El 42% de fondos Next Generation sigue sin ejecutarse en la UE a pocos meses de su finalización, según Coface

A pocos meses del cierre del programa, permanecen sin utilizar 270.000 millones de euros destinados a superar la crisis pospandemia en la Unión Europea, advirtió Coface, quienes alertan sobre riesgos para el crecimiento y la transformación estructural del bloque

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Varios países miembros de la Unión Europea, entre ellos España, han optado por rechazar parte de los préstamos ofrecidos a través del programa Next Generation EU, respaldados en parte por la mejora de sus respectivas calificaciones crediticias y el análisis de las condiciones del mercado financiero. Esta decisión refleja un escenario en el que los gobiernos analizan la conveniencia de acceder a estos fondos frente a opciones alternativas de financiación, según consignó el medio Europa Press. A la par, persiste una cifra elevada de fondos sin gastar: el 42% del presupuesto total del fondo permanece sin aplicación a pocos meses de su fecha límite, lo que afecta a la recuperación y transformación económica de la región.

De acuerdo con lo detallado por Europa Press, el programa Next Generation EU se creó tras la pandemia de la Covid-19, con un total de 806.900 millones de euros para respaldo financiero y estructural del bloque comunitario. De ese monto, 650.000 millones se dirigieron al Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR), cuyo propósito fue servir de motor financiero para proyectos relativos a la transición ecológica, digital, y reformas en sectores clave para la modernización económica de la Unión Europea. Sin embargo, a pesar de la magnitud de los recursos asignados y a menos de dos años para el cierre del programa (finales de 2026), expertos de Coface advierten que 270.000 millones de euros permanecen pendientes de desembolso.

Europa Press reportó que estos retrasos en la distribución y uso de los fondos están poniendo bajo amenaza la evolución económica del continente tanto en el presente como a mediano y largo plazo. Coface alertó que, de mantenerse esta tendencia, no solo el crecimiento económico inmediato resultará perjudicado, sino que también se verán afectadas reformas estructurales cuya aplicación podría generar un valor añadido destacado para la región.

Europa Press explicó que las previsiones iniciales de la Comisión Europea situaban el crecimiento económico del PIB de la Unión Europea en 1,5% para 2025 y 1,4% para 2026. Coface estima que, en un escenario donde los fondos estuvieran ejecutados en su totalidad, el crecimiento anual promedio durante la década 2020-2030 habría sido un 0,4% más alto. Sin embargo, la inercia actual muestra que este potencial está lejos de concretarse. Mientras algunos países como Grecia, Croacia, Italia y Portugal han mostrado mayor agilidad en la utilización de los recursos disponibles, la perspectiva continental apunta a un impacto general más limitado sobre la economía europea.

El análisis realizado por Coface, citado por Europa Press, atribuye los atrasos a factores como las trabas administrativas, la limitada capacidad de ejecución de diversos gobiernos locales y la volatilidad política en varios Estados miembros. La incertidumbre derivada de la guerra en Ucrania, la inflación persistente y la crisis energética han obligado a rediseñar proyectos y prioridades en varios países, lo que ha ralentizado tanto la aprobación como el despliegue efectivo de los fondos. Además, Europa Press destaca que las condiciones asociadas a la entrega de los fondos —en particular reformas que suelen encontrar resistencia social— han conducido en algunos casos a demoras o renegociaciones, como sucedió en España e Italia.

En relación con la estrategia adoptada por el gobierno español, Europa Press señaló que el Ejecutivo ha decidido renunciar a 67.000 millones de euros de los 83.000 millones ofrecidos en préstamos, al considerar que las condiciones en los mercados de crédito resultan más favorables que las que proporciona el propio programa comunitario.

Mirando al futuro posterior a 2026, Europa Press informa que la conclusión del Next Generation EU dejará un vacío parcial en la financiación de proyectos orientados a la reconstrucción y reforma económica, aunque instrumentos como los préstamos SAFE del programa Readiness 2030 aspiran a cubrir parte de esa demanda. Estos instrumentos, dirigidos principalmente al sector de la defensa, movilizarán 150.000 millones de euros entre 2026 y 2030, pero su alcance será más limitado tanto en sectores cubiertos como en impacto estructural general, en comparación con los objetivos multifacéticos del Next Generation EU.

El diseño del Next Generation EU establecía una serie de requisitos para el desembolso de los fondos, incluidos hitos y reformas de carácter estructural que suponían, en muchos casos, la aprobación de cambios legislativos o administrativos complejos. Europa Press subraya que la dificultad para cumplir con estos compromisos ha sido uno de los factores determinantes en la lentitud de ejecución observada en algunos países.

La asignación de recursos del Next Generation EU priorizó inversiones en áreas como la digitalización, la transición ecológica y la modernización de infraestructuras, con la intención de favorecer la competitividad y resiliencia de la economía europea a largo plazo. Sin embargo, la proximidad del cierre del programa ha llevado a que, de acuerdo con Coface, muchos gobiernos prioricen proyectos que se consideran más sencillos en su ejecución, en detrimento de reformas de mayor complejidad pero con potencial transformador profundo. Según el análisis de Coface citado por Europa Press, esta preferencia responde a la presión temporal y a los obstáculos operativos encontrados.

El informe indica que, ante el riesgo de perder recursos no utilizados al llegar la fecha límite, los Estados miembros han optado en ocasiones por acelerar la aprobación de iniciativas cuya puesta en marcha resulta menos exigente desde el punto de vista administrativo o político. Aunque esto puede facilitar la absorción de fondos a corto plazo, afecta de modo negativo a las perspectivas de transformación estructural esperadas originalmente.

En el contexto de la gestión de estos fondos, tanto Europa Press como Coface subrayan que la combinación de factores externos —como los vaivenes geopolíticos y la situación macroeconómica global— ha condicionado las prioridades y capacidades de los países miembros, provocando revisiones sucesivas en los planes nacionales de recuperación.

Finalmente, Europa Press indica que la finalización del Next Generation EU y las alternativas que siguen en el horizonte presentan nuevos retos para la Unión Europea, especialmente en lo referente a la continuidad de políticas de recuperación y modernización adaptadas a las transformaciones económicas, digitales y medioambientales.