extraña neumonía en pacientes de Wuhan, China, en diciembre de 2019, se supo que la causa era un nuevo virus, al que se denominó SARS-CoV-2. Un año después, ya había vacunas autorizadas de emergencia para prevenir los casos graves y muerte a causa de la enfermedad.
¿Qué diferencia a un virus del otro? ¿Dónde están las dificultades y barreras de un virus cuyos primeros casos aparecieron hace décadas? “Son completamente distintos, el virus del VIH es muchísimo más complejo que el SARS-CoV-2″, comenzó a explicar la doctora Beatriz Mothe, investigadora del IrsiCaixa y de la Fundació Lluita contra la Sida i les Malalties Infeccioses del Hospital Germans Trias i Pujol, en España.
“De hecho, la estrategia que se ha usado para las vacunas de COVID, que es generar anticuerpos contra la proteína Spike, ubicada en su superficie, es lo que se hizo con la primera candidata a vacuna del VIH, a finales de los 80, pero fracasó”, añadió la investigadora al diario español La Vanguardia.
Con el COVID-19, “todo ha resultado más fácil gracias al conocimiento previo de otros coronavirus, como el SARS o el MERS”. Los científicos sabían que el 90% de las personas que se infectan por coronavirus resuelven la infección espontáneamente, generando anticuerpos contra la proteína Spike. “Por ello, desarrollar una vacuna contra esta proteína ha sido relativamente fácil”, aseveró Mothe.

Si bien los avances han sido muchos, hoy por hoy lo único que funciona contra el virus de la inmunodeficiencia humana, además de la protección para evitar el contagio, es el tratamiento con antirretrovirales. “Nuestro sistema inmunológico no está bien preparado para controlar el VIH”, resume a Efe José Alcamí, responsable de la Unidad de Inmunopatología del Sida del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII, en España).
En el caso del coronavirus, la gran mayoría logra curarse porque su sistema inmune es capaz de reconocer el virus y dirigir una respuesta de anticuerpos para controlar la infección. Las vacunas COVID utilizan distintos mecanismos para estimular nuestro sistema inmunológico para responder al virus con antelación y producir los elementos necesarios -linfocitos T y B- para combatirlo.

“Pero frente al VIH no tenemos un modelo a imitar porque el sistema inmune es incapaz de controlar la infección”, señala el investigador del ISCIII: “Lo que copies va a fracasar, por eso hay que diseñar vacunas que enseñen a este sistema a trabajar de otra manera”.
Brenda Crabtree es investigadora Titular en la Clínica de VIH del Departamento de Infectología del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ) de México, profesora de Curso de Alta especialidad del Diplomado en VIH/SIDA en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), presidenta local de la Conferencia Mundial Científica sobre VIH/SIDA y designada como parte del comité científico para ser líder del track B (clínico) de la Conferencia mundial sobre SIDA en Montreal en 2022, y en el marco del XVIII Simposio Científico de Fundación Huésped en septiembre pasado se refirió al aspecto de la vacuna contra el VIH. Según la experta, “después de 20 años de investigación en VIH, hay solo 7 ensayos de eficacia y ninguna vacuna aprobada hasta el momento”.
“Hacen falta herramientas más efectivas que puedan poner fin a la pandemia del VIH, por eso necesitamos una vacuna preventiva”, resumió. De acuerdo a Crabtree, “crear una vacuna para el VIH es lograr la aceptabilidad y el acceso para la población y generar programas de administración previos al inicio de la vida sexual”.
Y comparó al virus SARS-CoV-2 con el VIH: “La mayoría de las personas con infección por SARS-CoV-2 desarrollan anticuerpos neutralizantes, mientras que los anticuerpos neutralizantes que se desarrollan después de mucho tiempo y sólo en algunas personas, en grupos específicos muy pequeños de personas que viven con VIH. En el COVID-19 se requieren muy pocas mutaciones o lugares o sitios de acción mientras que en el VIH se necesitan muchos complementos para poder lograr una estimulación inmunogénica deseada”.
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