Miguel Coyula, cineasta cubano: “Mientras siga el Gobierno actual, el diálogo es sordo”

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Juan Carlos Espinosa

La Habana, 18 ene (EFE).- El director cubano independiente Miguel Coyula habita en una contradicción absurda: Vive y filma sus multipremiadas películas en Cuba, pero para el Gobierno de la isla él no es cineasta y sus largometrajes, a efectos prácticos, no existen en el país.

Esa incoherencia puede explicar el nombre de su más reciente trabajo: Crónicas del absurdo. La cinta le acaba de hacer acreedor del galardón a Mejor documental en los premios Cinema Tropical de Nueva York, tras haber logrado el mayor reconocimiento del Festival Internacional de Cine Documental de Ámsterdam.

La obra es una recopilación de 10 años de “absurdo” en un formato atrevido y astuto a la vez. Una suerte de catarsis, como explica en entrevista a EFE el propio Coyula, cuyos trabajos solo puede proyectar en el salón de su casa en el céntrico barrio habanero del Vedado.

A lo largo de poco más de una hora, el realizador expone audios, grabados con un celular escondido, de distintas veces en las que él y su pareja, la actriz y escritora Lynn Cruz, han sido interrogados por las autoridades cubanas.

La intimidación y la censura parten de algo que también considera como una carta de presentación: ser independiente. El creador no forma parte del estatal Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Tampoco pretende serlo.

Cree en la independencia absoluta: “en contenidos y en formas”.  Es también por eso que marca su distancia de la Asamblea de Cineastas Cubanos (ACC), un colectivo creado en 2023 que ha buscado terminar con la censura en el sector a través de denuncias y foros con las autoridades.

“Siento que, mientras siga el gobierno actual, cualquier diálogo es sordo. Y sobre todo para el cine que a mí me interesa hacer. Nunca van a ceder. Yo digo que estamos en la Tierra por un tiempo bastante limitado, y es mejor aprovecharlo para crear en vez de ir a reuniones inútiles”, reflexiona.

 Un relato de audios

El relato es crudo. Es una denuncia que no requiere de la voz de un narrador o un recorrido para poner al espectador en contexto. Su intención es la de exponer la actuación del aparato estatal y de los círculos oficialistas del cine cubano.

El reto para Coyula, sin embargo, fue más bien técnico: ¿cómo hacer un documental usando solamente grabaciones de audio y subtítulos?

"No pensé que tenía suficiente material. Sobre todo, con un formato tan intrínsecamente anticinematográfico, si entendemos el cine como imágenes en movimiento", reconoce.

Coyula logró construir el relato emparejando los archivos de audio con imágenes de cuadros de la pintora cubana Antonia Eiriz. Usó las obras de la artista para representar los rostros de los burócratas que los interrogaban.

El ejercicio, sin embargo, fue también una prueba de ecuanimidad para Lynn Cruz. El documental expone momentos tensos para la actriz, como su expulsión de la agencia estatal de actores por expresar opiniones políticas en redes sociales; o su denuncia de negligencia médica en el tratamiento de su padre, que falleció en 2021.

“Es curioso porque uno sabe que tiene el teléfono (escondido), pero hay momentos en los que se te olvida porque la situación se vuelve tan burda. Es ridículo, pero al mismo tiempo es violento”, comenta Cruz a EFE.

El precio a pagar por ese cine 100 % independiente está reflejado en Crónicas del absurdo, pero también atraviesa la vida diaria de los artistas. La pareja está sometida al rechazo de los círculos oficiales de la academia y el arte en la isla.

“(Las autoridades) le dicen a quienes han querido que hagamos charlas en la universidad que ésta es una casa de gusanos”, cuenta Coyula. EFE

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