Brasil defiende que "hubo un problema", pero no "un fallo" tras la irrupción de manifestantes en la COP30

Autoridades implementaron ajustes inmediatos en organización y seguridad de la COP30 tras demandas de Naciones Unidas, que urgieron corregir deficiencias y proteger a delegaciones luego del ingreso masivo de manifestantes y problemas en servicios durante la apertura

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La respuesta inmediata de las autoridades brasileñas ante la irrupción de aproximadamente 150 manifestantes y los problemas iniciales en servicios de infraestructura durante la apertura de la COP30 en Belém se vio impulsada por una carta formal enviada por Simon Stiell, secretario ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC). Según reportó Folha, este documento instó al gobierno de Brasil a corregir deficiencias tanto en seguridad como en la calidad de las instalaciones para la protección y bienestar de las delegaciones internacionales, lo que precipitó una revisión y reajuste urgente en los operativos logísticos, técnicos y de control.

De acuerdo con la información publicada por Folha, la presencia de cerca de 25.000 asistentes en los 150.000 metros cuadrados del recinto durante los primeros días provocó una fuerte presión sobre los recursos y evidenció vulnerabilidades en la gestión del evento. El ingreso masivo de manifestantes perjudicó varias instalaciones, al tiempo que se presentaron fallas en la provisión de servicios elementales, factores que expusieron debilidades en los sistemas de control y protección empleados hasta ese momento por el comité organizador.

El medio consignó que la misiva de Naciones Unidas subrayó la urgencia de adoptar medidas correctivas para garantizar la integridad y seguridad de los participantes en la cumbre, resaltando incidentes que incluyeron problemas con el suministro de agua en los baños, deficiencias en el sistema de aire acondicionado, y episodios de inundaciones en ciertos sectores del predio. Estos inconvenientes generaron molestias y afectaron la salud de algunos de los presentes, lo que generó preocupación entre los organizadores y los representantes diplomáticos internacionales.

Valter Correia, secretario extraordinario para la COP30 en la Casa Civil de la Presidencia de Brasil, explicó a Folha que la utilización intensiva de las instalaciones durante la apertura hizo evidentes diversas limitaciones logísticas y técnicas. Correia afirmó que “se reconoció que hubo un problema. Que hubo un fallo, no”, diferenciando entre una sobrecarga coyuntural y fallas estructurales en la planificación del evento. Las autoridades federales y estatales, junto con la empresa privada encargada de la seguridad, llevaron a cabo una evaluación interna tras los incidentes, lo que derivó en un refuerzo inmediato del contingente militar en el perímetro del pabellón principal y una redistribución de las funciones estratégicas de vigilancia y control.

Siguiendo las directrices de Naciones Unidas y las observaciones recogidas localmente, se duplicaron los camiones cisterna para asegurar un suministro ininterrumpido de agua y se optimizó el sistema de aire acondicionado, especialmente en las áreas con mayor tránsito de personas. Además, los protocolos de protección en torno a las instalaciones centrales se ajustaron para incrementar la eficacia de las medidas de seguridad. Folha indicó que estas acciones surgieron tanto de las recomendaciones de la ONU como de las evaluaciones internas del comité organizador.

El medio brasileño destacó que la revisión de los procedimientos abarcó no solo aspectos de seguridad, sino también detalles técnicos esenciales para el buen funcionamiento del evento. Las autoridades implementaron criterios más rigurosos para el mantenimiento y la operación de los sistemas instalados, con la intención de reducir la probabilidad de interrupciones y optimizar la climatización general del recinto a fin de afrontar las altas temperaturas características de la región amazónica.

Durante la semana posterior al incidente, Folha documentó una colaboración estrecha entre los equipos brasileños de logística y los representantes de Naciones Unidas. Esta cooperación buscaba restablecer la normalidad y asegurar que las sesiones y actividades contempladas en la agenda se desenvolvieran conforme a los parámetros previstos. Voceros de la organización internacional y de las fuerzas de seguridad consultados por el medio aseguraron que la situación presentó mejoras progresivas, contribuyendo a recuperar la confianza entre los delegados y asistentes.

Correia expresó a Folha la relevancia de mantener una vigilancia continua y adoptar ajustes inmediatos frente a las observaciones tanto del comité organizador como de los organismos internacionales. El propósito de estas adaptaciones era responder directamente a los requerimientos planteados por la ONU y mitigar el riesgo de que los trastornos registrados al inicio pudieran prolongarse a lo largo de la cumbre.

La actualización de los protocolos internos de seguridad, prevención y respuesta involucró una mejor coordinación entre los equipos organizadores, las fuerzas federales y estatales, y la empresa privada de vigilancia, según detalló Folha. Este proceso permitió establecer un sistema más robusto y ágil, reduciendo la probabilidad de que se repitan situaciones similares durante el resto del evento y en futuras ediciones.

El periódico brasileño consignó que las intervenciones implementadas abarcaron un amplio espectro de mejoras, desde el reajuste de criterios técnicos en los sistemas de agua y aire acondicionado hasta el reforzamiento de la seguridad perimetral. Las autoridades reafirmaron su disposición a mantener la colaboración con Naciones Unidas y demás organismos internacionales, con el objetivo de perfeccionar de manera continua la capacidad de respuesta y la atención a delegaciones extranjeras en próximos eventos globales.

Según Folha, la interacción efectiva entre los diversos niveles de gobierno y la empresa de seguridad privada resultó fundamental para devolver la confianza y la estabilidad tanto a los participantes como a los expertos internacionales congregados en la COP30. Una vez implementadas las medidas correctivas, las actividades programadas pudieron continuar su desarrollo dentro de un entorno de mayor control y previsibilidad.

La experiencia en Belém evidenció el grado de exigencia enfrentado por los países anfitriones de grandes cumbres. El medio reflexionó que la reacción rápida y la capacidad de adaptación demostraron la importancia de protocolos flexibles para hacer frente a circunstancias inesperadas y proteger los objetivos fundamentales de este tipo de encuentros. Las fuentes consultadas por Folha anticiparon que las lecciones aprendidas a raíz de este episodio se integrarán en la organización de futuros eventos internacionales en Brasil, fortaleciendo las prácticas logísticas y las estrategias de prevención mediante una cooperación más estrecha con Naciones Unidas y las delegaciones asistentes.