
En una ceremonia cargada de simbolismo político, el ministro de Exteriores de Polonia, Radoslaw Sikorski, entregó este martes el Premio de Solidaridad Lech Walesa a Berta Soler, líder del movimiento opositor cubano Damas de Blanco. El acto, celebrado en Miami, puso nuevamente bajo los reflectores internacionales la represión en la isla y la situación de los más de mil presos políticos que, según organizaciones independientes, permanecen en cárceles cubanas.
El galardón, dotado con un millón de eslotis polacos (unos 273.400 dólares), se otorga a quienes “al luchar por la solidaridad y la democracia, cambian el curso de la historia”, explicó Sikorski. Para Soler, el premio es también un reconocimiento a “los 66 años de lucha contra la tiranía comunista de Cuba” y un impulso a los fondos de ayuda para los presos políticos. “Parte del mismo será destinado para reforzar los fondos de ayuda para los presos políticos cubanos y de las Damas de Blanco”, dijo la activista en un mensaje en video.
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El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, estuvo presente en la ceremonia y aprovechó el escenario para denunciar la represión en la isla. “Es más fácil ser crítico de un régimen, como muchos de nosotros lo somos, en las redes sociales y en comunicados de prensa; es mucho más difícil confrontarlo en persona con consecuencias reales en tu vida diaria”, señaló. Rubio, que agradeció también a Polonia por su compromiso con la causa de la libertad: “No hay ninguno en el mundo que haya sido más útil, más firme y más alineado con nosotros, incluyendo en relación con Cuba, que el Gobierno de Polonia”.
No es casualidad que el premio lleve el nombre de Lech Walesa, líder sindical que desafió al comunismo en Polonia y terminó presidiendo el país tras la caída del régimen.
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El movimiento de las Damas de Blanco nació en 2003, en plena “Primavera Negra”, cuando 75 disidentes y periodistas independientes fueron encarcelados en Cuba. Las esposas, madres y familiares de los detenidos comenzaron a marchar cada domingo vestidas de blanco tras asistir a misa en La Habana, exigiendo su liberación. Con el tiempo, esas caminatas se convirtieron en uno de los símbolos más visibles de la disidencia cubana. En 2005, el Parlamento Europeo les otorgó el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia.

Desde entonces, las integrantes del movimiento han enfrentado hostigamiento, golpizas y arrestos breves de forma recurrente. Soler, que asumió el liderazgo tras la muerte de su fundadora Laura Pollán en 2011, ha sido detenida decenas de veces. “En las cárceles de Cuba hay más de 1.000 presos políticos”, denunció ahora, precisando que la mayoría fueron encarcelados tras las protestas masivas del 11 de julio de 2021.
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Esas manifestaciones, las mayores en más de seis décadas, sacudieron al país en medio de apagones, escasez de alimentos y la crisis sanitaria por la pandemia de COVID-19. El gobierno respondió con una represión fulminante: miles fueron detenidos y, según Human Rights Watch, centenares enfrentaron juicios sumarios sin garantías procesales. Amnistía Internacional también ha documentado “un patrón de detenciones arbitrarias, amenazas y hostigamiento contra quienes se atreven a criticar al gobierno”.
La crisis política está íntimamente ligada a un deterioro económico sin precedentes. La inflación se disparó, la producción agrícola colapsó y el país enfrenta una aguda escasez de medicinas, combustible y alimentos básicos. El éxodo migratorio refleja la magnitud del malestar: más de 400.000 cubanos llegaron a Estados Unidos en los últimos dos años, según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP).
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El descontento ha calado incluso en sectores tradicionalmente controlados por el régimen. En agosto, cortes eléctricos prolongados en La Habana y en provincias del oriente provocaron protestas espontáneas en barrios obreros. El dictador Miguel Díaz-Canel culpó a las sanciones estadounidenses, pero para muchos cubanos la explicación resulta insuficiente frente a un modelo económico incapaz de garantizar lo básico.
En ese contexto, el reconocimiento internacional a las Damas de Blanco adquiere una dimensión política más amplia. No solo visibiliza la represión interna, sino que también refuerza la presión diplomática sobre La Habana. Polonia, miembro de la Unión Europea y la OTAN, envía así un mensaje de solidaridad que conecta su propia memoria histórica con la realidad cubana.
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Para Estados Unidos, el apoyo a la disidencia cubana es también parte de una estrategia más amplia en la región. Para La Casa Blanca la libertad en Cuba sigue siendo una causa pendiente del hemisferio. Washington ha mantenido sanciones contra altos funcionarios cubanos y sigue exigiendo la liberación de los detenidos tras las protestas de 2021.
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