Ante la amenaza de una crisis energética más severa, los habaneros exploran distintas estrategias para sobrellevar los prolongados apagones y la falta de combustible. Mientras algunos comenzaron a almacenar carbón para cocinar, y, quienes pudieron permitírselo, instalaron paneles solares en sus hogares.
En los márgenes de una carretera al sureste de la capital, se multiplican los vendedores de carbón vegetal y braseros hechos con materiales reciclados. “Ya todos sabemos lo que viene. No hay combustible, así que hay que buscar otras opciones”, comentó Niurbis Lamothe, de 53 años, tras adquirir una cocina artesanal.
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El precio de una bolsa de carbón, que ronda los 2.600 pesos (unos USD 5,25), representa cerca de la mitad del salario medio en Cuba, lo que convierte a este recurso en la opción más accesible para muchas familias que no pueden invertir en generadores o baterías. “Con esto al menos puedo cocinar todos los días”, resume una madre joven, mientras carga el saco en su moto eléctrica.
El comerciante Yurisnel Agosto habló con la agencia AFP y señaló que la demanda se disparó en las últimas semanas: “Antes el carbón era para restaurantes, ahora la mayoría lo compra para la casa. Muchos se llevan tres o cuatro sacos para estar listos cuando falte la luz”.
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La situación económica de la isla se deterioró notablemente, con desabastecimiento de productos básicos y una contracción del PIB del 5% en 2025, según el Centro de Estudios de la Economía Cubana.

Muchos cubanos buscan readaptarse a la situación actual y recurren a alternativas como los paneles solares. A su vez, algunos recuerdan el “período especial” vivido tras la caída de la Unión Soviética en 1991, que dejó al país sin su principal sostén económico.
Desde el año 2000, Venezuela, bajo el liderazgo de Hugo Chávez, se convirtió en el principal proveedor de petróleo para la isla. Sin embargo, la captura del ex dictador Nicolás Maduro el pasado 3 de enero durante una operación militar estadounidense encendió las alarmas en Cuba, que ya enfrentaba dificultades para cubrir la mitad de sus necesidades eléctricas.
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La instalación de paneles solares se convirtió en una solución creciente para muchos hogares e instituciones. Desde que la dictadura facilitó la importación de estos sistemas en 2024, proliferaron las empresas dedicadas a este sector.
“La gente está desesperada por resolver”, explicó Reinier Hernández, dueño de una empresa privada de instalación solar que experimenta una demanda sin precedentes. Su equipo, compuesto por una veintena de empleados, trabaja sin descanso para atender los pedidos.
Obreros instalaron paneles en techos de viviendas y centros sociales; en el barrio habanero de Guanabacoa, por ejemplo, una brigada colocó 12 paneles en el hogar para ancianos administrado por la Iglesia católica.
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Gracias a esta inversión —recaudada con donaciones y que ascendió a 7.000 dólares—, las religiosas podrán garantizar la preparación de comida para unas 80 personas. “Sin electricidad no teníamos otra forma”, explica la hermana Gertrudis Abreu, responsable del comedor social.

La economía cubana experimentó una contracción cercana al 5% en 2025, según estimaciones del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), dependiente de la Universidad de La Habana. Con este retroceso, la isla acumula ya tres años consecutivos de caída y una contracción superior al 15% desde 2020, lo que refleja un patrón de estancamiento estructural que el propio informe califica como resultado de un “modelo económico agotado”.
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Por su parte, el régimen cubano no publicó cifras oficiales definitivas para 2025, aunque el dictador Miguel Díaz-Canel admitió recientemente una caída del 4% en los tres primeros trimestres del año. La diferencia con el cálculo del CEEC reveló la falta de transparencia en la gestión de datos económicos, incluso cuando provienen de instituciones estatales.
La crisis energética es identificada como el “eje de arrastre sobre el resto de sectores”. La generación eléctrica disminuyó un 13,7% interanual, afectada principalmente por el “envejecimiento de las termoeléctricas”, muchas de ellas construidas con tecnología soviética en los años sesenta y setenta.
El estado del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) es calificado de “crítico”, marcado por apagones recurrentes que paralizan la actividad productiva y agravan la precariedad cotidiana de los cubanos.
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(Con información de AFP)
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