El presidente de Irán ve en la muerte de Jamenei una "declaración de guerra" contra el mundo musulmán

El mandatario iraní acusa a Estados Unidos e Israel de provocar una grave crisis regional tras la muerte del líder supremo, promete represalias y destaca el deber de responder, mientras voces chiíes piden unidad frente al ataque

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El gran ayatolá iraquí Alí al Sistani ha instado a Irán a preservar su unidad nacional ante lo que calificó como un intento de los enemigos de dañar al país tras el asesinato de su líder supremo. En declaraciones reproducidas por la radiotelevisión estatal IRIB y recogidas por varios medios internacionales, Al Sistani expresó sus condolencias por la muerte de Jamenei a la vez que condenó la operación en la que, según la administración iraní, participaron Estados Unidos e Israel. En palabras del dignatario religioso: “Solo puedo esperar de este país que mantenga la unidad y la cohesión nacionales en estas difíciles y delicadas circunstancias y no permita que los agresores logren sus siniestros objetivos”. La conmoción provocada por este suceso ha generado una oleada de mensajes de solidaridad en el ámbito chií, así como llamados a la calma y a la resistencia frente a lo que líderes religiosos consideran una agresión extranjera.

Según informó la radiotelevisión estatal IRIB, el presidente de Irán, Masud Pezeshkian, condenó enérgicamente la muerte del ayatolá Alí Jamenei durante una intervención en la que calificó el ataque como una “declaración de guerra abierta” contra el mundo musulmán. Pezeshkian aseguró que la desaparición del líder supremo constituye la “mayor aflicción del mundo islámico actual” y remarcó que la República Islámica no pasará por alto el ataque por parte “del siniestro eje estadounidense-sionista”, en referencia directa a Estados Unidos e Israel. “El asesinato del más alto funcionario político de la República Islámica de Irán, líder y autoridad prominente del mundo chií por parte del siniestro eje estadounidense-sionista se considera una declaración de guerra abierta contra los musulmanes, especialmente los chiíes, en todo el mundo”, comunicó Pezeshkian, según consignó IRIB.

El mandatario, que ahora encabeza un gobierno provisional compuesto por tres personas como máximo representante político tras la muerte de Jamenei, enfatizó que existe un deber legítimo de responder. El medio IRIB detalló que Pezeshkian advirtió sobre las posibles represalias: “La República Islámica de Irán considera el derramamiento de sangre y la venganza contra los perpetradores y comandantes de este crimen histórico como su legítimo deber y derecho, y cumplirá con esta gran responsabilidad y deber con todas sus fuerzas”. Las declaraciones del presidente iraní reflejan el grado de tensión política y social que atraviesa Irán tras el ataque a su máxima autoridad.

De acuerdo con IRIB, la operación conjunta que resultó en la muerte de Jamenei se produjo el sábado en Teherán y fue atribuida por las autoridades nacionales a la colaboración de fuerzas estadounidenses e israelíes. Este suceso ha generado inquietud tanto a nivel interno como entre los países de la región, al considerar que podría agudizar la actual crisis y provocar una escalada de violencia en Oriente Próximo. Diversos sectores han manifestado su preocupación ante el riesgo de polarización social e institucional en un momento que consideran especialmente delicado.

El incidente ha puesto en primer plano las tensiones históricas entre Irán y referentes occidentales, especialmente Estados Unidos e Israel. Según reportó IRIB, se espera que la República Islámica adopte medidas de represalia en respuesta a la muerte de su principal figura política y religiosa. Desde la proclamación de la República Islámica en 1979, ningún ataque dirigido contra un alto perfil del liderazgo político y religioso de Irán había generado un nivel equivalente de conmoción y llamado a la acción por parte de sus autoridades.

El fallecimiento de Jamenei en estas circunstancias ha reconfigurado el panorama político interno de Irán. Según los mensajes transmitidos por el gobierno provisional a través de medios oficiales, el liderazgo nacional considera que la cohesión y la unidad frente a la adversidad serán esenciales en la etapa siguiente. Las voces dentro del clero y la dirigencia han reiterado la importancia de mantener la estabilidad y evitar acciones que puedan debilitar la posición del país en el ámbito internacional frente a lo que denominaron “enemigos” del Estado iraní.

Las consecuencias del ataque se perfilan como un elemento central de la agenda política y diplomática del país en las próximas semanas. Medios oficiales iraníes como IRIB han subrayado que las protestas contra la operación militar conjunta y las muestras de respaldo a la familia de Jamenei crecen tanto en Teherán como en otras ciudades del país. El ambiente, según las fuentes oficiales, refleja un sentimiento de luto colectivo acompañado de preocupación e indignación.

El llamamiento a la unidad y resiliencia institucional protagoniza el debate nacional, mientras que los mensajes de figuras como Alí al Sistani cobran una relevancia singular dentro del escenario chií. Según publicó IRIB, el clérigo iraquí vinculó la muerte del ayatolá al objetivo de las potencias extranjeras de desestabilizar Irán mediante “el martirio”, instando a la población a evitar que tales intentos prosperen.

En este contexto, la incertidumbre persiste en torno a los posibles pasos que dará el gobierno provisional en materia de política exterior y defensa. Tal como difundió IRIB, tanto el liderazgo civil como el religioso remarcan que la decisión de no dejar el crimen sin respuesta se encuentra enmarcada en el deber y el derecho internacional a la legítima defensa. La situación permanece bajo estrecho seguimiento por parte de la comunidad internacional, atentos a las acciones que pueda adoptar Irán tras la muerte de su líder supremo, mientras continúan los pronunciamientos y declaraciones que buscan sentar postura respecto al conflicto iniciado a raíz de este suceso.