Las autoridades iraníes convocan una gran manifestación de apoyo en Teherán para el próximo lunes a mediodía

En medio de una escalada de violencia y decenas de víctimas mortales reportadas por ONG, el ejecutivo iraní moviliza a la población para rechazar lo que califica como actos de “terrorismo” y “conspiración extranjera” en la capital

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El ministerio público en Irán emitió un comunicado este sábado en el que acusa a los responsables de los últimos incidentes violentos de ser "criminales de guerra" y asegura que los procedimientos judiciales se realizarán "sin indulgencia, clemencia ni apaciguamiento". Esta declaración oficial coincide con la convocatoria para una manifestación masiva en Teherán, programada para el lunes a las 14:00 horas en la Plaza de la Revolución Islámica, en medio de una crisis caracterizada por una escalada de protestas, numerosas víctimas y un endurecimiento del discurso del Ejecutivo iraní. Según consignó la agencia semioficial Tasnim, la concentración busca manifestar públicamente el rechazo a lo que las autoridades denominan "acciones de alborotadores y terroristas armados".

De acuerdo con información difundida por el medio citado, la movilización popular llega después de casi siete días de protestas y enfrentamientos, desencadenados inicialmente por la caída del rial, la moneda nacional. Este episodio financiero derivó en disturbios que se han intensificado y han dado lugar a episodios de violencia y represión, con más de 60 personas muertas según reportes de organizaciones no gubernamentales. El ejecutivo iraní reitera que detrás del estallido social existe una "conspiración extranjera", a la que identifica como liderada por Estados Unidos e Israel, y acusa a estos países de buscar la desestabilización interna.

El país ha experimentado en los últimos días una alternancia entre marchas de apoyo al Gobierno y nuevas manifestaciones de descontento al anochecer, lo que demuestra la volatilidad del clima social. Manifestaciones diurnas en respaldo a las autoridades han sido reemplazadas repetidamente por protestas y disturbios nocturnos, de acuerdo con la información difundida por Tasnim y recogida por otras agencias internacionales.

La fiscalía subrayó que los fiscales nacionales tendrán la responsabilidad de "presentar cargos con pausa pero sin demora", así como de "preparar el juicio y actuar con decisión contra quienes, traicionando a la nación y creando inseguridad, buscan la dominación extranjera del país". Esta postura supone la promesa de castigos ejemplares para los acusados de participar en las recientes alteraciones del orden público, mientras el ejecutivo endurece su retórica y su accionar frente a la situación.

Según detalló la agencia Tasnim, la convocatoria oficial para el lunes responde al propósito de escenificar una muestra de fuerza y cohesión de los sectores leales al régimen, en un contexto en que se intensifican las denuncias de injerencia internacional y se señala a agentes externos como responsables de fomentar el caos. Entre tanto, la cifra de víctimas mortales aportada por ONG refuerza la gravedad del momento y la magnitud de la confrontación desatada desde la depreciación de la moneda, que ha impactado severamente en la economía doméstica y ha aumentado la tensión dentro del país.

El Gobierno, que en un primer momento pareció legitimar la protesta, ha cambiado su enfoque al atribuir el derramamiento de sangre a una supuesta injerencia extranjera. La caracterización de los disturbios como el resultado de operaciones dirigidas por potencias extranjeras marca un giro en la estrategia comunicativa oficial, según publicaron diversos medios iraníes.

La Plaza de la Revolución Islámica, seleccionada como epicentro de la manifestación convocada por las autoridades, ha sido escenario históricamente de actos políticos y reuniones multitudinarias. En esta ocasión, el Ejecutivo busca emplear este espacio simbólico para aglutinar a sus simpatizantes y demostrar capacidad de movilización frente a lo que sostiene es una "campaña desestabilizadora" orquestada desde el extranjero.

La presión de la población, sumada al deterioro económico marcado por la abrupta caída del rial, ha propiciado la aparición de manifestaciones masivas, tanto de apoyo como de oposición, mostrando la división social existente. Tasnim remarcó que las marchas de respaldo se organizan durante el día, pero al atardecer surgen nuevamente expresiones de malestar y actos de violencia, aumentando la tensión en la capital iraní y otras zonas del país.

Las muertes durante las protestas, recopiladas por organizaciones no gubernamentales, han dado lugar a reclamos de investigación y exigencias de responsabilidad, mientras la Fiscalía General insiste en la gravedad de los actos cometidos y la necesidad de actuar "sin demora" y con "decisión", acorde a lo publicado por la agencia semioficial.

La respuesta gubernamental incluye el llamado explícito a la participación ciudadana en las concentraciones, así como la promoción de una narrativa en la que predominan las acusaciones hacia enemigos externos. En este contexto, las autoridades buscan consolidar su legitimidad y revertir la percepción de aislamiento, mostrando músculo político frente a los disturbios y la protesta social.

A lo largo de esta semana, la alternancia de marchas oficiales y protestas antigubernamentales crea una dinámica de conflicto persistente, sin señales claras de resolución, mientras el Ejecutivo iraní continúa recurriendo a la movilización popular y a la judicialización de la protesta como principales estrategias de contención y respuesta ante los desafíos actuales.