La dictadura de Ortega afronta su momento de mayor vulnerabilidad tras la caída de Maduro y la muerte de Khamenei

Especialistas analizaron con Infobae la delicada situación del régimen sandinista. “La alternativa más prometedora para ellos es negociar con Estados Unidos una transición democrática en este momento”, afirmó Juan Sebastián Chamorro

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Daniel Ortega con el entonces
Daniel Ortega con el entonces presidente iraní, Ebrahim Raisi, en junio de 2023. Raisi murió unos meses después en accidente aéreo (Foto archivo)

La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo atraviesa uno de los momentos de mayor vulnerabilidad política desde que regresó al poder en 2007. Durante casi dos décadas el régimen ha presumido una estrecha relación con Irán y otros gobiernos enfrentados a Estados Unidos.

A Ortega le gustaba aparecer en las fotos presumiendo su relación con altos jerarcas iraníes. Lo hizo con el ex presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad en 2007 y en 2012. Ese año 2007, apenas seis meses después de regresar al poder, el mandatario sandinista viajó a Teherán para reunirse con el ayatolá Ali Khamenei, quien fue abatido el sábado pasado durante el operativo militar conjunto de Estados Unidos e Israel.

Ortega lo hizo también con el ex presidente Ebrahim Raisi, en junio de 2023. Raisi murió poco después de su visita a Nicaragua, en mayo de 2024, en un accidente de helicóptero en el que viajaba con otros altos funcionarios iraníes.

“A Ortega le gusta presumir de líder mundial, de que escupe en rueda”, resume el economista nicaragüense Enrique Sáenz.

Sin embargo, el escenario geopolítico ha cambiado con rapidez. La caída del dictador venezolano Nicolás Maduro, la creciente presión sobre Cuba y la ofensiva contra Irán están dejando a Managua cada vez más aislada.

El discurso de una supuesta red global de aliados capaces de proteger al régimen se ha resquebrajado. Ni China ni Rusia han intervenido en defensa de sus socios cuando estos han enfrentado presiones decisivas, y esa realidad coloca a Nicaragua en una posición incómoda dentro del tablero geopolítico.

La alianza con Teherán ha tenido más valor simbólico que económico o militar, pero hoy ese simbolismo se convierte en un problema estratégico para Managua. Estados Unidos ha dejado claro que considera al régimen iraní como un adversario directo, y cualquier país que mantenga vínculos estrechos con Teherán corre el riesgo de quedar atrapado en esa confrontación

“En el plano económico, la relación con Irán ha sido muy mediocre. Irán nunca significó mucha cosa para Nicaragua”, explica el economista y opositor Juan Sebastián Chamorro. “Está muy lejos. Son economías muy diferentes. Así que, en términos de comercio, muy, muy mediocre. En el tema político, todo lo contrario: una relación de hermandad. Se han llamado revoluciones hermanas y sacaban mucho pecho de tener esa hermandad”.

El dictador Ortega con los
El dictador Ortega con los ex presidentes de Venezuela, Hugo Chavez, y de Irán, Mahmud Ahmedinajad (Foto archivo)

El sociólogo Oscar René Vargas considera que la política exterior de Ortega ha ignorado una realidad geopolítica básica. “Nicaragua se encuentra en el área de influencia de Estados Unidos, en el llamado Mar Mediterráneo norteamericano. Nicaragua depende de los Estados Unidos desde el punto de vista geoestratégico, geopolítico, geoeconómico y geofinanciero”.

Según Vargas, ese dato histórico ha sido subestimado por el régimen. “Ese ha sido un error de Ortega al no tomar en cuenta esa realidad creyendo que el paraguas de Rusia y China le permitía jugar con los Estados Unidos”.

La relación entre Managua y Teherán se ha construido principalmente sobre una afinidad ideológica y política. Desde el retorno de Ortega al poder en 2007, el régimen ha cultivado una narrativa de alianza entre gobiernos que se presentan como adversarios de Estados Unidos. “Los juntaba el odio hacia los Estados Unidos. Y eso fue parte elemental, básica, de la relación política”, dice Chamorro.

Esa relación política se expresó en múltiples visitas oficiales y declaraciones públicas. Delegaciones de alto nivel viajaron en ambas direcciones, se firmaron memorandos de cooperación y se promovió una retórica de alianza estratégica entre ambos gobiernos.

Las cifras económicas, sin embargo, reflejan una pobre relación en ese campo. En 2024, las exportaciones nicaragüenses alcanzaron 7.521 millones de dólares de la cuales solo 81.5 miles dólares fueron a Irán y 3.640 millones tuvieron como destino el mercado estadounidense, lo que representa el 48,4 por ciento. Además, Nicaragua mantiene una dependencia profunda de Estados Unidos en remesas y financiamiento.

Esa dependencia convierte cualquier confrontación con Washington en un riesgo económico directo para el país. Un ejemplo de ello es la advertencia reciente de Estados Unidos de imponer aranceles adicionales a los países que mantengan negocios con Irán.

