
En el comunicado emitido por el Ministerio de Seguridad de Burkina Faso, se destacó que una parte significativa de la financiación utilizada para el presunto plan de desestabilización procedía de Costa de Marfil. De acuerdo con declaraciones transmitidas por la cadena pública RTB y recogidas por el Ministerio de Seguridad a través de redes sociales, las autoridades burkinesas continúan las operaciones para arrestar a otros sospechosos y desarticular las redes relacionadas con este complot. La noticia principal gira en torno a la acusación dirigida al expresidente de transición, Paul-Henri Sandaogo Damiba, señalado como el principal responsable en la organización de este intento de desestabilización, que incluía el asesinato del presidente de la junta militar, Ibrahim Traoré, y de otros altos funcionarios civiles y militares.
Según informó RTB, el ministro de Seguridad, Mahamadou Sana, confirmó la desarticulación de este plan, describiendo que se trataba del enésimo intento de desestabilizar el país. Sana explicó que el complot tenía como objetivo “asesinar a autoridades civiles y militares, comenzando por la neutralización del camarada Ibrahim Traoré”. El ministro detalló en la citada entrevista televisiva que, tras el asesinato de Traoré, el esquema contemplaba una intervención militar terrestre por parte de fuerzas extranjeras, aunque no especificó cuáles serían esos actores.
El medio RTB consignó que Damiba, quien encabezó la transición política en Burkina Faso tras el golpe anterior a Traoré, fue acusado por el ministro de haber sido el artífice del plan. Según las autoridades, Damiba habría concebido y organizado las operaciones, movilizado los recursos financieros y reclutado tanto a civiles como a militares para la ejecución del complot. Sana aseguró que los militares implicados tenían como tarea reclutar y organizar a otros militares y formar grupos destinados a acciones específicas, mientras que la parte civil debía movilizar a la población y a sus seguidores para respaldar la acción militar cuando esta se desencadenara.
Según reportó la RTB, el ministro afirmó además que aquellas personas identificadas como responsables serán llevadas ante la Fiscalía y procesadas conforme a la legislación vigente. También hizo hincapié en que la situación “está bajo control” y solicitó a la ciudadanía mantener la calma. Sana elogió las manifestaciones que tuvieron lugar en la capital, Uagadugú, la noche del sábado, cuando grupos de ciudadanos se congregaron cerca del Palacio Presidencial para mostrar su apoyo a Traoré, en medio de rumores sobre un posible golpe de Estado que, hasta ese momento, no había recibido respuesta oficial de las autoridades.
RTB incluyó fragmentos en los que Sana subrayó que el respaldo popular evidenciaba la determinación de la población a continuar con lo que denominó la “marcha irreversible de la liberación de Burkina Faso de las cadenas del imperialismo”. El ministro aprovechó para llamar a la “unidad nacional, cohesión social y vigilancia” como elementos clave para reforzar la lucha contra la influencia extranjera en el país.
Según recordaron medios locales, el gobierno actual de Burkina Faso, encabezado por la junta militar que asumió tras la asonada de septiembre de 2022, ya había anunciado en abril de 2025 la desarticulación de un gran complot destinado, según sus palabras, a “sembrar el caos total” en territorio burkinés. Entonces, atribuyó la autoría intelectual de ese intento a actores ubicados en Costa de Marfil y reiteró acusaciones previas contra ese país vecino por brindar refugio a disidentes y opositores.
En el plano diplomático y regional, reportó RTB, el gobierno burkinés ha mostrado un alejamiento progresivo de Francia, su tradicional socio en cuestiones de seguridad y cooperación. Al mismo tiempo, el ejecutivo militar ha intensificado los vínculos con Rusia y ha fortalecido la cooperación con los gobiernos militares de Níger y Malí para conformar la Alianza de Estados del Sahel (AES). El objetivo declarado de esta alianza es mejorar la colaboración en materia de seguridad ante el desafío persistente que representan los atentados yihadistas en la región.
La situación política y de seguridad en Burkina Faso se ha caracterizado por una sucesión de tensiones, golpes e intentos de derrocamiento, así como por una lucha continua contra grupos armados que operan en la zona del Sahel. Según las referencias incluidas en la cobertura de RTB, la conjura frustrada constituye otro episodio en una coyuntura marcada por la inestabilidad y las amenazas tanto internas como externas, sumando nuevas dimensiones a los retos que enfrenta el ejecutivo de Traoré.