
Hay científicos preocupados por la transmisión de otro virus pariente del coronavirus que generó la pandemia desde fines de 2019. Es el coronavirus del síndrome respiratorio de Oriente Medio, más conocido como MERS, y puede infectar a humanos, murciélagos y camellos. Se lo detectó por primera vez en 2012 y generó una epidemia que afectó a personas de 21 países hasta 2015. Se limitó en ese momento, pero el MERS podía ser la causa de futuras epidemias, según la Organización Mundial de la Salud.
Este mes, la revista PNAS de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos publicó un estudio que hace un llamado de atención sobre el MERS. El líder del trabajo fue el virólogo y patólogo Malik Peiris, nacido en Sri Lanka e investigador de la Universidad de Hong Kong, quien fue el primero en describir el coronavirus SARS que causó la epidemia de 2003.
“El estudio que hizo Peiris con su equipo analizó las variantes de los virus MERS en la Península Arábiga, Asia y África. Los resultados sirven para plantear la necesidad de hacer vigilancia y detección del MERS en las regiones donde se produce interacción entre el hombre y dromedarios, sobre todo en personas con síntomas de enfermedad tipo influenza o enfermedad respiratoria severa, como fiebre, tos y dificultad para respirar en África, donde no se busca la presencia de este virus”, comentó a Infobae la doctora Lucía Cavallaro, presidenta de la Sociedad Argentina de Virología.

En 2012, el MERS se aisló por primera vez el virus en un paciente de Arabia Saudita de 60 años que presentaba una neumonía aguda e insuficiencia renal grave. Desde 2012 a julio de 2017 se habían reportado 2.040 casos. Afectó más a hombres que a mujeres, y tuvo una tasa de mortalidad de aproximadamente el 30 %, que es superior a la del COVID-19.
El equipo de Peiris se centró en los dromedarios, que son un poco más pequeños que los camellos. Hasta ahora se sabía que entre el 70% y el 80% de los dromedarios tienen anticuerpos contra el virus MERS. Eso significaba que habían pasado la enfermedad o la tenían en el momento del análisis. Además, se conocía que hasta el 70% de los animales infectados no viven en la península arábiga, sino en África. Pero lo que ha llamado la atención es que apenas se han detectado casos en seres humanos del MERS en África.
Los cientificos quisieron averiguar por qué. Juntaron más de una decena de variantes africanas del virus, desde la de Marruecos a la de Egipto, pasando por las de Nigeria o Kenia. Compararon los datos con los de la variante humana que causó el brote en Corea del Sur en 2015 y la dominante en Arabia Saudita.
Encontraron que desde un punto de vista genético, los MERS (técnicamente se los llama MERS-CoV) de África se agrupan por separado y son distintos de los virus actuales del clado que circulan por Oriente Medio. Pero comparten similitud a nivel de nucleótido. Al probar los distintos virus en células de pulmones humanos y en ratones modificados genéticamente, observaron que tanto la variante humana como la arábiga infectaban y se replicaban con facilidad. Sin embargo, las africanas eran hasta 100 veces menos capaces de una replicación eficiente.
La diferencia entre las variantes del MERS de los dos continentes parece residir en la proteína S, que es la llave con la que los coronavirus entran a las células. En la mayoría de los MERS de África hay dos cambios en aminoácidos de esa proteína que podrían explicar su menor patogenicidad, aunque no descartan la existencia de otras variaciones que también influyan. La prueba definitiva la tuvieron a través de la técnica de genética inversa: modificaron los coronavirus africanos para que contuvieron la proteína de las variantes arábigas. De esta forma, observaron que aumentaba su capacidad de colarse en los cultivos de células de los bronquios humanos.
“Demostramos que virus geográfica y genéticamente distintos de África tienen una baja competencia de replicación en el pulmón humano, proporcionando una posible explicación para la ausencia de enfermedad MERS grave en África”, escribieron los científicos. Los hallazgos sugieren que el MERS, ahora arraigado en la Península Arábiga, ha adquirido un mayor potencial patógeno para los humanos. Demostramos que la proteína “Espiga” contribuye a esta diferencia fenotípica, describieron.
El equipo de Peiris dejó su alerta: “Si los virus patógenos del clado B de la Península Arábiga se introducen en África, es probable que se conviertan en dominantes, como lo han hecho en la Península Arábiga, y que se asocien a impactos sanitarios adversos en África y a una mayor amenaza pandémica”.
Tres meses atrás, ya el mismo investigador había hecho otra publicación sobre un estudio con personas que trabajan con dromedarios. En este caso, se trataba de operarios de un matadero en Kano, una ciudad de Nigeria. Ninguno dio positivo por MERS, pero el 30% tenía anticuerpos contra el virus MERS-CoV. Ese estudio reveló que el MERS ya ha llegado a seres humanos de África, aunque no con la virulencia de los brotes de Araba Saudita o Corea del Sur.
Como una de las potenciales soluciones, Quim Segalés es investigador del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias en España, trabaja en el desarrollo de una vacuna contra el MERS-CoV para los camélidos. Además de los dromedarios y los camellos, las alpacas, las llamas o las vicuñas también son susceptibles al virus. Solo les provoca un resfrío a los animales. Como a los animales no les hace nada, no hay interés comercial en el sector privado por desarrollar una inmunización que pueda servir para proteger a la salud humana.

La OMS ya incluyó al MERS “entre las siete enfermedades emergentes más peligrosas”. Solo haría falta que la variante de Arabia Saudita cruzara el estrecho de Suez para convertirse en la dominante entre los dromedarios africanos, y eso haría más fácil y grave el salto a los humanos. Hasta ahora, se hace un camino al revés. Arabia Saudita y los demás países del Golfo compran los camélidos que venden los países africanos. El riesgo lo resume Peiris: “Esto nos ha podido proteger hasta ahora. Pero deberíamos asegurarnos de que se evita ese comercio en sentido inverso”, dijo al diario El País.
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