
En el contexto global, más de una de cada ocho personas es considerada refugiada o migrante, dato que, según detalló la Organización Mundial de la Salud (OMS), subraya la magnitud del fenómeno de movilidad humana y la necesidad de adaptar los sistemas de salud. De acuerdo con la OMS, un estudio realizado en 93 Estados miembro reveló que más de 60 de estos países ya han implementado mejoras en la atención sanitaria de estos grupos, integrándolos en leyes y políticas nacionales de salud conforme al Plan de Acción Mundial de la OMS. Tal como informó la organización, estos avances representan cerca de dos tercios de las naciones analizadas e ilustran un cambio en la aplicación de políticas inclusivas.
Según publicó la OMS, el director general, doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, enfatizó que los sistemas de salud solo alcanzan verdadera universalidad cuando se prestan servicios a toda la población. Ghebreyesus afirmó: "Los refugiados y los migrantes no solo reciben atención de salud, sino que también trabajan en estos servicios, cuidan de otras personas y son personas de referencia dentro de su entorno". El funcionario subrayó que los resultados del estudio demuestran que la inclusión de estos colectivos "beneficia a toda la sociedad y refuerza la preparación frente a futuros retos de la salud pública". La OMS calificó los avances recogidos en el informe como signos alentadores de la evolución en políticas sanitarias orientadas a la inclusión de refugiados y migrantes.
El estudio de la OMS identificó diversas buenas prácticas pioneras en diferentes países. Entre ellas figura la ampliación de la cobertura de seguro de salud para migrantes en Tailandia, un programa de mediación intercultural adoptado en Bélgica, y la inclusión de representantes de comunidades migrantes en la toma de decisiones sobre la prestación de atención primaria en Chile. Estas iniciativas han sido destacadas por su capacidad para mejorar el acceso y la calidad en la atención sanitaria ofrecida a estos colectivos.
No obstante, la OMS también identificó numerosos desafíos. Según reportó el organismo, muchos refugiados y migrantes afrontan serios obstáculos para acceder a los servicios sanitarios en los países de destino. Estas dificultades se suman a una mayor vulnerabilidad frente a enfermedades infecciosas y crónicas, problemas de salud mental y situaciones laborales o de vida marcadas por la precariedad y la inseguridad. El informe señala que destinar recursos a la salud de refugiados y migrantes genera beneficios a largo plazo, al facilitar su integración social y económica e incrementar la resiliencia frente a emergencias sanitarias.
Otras barreras detectadas en el informe de la OMS incluyen la limitada formación del personal sanitario para adecuar su atención a diferentes realidades culturales. Menos del 40 por ciento de los países ha impartido capacitación específica en este sentido, mientras solo el 30 por ciento ha desarrollado campañas formales de comunicación para combatir estigmas, percepciones inexactas y la discriminación asociada con la salud de migrantes y refugiados. Según consignó la OMS, apenas el 37 por ciento de los países recolecta, analiza y divulga periódicamente datos sanitarios desglosados por condición migratoria, y solo el 42 por ciento incluye sistemáticamente a estos grupos en sus planes de preparación ante emergencias y desastres.
Dentro de los refugiados, se observa una situación de mayor acceso a servicios de salud que en el caso de grupos como migrantes en situación irregular, desplazados internos, trabajadores migrantes y estudiantes internacionales, para quienes la cobertura sanitaria resulta mucho menos uniforme. Las desigualdades de acceso persisten especialmente en estos subgrupos, como evidenció el análisis presentado por la OMS.
En respuesta a estas brechas, la OMS clama por políticas que incorporen de manera integral a refugiados y migrantes en estrategias y planes nacionales de salud, así como por una mejor coordinación intersectorial, incluyendo áreas como vivienda, educación, empleo y protección social. También recomienda el fortalecimiento de la participación de estas comunidades en la planificación y gestión de servicios, la formación continua de los equipos sanitarios para promover una atención justa y el esfuerzo sostenido para evitar retrocesos mediante la garantía y expansión de la financiación dedicada.
El informe de la OMS destaca que invertir en la salud de refugiados y migrantes no solo refuerza la seguridad sanitaria mundial, sino que reduce los costes a largo plazo y favorece la integración plena de estas personas en la sociedad, permitiendo que contribuyan al bienestar general. Estas acciones, según la organización, resultan fundamentales para afrontar con mayor solidez los desafíos derivados de la movilidad humana contemporánea.
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