El analista financiero Daniel Suchar Zomer advirtió que una medida de ese tipo tendría consecuencias inmediatas para Nicaragua. “Un país como Nicaragua, que tiene una fuerte relación comercial con los Estados Unidos, resentiría esa imposición de aranceles”.

El presidente de Irán, Ebrahim
El presidente de Irán, Ebrahim Raisi, es recibido por funcionarios nicaragüenses a su llegada a Managua, Nicaragua, como parte de una gira por Latinoamérica en 2023 (Archivo)

El economista Enrique Sáenz coincide en que la relación con Irán ha sido más retórica que real. “Suscribiendo convenios que eran igualmente entre retóricos e irrisorios… de intercambio cultural, de cuestión de idiomas. Pero ni en términos económicos, ni en términos militares, ni en términos políticos. Más a nivel de retórica que otra cosa”.

La historia de la relación entre Nicaragua e Irán se remonta a las revoluciones que transformaron ambos países a finales de la década de 1970. En 1979, el triunfo de la revolución sandinista en Nicaragua coincidió con la revolución islámica en Irán.

En septiembre de 1979, durante una reunión del Movimiento de Países No Alineados en La Habana, representantes de ambos gobiernos discutieron la posibilidad de coordinar esfuerzos frente a Estados Unidos.

Durante los años ochenta se produjeron varios contactos entre dirigentes sandinistas y líderes iraníes. En 1984, el ministro de Educación de Nicaragua, Fernando Cardenal, se reunió con el ayatolá Ruhollah Jomeini. Ambos discutieron la posibilidad de cooperación entre las revoluciones.

En enero de 1985, el primer ministro iraní Mir Hossein Musavi visitó Managua. Durante esa visita negó informes estadounidenses que señalaban un posible envío de armas iraníes al gobierno sandinista.

Las relaciones se enfriaron durante los años noventa tras la derrota electoral del sandinismo en 1990. El gobierno de Violeta Barrios de Chamorro buscó reconstruir las relaciones con Estados Unidos y otros países occidentales.

Pero el vínculo se reactivó con fuerza tras el regreso de Ortega al poder en 2007. Ese mismo año, el ex presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad visitó Nicaragua. Durante ese viaje recorrió zonas pobres del país junto a Ortega y prometió cooperación económica.

Solo seis meses después de
Solo seis meses después de regresar al poder, en 2007, Daniel Ortega viajó a Teherán para reunirse con el Ayatolá Ali Khamenei, recientemente abatido por el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán (Archivo)

Ahmadinejad regresó a Managua en enero de 2012 para participar en la toma de posesión de Ortega tras su reelección. Durante esa visita calificó al líder sandinista como un “hermano revolucionario”.

En esos años se anunciaron múltiples proyectos de cooperación. Entre ellos figuraban la construcción de una represa hidroeléctrica valorada en 230 millones de dólares, la construcción de carreteras y la posibilidad de desarrollar un puerto de aguas profundas en el Caribe.

Sin embargo, muchos de esos proyectos nunca se concretaron. Las sanciones internacionales contra Irán, las limitaciones financieras de Teherán y la distancia geográfica dificultaron la materialización de esas promesas.

La relación volvió a tomar impulso en la última década con nuevas visitas oficiales. En agosto de 2021, el canciller nicaragüense Denis Moncada viajó a Teherán para firmar acuerdos de cooperación cultural y política.

En febrero de 2023, el canciller iraní Hossein Amir-Abdollahian visitó Managua. Durante esa visita se reunió con Daniel Ortega, Rosario Murillo y con varios de sus hijos, incluido Laureano Ortega Murillo.

Tres meses después, en junio de 2023, el entonces presidente iraní Ebrahim Raisi realizó una visita oficial a Nicaragua como parte de una gira por América Latina que también incluyó a Venezuela y Cuba.

Durante esa visita ambos gobiernos firmaron varios acuerdos de cooperación en áreas como salud, tecnología, comercio, agricultura y ciencia. También se anunció la creación de una Comisión Binacional Intergubernamental para coordinar proyectos conjuntos.

Laureano Ortega Murillo destacó entonces el potencial de la relación. “Irán tiene un gran desarrollo tecnológico, industrial, comercial del cual Nicaragua puede verse altamente beneficiado”, afirmó.

El régimen nicaragüense ha respaldado abiertamente a Irán en foros internacionales y ha defendido su programa nuclear. En junio de 2025, Ortega afirmó en un discurso oficial que “todos los países deberían tener sus armitas atómicas para que los respeten”.

Informes de inteligencia citados por medios estadounidenses han señalado la posibilidad de cooperación militar o de inteligencia entre ambos gobiernos. Algunos analistas advierten que Nicaragua podría convertirse en un punto logístico para operaciones iraníes en la región.

El Ejército de Nicaragua debe
El Ejército de Nicaragua debe decidir si prioriza su propia sobrevivencia como institución, dice el líder opositor nicaragüense Juan Sebastián Chamorro (Foto 19 Digital)

Joseph Humire, experto en seguridad internacional, ha advertido que Irán busca replicar en América Latina las redes que ha construido en Medio Oriente. “El peligro no es que Irán instale una base militar en Nicaragua, sino que ya lo esté usando como una base de operaciones encubiertas”, señaló.

