
El presidente de Israel, Isaac Herzog, mantuvo una conversación telefónica con el patriarca latino Pierbattista Pizzaballa para expresarle su pesar por lo que describió como un “desafortunado incidente” ocurrido durante la celebración del Domingo de Ramos. En esa llamada, Herzog explicó que la decisión de impedir al cardenal acceder a la iglesia del Santo Sepulcro respondió a motivos de seguridad ante la amenaza de ataques con misiles provenientes de Irán en los últimos días y resaltó el compromiso del Estado israelí con la libertad religiosa para todas las confesiones, así como con el mantenimiento del statu quo en los lugares sagrados de Jerusalén. A pesar de estas declaraciones, la acción desencadenó una oleada de críticas internacionales y una renovada discusión sobre las acusaciones de restricciones por parte del gobierno israelí a actividades religiosas de comunidades distintas a la judía en la ciudad.
Según consignó el medio Europa Press, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, defendió la decisión de la Policía de bloquear el ingreso de Pizzaballa al Santo Sepulcro durante la misa del Domingo de Ramos. Netanyahu sostuvo, a través de un comunicado emitido por su oficina, que la determinación obedeció exclusivamente a criterios de protección en medio de la guerra que involucra a Irán. El primer ministro aseguró que las fuerzas de seguridad buscan evitar riesgos para los fieles de todas las religiones, por lo que se solicitó de manera temporal que no acudan a los lugares sagrados de la Ciudad Vieja a fin de resguardar su integridad física.
De acuerdo con Europa Press, Netanyahu explicó que Israel actúa tras recientes ataques de Irán con misiles, los cuales, según el mandatario, impactaron lugares cercanos a los sitios religiosos de Jerusalén. Por esta razón, señaló que “por especial preocupación por su seguridad, la policía de Jerusalén impidió que el Patriarca Latino celebrara misa esta mañana”. El mandatario rechazó que esta decisión obedeciera a animosidad alguna, enfatizando que tanto el cardenal como su comitiva se encontraban en riesgo objetivo y que el objetivo era su protección y la de todos los presentes.
El medio también reportó que Irán ha negado que su ofensiva tenga como blanco los templos de Jerusalén, asegurando que sus acciones responden a represalias contra posiciones militares israelíes y estadounidenses en la región.
Frente a la importancia de la Semana Santa para la comunidad cristiana, Netanyahu anunció que las agencias de seguridad de Israel se encuentran elaborando “planes especiales” para permitir que los líderes religiosos puedan acceder a los lugares sagrados de la ciudad en los próximos días. La promesa del gobierno consiste en garantizar funciones religiosas, aunque el calendario esté marcado por un clima de tensión derivado del conflicto con Irán.
El incidente desató reacciones dentro del propio parlamento israelí. El diputado árabe-israelí Ayman Odeh manifestó su inconformidad con la actuación policial, argumentando que la misa de Domingo de Ramos no incumplía la normativa vigente, que prohíbe congregaciones de más de cincuenta personas. Odeh sostuvo que existió una coordinación previa entre el Patriarcado Latino y las autoridades israelíes, y que no se preveía la llegada de feligreses en grandes cantidades al evento. El legislador presentó una queja formal ante el ministro de Defensa, denunciando lo sucedido como una “grave violación de la libertad de culto y del statu quo en Jerusalén”. Para Odeh, el episodio ilustra un cambio de políticas en torno al acceso a los lugares sagrados y cuestionó al gobierno por supuestamente aprovechar el contexto de la guerra para modificar la realidad en Jerusalén Este.
En la misiva elevada a las autoridades, Odeh exigió que el gobierno brinde explicaciones precisas y subrayó la demanda de “pleno acceso y la completa libertad de culto para todas las religiones”. Según informó Europa Press, la controversia también se inscribe en un contexto de señalamientos recurrentes por parte de comunidades cristianas y musulmanas sobre restricciones al libre ejercicio de sus prácticas religiosas en Jerusalén.
Las autoridades israelíes insisten en que la prioridad actual sigue siendo la seguridad, especialmente después de que, según la versión oficial, “misiles iraníes cayeron en la zona de la Ciudad Vieja de Jerusalén”. Ante estas circunstancias, el gobierno mantiene en vigor medidas preventivas de acceso restringido a templos, aunque reconoce la trascendencia de las ceremonias religiosas durante la Semana Santa y anuncia la elaboración de alternativas que aseguren el desarrollo de los ritos cristianos.
El cardenal Pierbattista Pizzaballa, como líder de la Iglesia Católica de Jerusalén, asumía la presidencia de la misa de Domingo de Ramos en uno de los lugares más emblemáticos del Cristianismo, lo que incrementó la visibilidad internacional del incidente y generó reacciones tanto en el ámbito diplomático como en el religioso. Europa Press recogió reacciones de múltiples actores y recordó que las restricciones al acceso a lugares sagrados se han convertido en motivo de preocupación para diversas organizaciones y gobiernos, que monitorean el desarrollo de los acontecimientos en Jerusalén en medio de la escalada de tensiones regionales.
Las respuestas oficiales buscan tranquilizar tanto a la comunidad cristiana local como a los peregrinos internacionales, dentro de la complejidad de la seguridad en la zona y la presencia de amenazas latentes. El gobierno israelí sostiene su compromiso con la libertad de culto y el respeto a la pluralidad religiosa en la ciudad, mientras persisten posiciones enfrentadas tanto en el ámbito político local como en el debate internacional sobre la gestión de los lugares sagrados en Jerusalén.
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