Las autoridades nicaragüenses han rechazado esas acusaciones. Sin embargo, la creciente tensión internacional aumenta el escrutinio sobre cualquier tipo de cooperación entre ambos países.

Para los analistas, el problema central es que la retórica política del régimen ha elevado las expectativas sobre esa alianza. “Fue tan persistente y tan altisonante el discurso de Ortega que ahora aparece descuajado”, afirma Enrique Sáenz.

Según el economista, la narrativa de un bloque internacional que protegía al régimen nicaragüense se está debilitando. “El hecho de que ni China ni Rusia metieran un dedo en Irán deja el discurso en lo que era: una retórica vacía”.

Juan Sebastián Chamorro considera que los acontecimientos recientes también tienen un impacto psicológico en la dirigencia del régimen. “La ejecución del ayatolá pone a los Ortega contemplando una acción muchísimo más grave que la de Maduro”, dice.

A su juicio, la operación militar contra el liderazgo iraní envía un mensaje claro a otros gobiernos enfrentados con Washington. “Ahora están lidiando con una administración que les está diciendo: miren, entendámonos, porque si no pueden pasar cosas”.

Ese cambio de tono forma parte de una estrategia más amplia de presión internacional. Chamorro señala que las sanciones recientes y las declaraciones públicas de funcionarios estadounidenses forman parte de un mensaje político dirigido a Managua.

“Claramente ahí son envíos de mensajes de un lado a otro”, explica. “Pero todavía faltan pláticas más serias que eventualmente se van a ir dando con el régimen”.

Oscar René Vargas considera que la dictadura enfrenta ahora una situación estratégica complicada. “Ellos se encuentran políticamente en una situación de zugzwang”, dice, utilizando un término del ajedrez que describe una posición en la que cualquier movimiento empeora la situación.

“Tienen que abrirse o pierden todo”, añade.

Para Vargas, la presión internacional responde también a una lógica geopolítica histórica. “Centroamérica y el Caribe son una zona de seguridad nacional para los Estados Unidos”. Esa realidad limita el margen de maniobra de gobiernos que intentan alinearse con potencias rivales.

En ese contexto, la supervivencia del régimen podría depender de su capacidad para negociar una salida política. Chamorro cree que esa posibilidad aún existe, aunque el tiempo juega en contra de Ortega. “La alternativa más prometedora para ellos es negociar una transición democrática en este momento”.

Pero advierte que la dictadura podría optar por resistir hasta el final. “Me temo que él va a llevar esto a las máximas consecuencias”.

El cálculo político de Ortega parece incluir factores internos y externos. Según Chamorro, el régimen podría intentar ganar tiempo esperando cambios en la política estadounidense o en el equilibrio regional con las elecciones de medio termino, en noviembre, en Estados Unidos.

“Ortega está calculando que Trump va a salir golpeado, y eso le podría dar oxígeno. Yo lo veo diferente”, señala Juan Sebastián Chamorro. “Trump está viendo las elecciones de medio término como la posibilidad de demostrarles a los votantes de La Florida, cubanos, venezolanos y nicaragüenses, que ha resuelto los problemas y eso podría darle una amplia mayoría en La Florida, que es un estado muy importante. Y aunque las perdiera, Trump conserva el Ejecutivo y la presión se mantiene. Si ese es el cálculo de Ortega. No es muy inteligente”.

La posibilidad de un distanciamiento dentro del propio aparato de poder también aparece como un escenario potencial. Chamorro menciona que instituciones como el Ejército podrían priorizar su propia supervivencia. “Como toda institución buscará su preservación en el tiempo y el mantenimiento de sus poderes, privilegios y patrimonio”, señala.

Especialistas afirman que Ortega y
Especialistas afirman que Ortega y Murillo están adoptando un perfil más bajo para evitar confrontar con EEUU (EFE/Jorge Torres)

Enrique Sáenz considera que el régimen está intentando adoptar una estrategia de bajo perfil para evitar confrontaciones directas con Washington. “Seguramente no va a dejar de persistir en enviar mensajes por debajo a la administración norteamericana intentando vender concesiones”.

“El principal problema de Ortega se llama Marco Rubio”, advierte Sáenz, al referirse a la influencia en la política hacia Nicaragua del exsenador y ahora Secretario de Estado estadounidense. Rubio ha sido uno de los principales impulsores de las sanciones y medidas legislativas contra el régimen sandinista.

Chamorro dice conocer las estrategias de Ortega pues en dos ocasiones lo ha tenido enfrente en mesas de negociaciones. “Va a tratar de ganar tiempo, poner sobre la mesa temas que solo a él le interesan, poner excusas, hacer concesiones menores, devolver alguna propiedad a inversionistas norteamericanos, pero no va a soltar el poder así, tan fácilmente”.

Sin embargo, esa estrategia tiene riesgos. Está quedando aislado. “El problema de estar solo es que te volvés más visible”, afirma Chamorro.

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